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Wallis y Futuna

 Noviembre de 2000


 Se trata de un par de archipiélagos-atolones-: WALLIS y FUTUNA, poblados por encantadores polinesios y formando parte del Territorio Francés de ultramar, junto con Nueva Caledonia y Tahití. La población total de las 2 islas es de unos 14.000 habitantes. La capital MATA­UTU, en WALLIS, tiene 1.000 habitantes.

 Desde hace casi 3 años ya tienen un banco, pero con ciertas limitaciones, pues no aceptan tarjetas como AMEX. Ahora bien, en el caso de FUTUNA ni siquiera hay un banco. Una persona, del banco de WALLIS, se desplaza dos días cada mes para ayudar un poco con el pago de pensiones y sueldos de los funcionarios. Si llega uno aquí sin dinero tiene que dormir en la playa.

 Al igual que en Tahití y Nueva Caledonia utilizan como moneda el franco del Pacífico cuya paridad con el franco francés es muy elevada y artificial con la finalidad de evitar que los australianos y americanos puedan entrar comercialmente en las islas. Ésta ha sido  la política de Francia en esta zona del Pacífico. Debido a ello una Coca-Cola o una postal cuestan el doble que en París.

 El hotelito en el que me alojé, el Albatros, tenía 4 habitaciones y era el mejor que había. Los dueños: un francés, antiguo piloto de CORSAIR, y una dulce señora polinesia de aquí, formaban una extraña pareja con una niña de 12 años. Como no hay ni autobuses ni taxis, alquilé uno de los 4 cochecitos que existen para alquilar en la isla. Un SUZUKI con tracción a las 4 ruedas y con aire acondicionado, pues el calor y la humedad del clima resultan sofocantes e insoportables. Sólo éramos 6 turistas en el hotelito.

 La gente local, NO LOS FRANCESES, son hospitalarios, extrovertidos, simpáticos, generosos, etc. Cuando  paseaba por la costa y charlaba con los pescadores éstos me daban pescado para llevar a casa. Un día, en el hotelito, comimos todos a base del pescado que me dieron los pescadores: Pescan siempre dentro de la laguna con pequeñas redes o bien bajan “a pulmón” a más de 10m de profundidad utilizando unas lanzas muy finas. Aquí todo es tan primitivo que las postales las hace  y vende el peluquero.

 Los polinesios de estas islas son gentes fuertes y grandotas, mayormente gordos; ellas son: guapas de cara, con un pelo larguísimo y precioso, orondas, con mucho culo y con poco pecho. Son gente sana y noble. Tienen un Rey que es el jefe de toda la isla. Él es quien da las tierras a sus súbditos para que construyan una casita. La iglesia católica, la única en el archipiélago, interesada en convertir a todos los habitantes, comenzó por decir que el Rey de la isla era también sagrado. De esta forma han apoyado siempre a la Iglesia Católica. Los nativos, más que creyentes son fanáticos: visten a Jesucristo con sus ropas, pagan sueldo, alojamiento y comida al cura, construyen iglesias con sus propios medios, tallan las figuras del altar, mantienen santos y cristos engalanados con flores por todos los rincones de la isla, etc. Son verdaderos fanáticos. Hay miles de iglesias, capillas y  cementerios engalanados con flores frescas por todas partes. Para colmo hay una enorme catedral y un Palacio Real, uno al lado del otro. He saludado al Rey pero no me atreví a fotografiarlo.

 Salvo 2 ó 3 colinas de unos 100 m de altura, que realmente son volcanes extinguidos, el resto de WALLIS es llano. Los cráteres de los volcanes están llenos de agua formando pequeños lagos. La vegetación es típicamente tropical: pándanos, mangos, bananos, flamboyanes, árboles del pan, cocoteros, papayas, pomelos, etc. La única riqueza radica en la cosecha de cocos y plátanos.

 Aunque el paro afecta a un elevado porcentaje de la población nativa de WALLIS, la gente se las arregla fácilmente para vivir: pescan más de lo que necesitan; tienen tubérculos como el ñame o el taro que crece fácilmente detrás de su casa y además tienen los cocos, los mangos, la papaya, etc., con lo que: para comer siempre tienen. En cuanto a la vivienda, dada la bonanza del clima, pueden vivir en una elemental cabaña hecha a base de ramas de palmera.

 Recorriendo la costa se ven zonas amplias de manglares y muchos pájaros como: fragatas, rabijuntos, cormoranes, garzas, etc. Ahora es la época lluviosa y llueve varias veces al día aunque, a continuación, sale el sol y calienta hasta sentirse uno asfixiado.

 Conduciendo por la isla hay que andar con mucho cuidado pues se tropieza uno constantemente con cerdos por todas partes: es un animal casi sagrado. Cuando sacrifican uno, el dueño invita a todos sus amigos y se lo comen entero. No guardan nada para otro día.

 Las carreteras están llenas de árboles y arbustos con flores a ambos lados. En ocasiones la vegetación es muy densa. La división entre las propiedades se hace con preciosos setos de flores: hibiscus, frangipanis, gardenias, etc. La conducción es muy agradable. Todo rezuma belleza, colorido y tranquilidad. Se ven pocos perros y pocos gatos.

 La isla de WALLIS, situada en medio del atolón tiene unos 12 Km., de Norte a Sur  y unos 6 de Este a Oeste. Tras 4 días recorriéndola, sin otra cosa que hacer, creo que no he dejado ni un metro cuadrado por visitar. Me ha encantado. No he podido saltar a FUTUNA, menos de la mitad de superficie y población que WALLIS, debido a que la avionetilla que hay entre las islas no iba muy bien y podía perder mi conexión con NOUMEA y AUCKLAND.

 Durante mi estancia coincidí con una celebración de bailes o danzas tribales. Las ejecutaron delante del Palacio Real y de la Catedral. Resultó interesante y con mucho encanto y colorido. Los franceses que viven aquí son algo menos chovinistas y arrogantes que los de París.

 Una vez más ha sido un placer visitar el mundo de los polinesios. Lamentablemente vino el hombre blanco y les ha hecho cambiar parte de su vida, sus tradiciones, sus creencias religiosas, etc.

 ¡VOLVERÉ A LA POLINESIA!

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