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Samoa Occidental

 Octubre de 1996

 Se trata de 2 islas, Savaii y Upolo, que forman un ­estado independiente desde 1.962, miembro de la ONU y dentro de la Commonwealth. Su superficie total es similar a la de la isla de Mallorca y tiene una población de 160 mil habitantes.

 Su capital, Apia, está en la isla más poblada y que es la de Upolo, en la que hay un pequeño parlamento, elegido por el pueblo, al igual que "un monarca", especie de presidente, que está a la cabeza del estado. Se habla samoano y 4 palabras de inglés. Presumen de ser los auténticos polinesios y bien podrían serlo. Hay un 80% de protestantes y un 20% de católicos.

 En cuanto a su riqueza natural tienen mucha banana, palmera cocotera, copra y cacao. También tienen pesca en abundancia. Son islas con un tremendo sabor polinesio y sus tradiciones son centenarias.

 SAMOA, y más concretamente la mencionada isla-capital, Upolo, es de ensueño. No es mejorable y jamás había visto  una isla que se le aproximara en belleza: Bora-Bora, La Dominica, Maldivas, Rarotonga… quedan muy lejos de ella. Que placer visitarla, recorrerla, conocer las cascadas, las verdes montañas, la costa, las playas, sus palmeras, sus gigantescos helechos…y para colmo es una isla virgen: solo 6 hoteles pequeños formados por cabañas al lado­ del mar. La gente te saluda y sonríe cuando vas caminando o condu­ciendo. Son hospitalarios, dulces y encantadores, además de buenos mozos, ellos y ellas, y atractivos; quizás los que más dentro de los archipiéla­gos polinesios que he visitado.

 Recorrí la isla con bastante detenimiento y estaba tan extasiado por la belleza que veía… que no  paraba ni para comer; así pasé 4 días de sol a sol. Tampoco se ve turista alguno salvo en la capital, Apia, donde hay algún americano que ha saltado de la Samoa Americana, situada a 150 Km., llamada Pago-Pago. Realmente conduce uno solo por la carretera, saludando a todo el mundo, incluidos los matais, jefes de familias. Metí el 4x4 por toda clase de caminos y atajos y descubrí   algunos rincones paradisíacos.

 La belleza de la naturaleza emociona en Samoa: la ­exuberancia de la vegetación, las flores, las palmeras… etc. Samoa no es una isla bonita… es una isla bella, bellísima. Tiene helechos gigantes… árboles enormes… cascadas altísimas.

 Nunca había comido plátanos, papaya o mango tan bue­nos ¡Son excelentes! Los tubérculos no les van a la zaga: el taro, el ña­me etc. También es muy  buena la calabaza hecha a la parrilla. Hay algo que no me ha gustado: los mosquitos; son muy pequeños pero te atacan a todas horas, aunque lleves repelente. La temperatura, diurna o nocturna, es constante tanto  en invierno como verano: 25 grados. Debido a ello las casas o cabañas no tie­nen paredes, sólo el tejado soportado por unas columnas. De esta forma los huracanes- o tifones- no derriban las cabañas. La gente es muy honesta y no entra para nada en otras casas.

 Me alojé en una cabaña al pié de una playa en la parte sur de la isla. Era un paraje idílico. En esta parte se filmó la película" Retorno al Paraíso" con Gary Cooper; curiosamente visité la casa del ma­tai de la zona, donde se hizo el rodaje, y me contó algunas anécdotas simpáticas. También vivió en esta isla Robert Louis Stevenson, escritor y autor de la novela "la isla del Tesoro."

 El samoano no tiene casi nada, pues casi nada necesita ya que se lo ofrece gratis la Naturaleza: frutas, verduras, pescado, gallinas y al­gún cerdo que engordar. No quiere más. Su casa no tiene nada y está prácticamente vacía: cuatro platos y cuatro tarteras, unas colchonetas o esterillas de palmera y una caja en la que guarda sus cuatro papeles y la ropa para ir a misa el domingo.

 Todavía se ve mucho samoano tradicional, viviendo en la casa sin paredes, con las sepulturas de sus familiares muer­tos al lado de la misma y delimitando su terreno con plantas que dan flores todo el año ¡Qué orgullosos están de sus plan­tas y flores! Nunca había visto casas tan austeras en mi vi­da. Todo está vacío, sin ventanas, ni paredes… nada de nada. Por supuesto no tienen electricidad ni agua corriente.

 Me negué a visitar  la Samoa Americana, que es pequeñísima, pues me dijeron que los americanos la habían estropeado con hamburgueserías. Unos años despues comprobé que no era exactamnte cierto.

 Adiós Samoa, seguro que volveré a visitarte para sentirme más cerca del Paraíso.

 P.D. LOS VIAJES EN AVIÓN POR ESTA ZONA DE LA POLINESIA, PRÓXIMOS A LA LINEA QUE CAMBIA EL DÍA, SON CONFUSOS Y SORPRENDENTES; SALTAS DE UNA ISLA UN MARTES Y LLEGAS A LA OTRA UN LUNES O AL REVES, SALTAS UN MARTES EN UN VUELO DE UNA HORA Y LLEGAS UN MIÉRCOLES O UN JUEVES.


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