Argelia-Argel-Orán 06

Abril de 2006

La República de Argelia es un país de grandes dimensiones cuya superficie es cinco veces mayor que la de España, aunque su población de 37,5 millones es inferior a la nuestra dado que hay grandes extensiones de desierto y áreas sin apenas población. No había regresado a este país desde la Nochevieja del año 76, lo que quiere decir que han pasado décadas. La capital, Argel, tiene ahora 1,7 millones y una aglomeración urbana que se acerca a los 4 millones. Siguen empleando el dinar argelino y teniendo al presidente Bouteflika en el poder desde el año 99.

Fue colonia francesa hasta 1962 y dirigida, a partir de entonces, por el Frente de Liberación Nacional, partido que ha estado siempre en el poder y que ha afianzado la paz en el país, interrumpida, de tarde en tarde, por grupos fundamentalistas que han causado muertes y secuestros. La población es un 75% árabe y un 25% bereber. El árabe es la lengua oficial pero se habla también francés y bereber. Son sunitas prácticamente el 100%. El PIB por habitante es de 5.700 dólares y como referencia el de España es cinco veces mayor.

Las extracciones de petróleo y gas son de impresionantes dimensiones, sobre todo las de este último. Un oleoducto de gran diámetro lleva a España todo el gas que pudiera necesitar y, además, barcos especiales transportan, también a España, propano líquido (LPG) en importantes cantidades. Explotan minas de hierro, plomo, fosfatos, manganeso, etc. La gente tiene un móvil por habitante, lo que no deja de ser paradójico en un país con una renta tan baja por habitante.

Hay un altísimo porcentaje de analfabetismo, un 28%, lo que no encaja con un Frente de Liberación Nacional que se las da de socialista y que se supone debe velar por el desarrollo del país. Solamente hay 1,2 médicos por cada mil habitantes, lo que supone menos del tercio de los que tiene España. No todos los pueblos tienen agua potable.

Cuando por primera vez visité Argelia, como antes dije, a finales del 76, Marruecos y este país ya no eran amigos: había surgido el tema del Polisario; así que cruzar esa frontera, con la tartana de Seat 124 que traje de España, fue todo un ejemplo de paciencia y sabiduría…aquí ya eran socialistas por lo que hicieron falta más papeles y más copias…frontera de paso difícil. Entonces la población era de solo 12 millones, ahora se acercan a los 38, así que se han multiplicado por tres. Las familias musulmanas suelen tener de 6 hijos para arriba.

Entonces era un tranquilo y feliz país sunita que vivía en paz y que, año tras año, mejoraba su nivel de vida; el turista se sentía tranquilo, feliz y bien recibido. Después de años convulsos en los que los fundamentalistas han golpeado de forma cruel a los locales y a los visitantes, todo ha empeorado; el viajero se lo piensa antes de venir y el gobierno no se atreve, tampoco, a invitarle a hacerlo porque no puede darle todas las garantías de seguridad; así las cosas. En mi caso, fue necesario esperar casi un mes para conseguir mi visado, lo que supuso aportar las reservas de los vuelos, más las reservas de hoteles, más una carta de cada hotel responsabilizándose de mi visita...impresos, fotos…todo por duplicado, etc.

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La conducción por sus carreteras es muy peligrosa pues saltan constantemente de un carril a otro sin más. Pocas veces se mantienen en el que toca, normalmente van a caballo entre dos. Por otra parte, el parque de vehículos es muy viejo y hay muchos vehículos parados por avería en los arcenes. Golpes sin arreglar, sin parabrisas; auténticas tartanas sucias y sin pintar. El peatón se juega la vida pues o no hay pasos de cebra o los que hay están tan borrosos que no se ven; claro que utilizarlos es un riesgo mortal porque no paran y ni siquiera hacen el gesto de intentarlo.

La capital ha mejorado, pero sigue sin interés arquitectónico, simplemente se ha hecho más grande y más peligrosa. Tocan el claxon por cualquier motivo. Se ve la influencia francesa en los edificios viejos, que son los mejores o los únicos decentes. Lo malo es que hay barrios en los que en las fachadas cuelgan la colada a secar y entonces toman el aire de barriada napolitana. No vi ni un solo turista, así que me miraban como a un extraño. Recuerdo que en el hotel pregunté a qué hora empezaba el desayuno y al decirme que a las 5 de la mañana y ver ellos mi cara de sorpresa, me calmaron diciéndome: hombre no se preocupe que después dura hasta casi las 8 que cierra el restaurante…Por cierto, como buen país musulmán, no tienen bacón en el desayuno. Como sunitas tienen su primera oración una hora antes de la salida del sol, así que imagino que después desayunan. Sobre las 9 de la noche ya se oyen los cánticos de algunas mezquitas llamando a la última oración y después a dormir…pero mucho antes ya no se ve un alma por la calle.

Estuve dos noches en el hotel El Djazair, especie de palacete de mediados del siglo XIX, que tiene preciosos arabescos, baldosines, mosaicos, arcos y arcones, fuentes, jardines…El miedo a un atentado es tan grande que, en el hotel, hay que pasar por el arco de seguridad a cada instante; clásico como él solo, la música de fondo siempre ha sido, y a cualquier hora del día, tangos y más tangos; algunos de ellos típicos de un viejo almacén porteño.

La Basílica de Nuestra Señora de África, católica y francesa, está situada sobre una alta colina, casi a las afueras de la ciudad y bien merece la pena su visita. Para ello, tras llegar al pie de la colina, se toma un teleférico que necesita solo 3 minutos para llegar a ella. El coste, como siempre, es muy barato: 0,20 euros ida y vuelta. Desde su explanada se observan preciosas vistas sobre la ciudad, el puerto y el Mediterráneo. Su construcción, en piedra arenisca, es agradable y cuidada.

Un trabajador cobra 250 euros al mes. Todo es muy barato; por un vaso grande de leche y un trozo de tarta pagué solo medio euro. Contraté un taxista para hacer cerca de 1.200 km y dejé de discutir el precio cuando le hice bajar a 130 euros. Me parecía abusar; después supe que el precio de la gasolina es de 19 céntimos de euro por litro…así se entiende que sea tan barato. Al estar la gasolina al alcance del bolsillo, la gente tiene coche pero, lamentablemente, poco dinero, así que los coches son muy viejos.

Cambié, en un principio, 40 euros en dinares para taxis, comer algo y subir al mencionado teleférico, etc. y comprobé que no podía gastarlos fácilmente. Por un hermoso bocata, jugoso y sabroso, acompañado de una bebida y café, pagué 2 euros. Una carrera de taxi de media hora de duración no llega al euro, Se comprende que todo va a tenor del precio de la gasolina.

La actividad comienza a las 5 de la madrugada y a las 5.30 amanece, ahora estamos en el mes de abril, (aquí una hora menos que en España). Las medidas de seguridad en los lugares oficiales, hoteles, bancos etc. son impresionantes y debe pasarse el arco que detecta metales. Me ha parecido haber oído hablar más bereber que árabe. Todos chapurrean algo de francés que han aprendido en el colegio de primaria y secundaria.

He huido de mostrar en mi reportaje fotográfico el mal estado de las calles, salvo una pequeña zona cuidada del centro de la capital, donde está correos, los bancos y las tiendas caras. Tampoco muestro los desastres que he visto en los pueblos y ciudades de la costa mediterránea, en los que hay un aire decrépito en la edificación pues no existe mantenimiento ni cuidado alguno.

La mujer, más avanzada que en muchos países musulmanes, dista mucho de la tunecina o, simplemente, de la iraquí. La religión y la poca permisividad de los hombres hacen que la mujer se mantenga así. Las leyes suelen ser más tolerantes que las tradiciones impuestas por los hombres del país. Así tenemos el caso de Afganistán donde, tras la marcha de los talibanes, nada cambió para la mujer en el país pues quedaron los “no talibanes” que tampoco permitieron cambios en la mujer. La forma de vestirse las mujeres de aquí depende, más bien, de la familia a la que pertenecen; a veces son los padres los tiranos y no los novios o los maridos. En las fotos pueden verse las distintas ropas que utilizan. A veces he visto chicas muy jóvenes, estudiantes de secundaria, vestidas como lo hacen en los pueblos es decir, de negro de arriba abajo. Los chicos jóvenes visten, generalmente, a la europea mientras que ellas lo hacen según la tradición y que es lo que ellos quieren para que sus formas corporales no las contemplen los demás hombres…

La única edificación decente que tienen es la francesa, construida durante los años de la dominación. Lamentablemente no la han conservado bien y se ve, salvo algún que otro rincón, muy abandonada. En las calles principales y en las avenidas arboladas también se ve la mano de los arquitectos franceses. Entonces se construía mejor que ahora; por otra parte aunque los edificios no tienen más allá de 4 pisos, pues no tienen ascensor, son altos y con carácter señorial pues se ve que entre plantas hay fácilmente 4 metros de altura, lo que hace que luzcan más los balcones, las ventanas, las persianas, etc.

El gobierno, para evitar atentados terroristas en los que se secuestra a los extranjeros para mayor sensacionalismo, ha decidido dificultar la entrada de turistas exigiéndoles un visado muy difícil de conseguir y, por otra parte, de lenta tramitación. Ahora, cuando prácticamente no hay turistas, parece haber menos atentados y no se producen secuestros. El presidente, Bouteflika, lleva ya unos 16 años en el poder y, a pesar de haber sufrido un ictus, que le ha marcado muchísimo, el pueblo sigue dándole un 80% de los votos. La gente es muy tradicionalista; se la ve bastante feliz y conformista con su pobreza. Solamente una pequeña zona, a unos 100 km de Argel, no está del todo feliz: La Cabilia, que sigue pidiendo su independencia o autonomía por tratarse de una población eminentemente bereber.

Uno de los taxistas que tuve por la ciudad, un chico de unos 30 años, me decía estar casado y tener ya tres hijos; cuando le dije, más o menos, que si estaba loco, se echó a reír y me dijo que no, que iba a tener al menos cinco…el problema no es solo cultural o tradicional o religioso, no, es más bien la falta de responsabilidad. El chico nunca pensó qué haría su mujer si él faltara o quedara sin trabajo. Ningún país, a menos que sea inmensamente rico, puede soportar este incremento de población tan brutal. ¿Cómo crear tantos puestos de trabajo anualmente? La solución siempre es la misma: mantener o reducir su renta anual ya que ha de ser repartida cada vez entre más gente. No basta para nada el gas ni el petróleo que tienen, a pesar de exportar casi su totalidad, no, hay que pensar que están obligados a importar casi todo puesto que es muy poco lo que son capaces de fabricar o producir ellos mismos. Por cierto, los billetes, salvo los de mil dinares que son casi nuevos, los demás son auténticos pellejos grasientos y malolientes que se deshacen en la mano y que da asco manejarlos.

El edificio central de correos de Argel, hecho por los franceses, es una maravilla arquitectónica. Se trata de una gran sala, sin columna alguna, con una gigantesca pero exquisita bóveda árabe, cuidadosamente trabajada y decorada con arabescos, apoyada solo por muros arqueados y columnas talladas con verdaderas filigranas. Una verdadera obra de arte que no debe dejar de visitar el viajero.

El gobierno espera que un transporte barato ayude a desarrollar el país y mejore el confort de la gente, aunque no su calidad de vida, ni su enseñanza, ni su sanidad; todo ello de un coste que no se pueden permitir. La esperanza de vida es, por tanto, baja.

La mezquita de Ketchaoua, en Argel, está bajo una total restauración y no he podido visitarla. La Rue Didouche Monrad es el centro de la actividad y está situada en una zona comercial agradable y debe también visitarse. La gruta de Cervantes no tiene interés alguno. La Alcazaba y el Palais du Rais ya los había visitado anteriormente.

Recorrí la zona norte del país acompañado, casi siempre, de una calima propia del lugar debido a la humedad y las altas temperaturas. Pasé por el Atlas argelino, con poca visibilidad, que tiene menos esplendor y menos altura que el marroquí, dejando a un lado algunos de los lugares del centro y desierto visitados en el 76. Contraté a Yal, taxista simpático y soltero empedernido; duro de pelar a la hora de discutir precios y condiciones, pero bueno como compañía para reírnos sobre todo cuanto nos ocurría en las carreteras y en los pueblos por donde nos perdíamos. Por 130 euros recorrimos unos 1.200 km. Cuando salíamos de Argel le pregunté si llevaba un mapa y me contestó que no hacía falta, que lo llevaba en la cabeza…y por supuesto que nos perdimos muchas veces. Fuimos por el norte recorriendo pueblos, ciudades, puertos pesqueros, ruinas romanas, cruces de montañas, zonas cultivadas, bosques, lagos, etc. La franja costera es la que lleva el peso y desarrollo de la agricultura, además de ganado como ovejas, cabras, etc. Hay, en esa costa norte, múltiples puertos pesqueros como los de Mestghanem, Beni-Saf, Timpaza, etc., además de los grandes puertos de Argel y Orán.

Pasábamos calor porque él, pesetero como solterón que era, apenas ponía el aire acondicionado para no gastar más gasolina. Tan pronto me distraía lo apagaba. La conducción era muy peligrosa debido a la irresponsabilidad que caracteriza a los argelinos: ¡siempre conducen entre dos carriles! Olvidaba decir que, al igual que en otros países musulmanes, los viernes está todo cerrado y los sábados por la mañana también. Por supuesto, el domingo es un día laborable.

Se ven, paralelamente al Mediterráneo, extensos campos de cultivo pero no muy bien cuidados ni con productos de primera calidad. Los plásticos que cubren algunas plantaciones dan un horrible aspecto al lugar. Como productos suyos tienen: manzanas, que son muy pequeñas, de formas raras y sin mucho sabor; las naranjas bastante secas, los pimientos y judías tiernas son feos, delgados y arrugados. En fin, deberían aprender de los maravillosos productos de su vecino Marruecos. En el campo se ven higueras, almendros, huertos con cítricos, etc. árboles no tan cuidados como los españoles ni tampoco como los marroquíes. También se ven huertos con fresas y otros árboles frutales como perales, plataneros, palmeras, etc. También citaría la viña, que la tienen en abundancia, olivos y algunos cedros. Los bosques del Atlas suelen ser de coníferas. El aceite de oliva que producen no basta para sus necesidades y, además, es muy caro para ellos por lo que utilizan en la cocina aceite vegetal. Hay buenos higos secos, que a veces los ponen en aceite de oliva, buena miel, buen pan, buenos croisants…en fin, influencia francesa debida a los años de colonización.

He visto bastantes construcciones hechas con una especie de bloque de arenisca, tipo el marés de Baleares o de Malta, pero también se ve mucho ladrillo cerámico que dejan visto ya que apenas llueve y no tienen humedad; eso sí, resulta feísimo pues parece que las casas no están acabadas. Me he detenido a ver sus pequeños puertos pesqueros mediterráneos, todavía muy auténticos, y contemplar su actividad y sus ancestrales equipos. Curiosamente, he podido comprobar que los judíos, que forman una diminuta parte de la población del país, se llevan muy bien con todos ellos y viceversa.

Volví a visitar algunas ruinas romanas, cerca del mar, como las de Timpaza y Cherchel, las que siguen poco cuidadas y con poca o mala restauración. Mazoua, Blisa, Chesell, Mostagán, son algunos de los pueblos que atravesamos. El calor me ha castigado, llegando la temperatura a 33 grados a la sombra. Tuve un día muy cubierto en el que apenas hice fotografías. También atravesé, en un par de ocasiones, las verdes montañas del Atlas argelino, con bosques y algún que otro lago con pájaros, al igual que he visto en las torres de los pueblos cigüeñas en sus nidos. No he visto un solo mosquito, pero si muchas moscas. En algunos rincones de pueblos y ciudades se ven preciosos mosaicos, antiguos y bien trabajados, balcones árabes, arabescos, arcos, columnas y alguna que otra bóveda árabe.

En Orán, ciudad mucho más pequeña que Argel, siguen viéndose edificaciones de la época francesa en estado de abandono y con aspecto decrépito. No obstante yo diría que esta ciudad, no tan moderna como Argel, tiene más carisma y resulta más entrañable. También en ella hay influencia española pues aquí estuvimos durante 300 años que arrancaron a mediados del siglo XVI. Construimos iglesias y fuertes para defendernos de los ataques turcos. Resulta sorprendente ver como por calles con edificios sin pintar, balcones con ropa colgada a secar, desconchándose ventanas y cornisas, aparecen unos flamantes tranvías que tienen aspecto totalmente europeo. La catedral del Sagrado Corazón, horrible y sucia, para no variar, ha sido convertida en biblioteca pública. No he querido hacer fotografías de los rincones cutres, que son muchos.

Se observan familias enteras de malíes o malienses agarenos venidos aquí huyendo de los ataques islamistas sufridos en su país. También en las calles se ve gente vestida al estilo marroquí y alguna que otra familia judía. Todo el mundo ha sido muy amable y hospitalario conmigo deseando siempre complacerme y orgullosos de poder hablarme en francés pues pienso creían que yo era francés. El puerto de Orán, de buenas dimensiones, tiene tinglados que yo creo no fueron pintados tras mi visita en el 76. Por supuesto subí nuevamente al famoso fuerte español, llamado Sta. Cruz, construido sobre la cima de una colina que hay al lado del puerto y desde la que se observan: la ciudad, los otros fuertes de la zona, el puerto y el mar Mediterráneo. Visité el puerto pesquero donde los fétidos olores invitaban bien al vómito o bien a largarse inmediatamente. En un rincón del mismo había una pequeña cantina y unos marineros, que estaban haciendo pez espada a la brasa, me invitaron; lo cierto es que el olor era bueno y acepté la invitación pues tenía hambre; el sabor era fresco pero la piel era mucho más áspera que la del mismo pescado en España; también acompañaron las rodajas con unas aceitunas de su país puestas en aceite y muy picantes por lo que tuve que acompañarlas con trozos de pan de la buena baguette francesa que tienen por aquí.

Los chicos van con chicos y las chicas con chicas. Como aquí las mujeres solo entienden de relaciones serias y los chicos no siempre se las pueden permitir, bien por su edad o por sus posibilidades, se ven muchas parejas de chicos riéndose, haciéndose fotos mutuamente con sus móviles, jugando, etc. eso no es raro en su mundo. Es más, en países árabes como Egipto, y otros muchos, ellos van cogidos de la mano por la calle y, por supuesto, se besan en la mejilla. En cualquier caso, soltero o casado, el hombre separa totalmente sus amigos de su pareja o mujer; son dos mundos distintos en los que ella ni aparece en pantalla. Es recíproco. . Todo ello tiene un aire parecido al “camarada” en la época fascista europea.

En todos los bares que entré no vi ni una sola mujer, ni siquiera trabajando. En estos países musulmanes el hombre tiene un comportamiento totalmente distinto cuando está con hombres del que tiene cuando hay presente alguna mujer. Nadie bebe alcohol, ni siquiera “cerveza sin” así que sorprende ver que en una comida formal haya sobre la mesa coca cola o, lo que es peor, una de esas horribles bebidas tipo fanta. El hombre parece más feliz cuando está con otros hombres. A pesar de la pobreza no he visto gente pidiendo por la calle ni nadie incordiándo para venderme algo.

Da pena no ver turistas que bien podrían aportar divisas a este país tan necesitado de ellas. Pero sí se ven bares con nombres que hacen referencia al Barça y hasta chicos por la calle llevando camisetas chulas de Messi. Cuando dejaba Argelia, un enorme grupo de hombres y mujeres, vestidos con túnicas blancas, embarcaban en peregrinación a la Meca.


Hasta otra.