Eslovaquia 12

En un principio no era mi intención incluir en “sabinoelviajero.com” los pequeños viajes hechos por España y por los países europeos más conocidos, dado que estos están a la altura de cualquier viajero. Me decidió, el hecho de pensar que alguna fotografía pudiera ser un documento de interés para algún seguidor de la web

Septiembre de 2012

Entré por segunda vez en Eslovaquia, cuyo tamaño equivale a una novena parte de España, a través de Austria por una sencilla y antigua carretera que comunica Viena con Bratislava. Así se evita el peaje de un tramo de autopista, se reducen kilómetros y puede uno tomarse una cerveza en el pueblecito de Hainburg. Bueno, el caso es que para recorrer el país y poder utilizar alguna vez una autopista, es necesario pagar un mínimo de 10 Euros y poner la pegatina en el parabrisas.

Crucé el Danubio y, sin entrar en Bratislava, tomé dirección nordeste hacia los Cárpatos Occidentales y fui remontando el río Vah, que proviene de los mencionados montes y vierte al Danubio, contemplando los sanos bosques de coníferas, las fortalezas medievales sobre las colinas de sus orillas y comprobando el poco carisma de los pueblos por donde pasaba. Tras unos 200 Km llegué a Zilina tras pasar por Trnava y Trencin de poco interés turístico.

La renta por habitante es inferior a la mitad de la de España, no obstante no conocen la mendicidad; todo el mundo tiene alojamiento, alimentos, médicos, medicinas, enseñanza, etc. etc. Forman parte del grupo de países que ocupan el número uno del mundo en la lista de índices de pobreza y que, en su caso es de 0,000. Creo que se debe a que han seguido fielmente el espíritu del primer socialismo europeo, pues con un paro del 14% no se comprende esto.

Por otra parte, hay bloques de viviendas de la época comunista que tienen un aspecto tétrico y desconchado que deberían ser restaurados. Los hoteles del país son aquellos viejos tan básicos, de la etapa comunista, que han sido no muy bien restaurados y que todavía presentan un aspecto austero, con alfombras, cortinas y muebles pasados de moda, mal decorados y con niveles de limpieza no muy altos. Todavía funcionan los trolebuses, en no muy buen estado, tan característicos de los países del bloque soviético.

Tras Zilina, seguí conduciendo por el norte del país, vertiente occidental de los Cárpatos, pasando por Martin y Ruzomberok, disfrutando de la vista de los montes y conduciendo entre los bosques de coníferas. Esta última ciudad es una auténtica joya para el turista pues tiene su casco antiguo o centro histórico muy bien restaurado y cuidado. Recorrí las instalaciones de deportes de invierno de los Cárpatos y pasé una noche más para luego descender, siguiendo el río Horn, por Banska hacia Nitra, pasando por Zvolen, para llegar a Bratislava vía Trnava.

El país tiene 5,5 millones de habitantes de los que Bratislava apenas alberga medio. Usan el euro. Los hombres viven hasta los 72 y las mujeres hasta los 79. Eslovacos casi en su totalidad y con el eslovaco como única lengua oficial. Trigo, maíz, remolacha, patatas, etc. son sus productos agrícolas y hierro, plomo y antimonio sus minerales, junto con un poco de gas y petróleo que no cubre sus necesidades. Exportan vehículos, material electrónico y productos químicos y tienen un médico por cada trescientos habitantes.

Visitar Bratislava es un placer: su centro histórico, encantador y muy bien restaurado, es el lugar donde encontrarse con su historia y descubrir su arquitectura. Puede uno pasarse horas recorriendo el sinnúmero de calles y preciosas plazas que componen ese conjunto histórico. A su lado, el Danubio se presenta amplio y caudaloso por los deshielos. Por otra parte, sus orillas no parecen estar tan cuidadas como el mencionado casco antiguo. Dentro de este último hay teatros, basílicas, catedrales, palacios, ayuntamiento y su plaza, puertas de entrada a la ciudad medieval, etc. Como dije anteriormente, un verdadero placer.

Volví a cruzar el puente sobre el Danubio…para pasar a Hungría.

Hasta otra.