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Vanuatu

 Mayo de 1998

 GENERALIDADES: Se trata un país formado por un montón de pequeñas islas, típicas por estos parajes, de las que sólo unas pocas están escasamente pobladas. La población total es de 150.000 habitantes repartidos o diseminados entre 40 islitas y a lo largo de la friolera de 900 km. ¡algo increíble!

 Son de formación volcánica, jóvenes, accidentadas, altas, muy montañosas, etc.,  y tiemblan, debido a los movimientos sísmicos, cada tres por cuatro, pero no pasa nada, ni siquiera a las casas, pues son de madera y aguantan la vibración. Yo viví dos movimientos: uno de ellos estaba en la cama y noté que se movía durante unos segundos, el otro estaba de pie. Al principio me preocupé, pues pensé que era yo a quien le pasaba algo. Después lo comenté a mi “chofer” y me dijo que ocurría casi todos los días. Tienen algunos volcanes en constante erupción... Pero no importa: el país es verde y precioso.

 La vegetación es de una gran belleza, me recuerda las islas Cook: palmeras cocoteras, pándano, flamboyanes, etc. Se vuelve más densa hacia el interior y en el caso de la isla Efate hacia el este: lianas, bananos, orquídeas salvajes, etc. Todo se apelotona y se cubre con enredadera. En las zonas de labor hay papayas, mangos, pomelos, bananeros, etc.

 Hay muchas flores por doquier: frangipanis, hibiscus, buganvillas de muchos colores y otros árboles con flores, como los del fuego, arbustos con toda clase de flores, etc.

 Lo que más me encantó fue la gente: dulce, encantadora, hospitalaria, honesta, etc. Me parecía que estaba en la Polinesia y no en la Melanesia. Tengo que decir que al melanesio, de raza negroide, se le podría denominar el africano del Pacífico. Tienen un cuerpo fuerte, piel oscura y cabellos crespos. En ocasiones su piel puede ser algo más clara o cobriza. Todavía queda mucho totemismo y yo los consideraría animistas pues todavía creen en tabúes y hechicerías. Durante la 28 Guerra Mundial tomaban por dioses a los cargueros que les traían comida. Es el día de hoy en el que todavía creen que alguno de aquellos cargueros eran auténticos dioses.

 Existen grandes extensiones de arrecife de coral en los que hay mucha vida submarina. La temperatura es bastante agradable durante todo el año: unos 25° C.

 Todo resulta caro debido a la alta y falsa paridad de su moneda oficial el Vatu con las demás divisas. Suelen hacerlo los países pobres para sacar divisas a los ricos visitantes o turistas.

 Algo que caracteriza a estas islas, al igual que las  Salomón, es que se ven muchos negros rubios. En ocasiones son albinos. La verdad es que resulta chocante ver un negro rubio; casi diría que no me gusta pues resulta raro.

 No veo más pájaros que el martín pescador y otro que podría ser el Indian Minor Bird, de patas, pico y ojos amarillos, con alas blancas y color marrón oscuro. Este país es un gran comedor de zorros voladores y de murciélagos en general. Los suelen cocer al vino blanco. Los comí una vez y me gustaron.

 Las pocas islas que tienen población: Efate, (la isla capital), Espíritu Santo, Pentecostés y Erromanga, viven de la agricultura: copra, bananas, chirimoyas, madera y cacao. No hay industria alguna, por lo que el país es muy pobre, aunque, tengo que decir, no pasan hambre y no practican la mendicidad.

 Hablan el Pitgin inglés y el Bislama, que es una lengua melanesia. En la actualidad forma parte de la Commonwealth ya que fueron redescubiertos por el capitán Cook y colonizados por Inglaterra. Tiene un sistema democrático desde 1991.

 La capital, Port Vila, tiene unos 20.000 habitantes y es un pueblecito dulce que  tiene un mini puerto muy agradable y un aire africano-colonial.

 Como el maldito tiempo no me quiso ayudar, no viajé a las islas de Santo y de Tana que habría sido mi ilusión. Así tendré una disculpa para volver a este precioso archipiélago.

 A lo largo de las carreteras que he recorrido con mi chofer y su "cacharro", y que han sido muchas, he visto plantaciones de mandioca, ñame, batata, taro, etc. He contemplado, algo muy habitual en la Melanesia, mujeres jugando al fútbol. Están por todas partes. Hay que decir que lo hacen muy bien, eso sí, algunas sin sujetador y con muchas tetas.

 Los hombres, siguiendo sus ritos tradicionales, se reúnen todos los días, al acabar su trabajo, en unos lugares exclusivamente para ellos. En esos sitios se ponen a beber kava, que es una especie de mate argentino, hecho con la planta del mismo nombre.

 Entre las frutas que más me han gustado destacaría: las chirimoyas, el Corosol (chirimoya más grande y menos dulce), la sandía y los fantásticos pomelos. Tanto la piña tropical escarchada como el plátano frito en guarnición  eran excelentes.

 Por lo general en la Melanesia las mujeres son más responsables que los hombres, los cuales  se comportan como niños.

 El problema de estas preciosas islas de Melanesia es que el cielo siempre está algo cubierto. El sol sale un poquito, después llueve un poquito y, finalmente, se cubre todo. A continuación vuelta a empezar... y así 2.000 veces al día ¡que pena de fotografías!  

 Me llamaron la atención las siguientes cosas: la cascada de Mele, la punta del diablo, los típicos y gigantescos árboles Bagnan y Napanga, formados por muchas lianas, y el ver que mucha gente no trabaja y se queda en su choza. Así es: algunos hombres se van a pescar un rato, toman algo de comida del huerto, que tienen detrás de la choza, y se acabó el trabajo... el resto del tiempo a charlar con los amigos o a estar echados a la sombra que es el deporte nacional. La cabaña está hecha de hoja de palmera cocotera y de caña de azúcar. La estructura no es más que cuatro palos unidos con lianas.

 Los melanesios odian a los australianos a los que llaman de forma despectiva los "rubios". Los australianos son, en esta parte del mundo, los poderosos, los ricos y los superman. Ver las islas desde el aire es un verdadero placer: el color del agua de las lagunas, la vegetación, los arrecifes etc. De su gastronomía destacaría: el zorro volador, el caplap que es un plato a base de mandioca, taro, verduras y salda de coco y el Nalo, que lleva pollo, ñame y taro. Se tatúan la cara y antebrazos.

 El área que recuerdo más exuberante fue la del Este de las islas Efate. Hacía tiempo que no veía una jungla así y tan agresiva. Me llamó la atención la cantidad de manglares que hay.

 Como la flota de la compañía aérea de Vanuatu, Van Air, está compuesta por un sólo avión y éste se estropeó, tuve que buscarme la vida para salir de la isla con una avionetilla de Marshall Air, otra compañía parecida, cuyo avión tenía aire de caerse ya mismo.

 Me acerqué a las islas Emao, Guna, Mosso, etc. Todas ellas tiene muy poca vegetación y no se ve ni un pájaro.  He tenido que hacer fotos sin Sol así que el reportaje no puede ser gran cosa.

 A los nativos les gusta trabajar la madera y esculpirla, es un oficio que  pasa de padres a hijos.

 Las islas fueron descubiertas por Pedro de Quirós, que salió de Perú allá por el 1600 pero  no quiso quedarse y más tarde el capitán Cook las conquistó para Inglaterra. Casi todas las islas están formadas por un volcán, de unos 1000 m., situado, prácticamente, en el centro de las mismas. Entre ellas, el océano Pacífico con fosas de más de 8.000 m. de profundidad.

 Aún cuando creen más en hechicería que en otras cosas, los vanuatuenses son cristianos, en teoría, aunque les cueste ir a misa. Concretamente en la isla de Tana todos creen en un barco carguero llamado de John Frum.

 Exportan Copra, carne de vacuno, cacao, conchas, y madera. La renta per cápita anda por los 1.000 dólares US$

 Durante mi estancia  aquí compartí unas horas con unos españoles, funcionarios de la Comunidad Europea, que estaban destacados en Fiji y en Papúa. Uno de ellos se llamaba Juan Carlos Rey y era de origen mallorquín ¡Qué pequeño es el mundo! Fueron las únicas personas con las que hablé español en tres semanas que duró mi viaje.

 Dejé Vanuatu… pero con ganas de volver. Así que, ¡hasta pronto!

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