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P.Francesa-Tahití

 Diciembre de 1989

 Cuando llegué a Tahití hacía una semana que no paraba de llover y, de acuerdo con la predicción meteorológica, la temporada de lluvias se había adelantado este año. Esto quería decir que los planes de navegación que tenía preparados se irían al garete, pues no se puede navegar cuando llueve día y noche. Pues bien, un día después de haber  cancelado  todos los planes, y cuando ya había saltado a la isla de Bora-Bora por mi cuenta, salió el sol y no dejó de brillar durante los 18 días que permanecí en este paradisíaco archipiélago. Afortunadamente, una vez más,  los meteorólogos se equivocaban. 

 Estuve una semana entera en una cabaña sobre una de las miles de playas que tiene la isla de Bora-Bora y el resto del tiempo repartido en las visitas a un amplio número de pequeñas islitas, todas ellas de ensueño. Visité la isla de Tetiaroa, isla que adquirió Marlon Brando de un médico americano a quien la última reina de Tahití se la había donado. Tetiaroa es un pequeño archipiélago, al estilo de Cabrera, de belleza impresionante, como puede verse en el reportaje fotográfico de este álbum. En una de sus islas no hay más que pájaros, millones de pájaros. En la totalidad del archipiélago no viven más que cuatro familias y hay algunas cabañas que son ocupadas por invitados.

 Para visitar el archipiélago de Tahití no queda más remedio que utilizar una pequeña avioneta de 4 plazas e intentar aterrizar en algún descampado entre los amplios bosques de palmeras que cubren las islas. Son miles las islas que componen Tahití y casi todas tienen unas características similares: su pequeño volcán, en el centro, cubierto de vegetación exuberante; la ladera del mismo que se suaviza al acercarse al mar; las playas de arena blanca rodeando la isla; el primer medio kilómetro de mar de igual profundidad (aproximadamente  1 metro) y, a continuación, viene una barrera o arrecife de coral que rodea por entero la  isla y donde rompen las olas. Finalmente, la profundidad se hace enorme pues se acaba la plataforma.

 La belleza de estas islas, diría, es sorprendente y única. Las palmeras, por su esbeltez y color, son  más bonitas que las del caribe. Los colores del mar van desde el casi blanco a azul marino, pasando por un sinnúmero de tonalidades esmeralda, verdes claros, etc. Las gentes son apacibles y hospitalarias (no tanto como en Fiyi) y visten con ropas llamativas de colores tropicales y típicamente polinesios. Hace no mucho más de 100 años los tahitianos eran, posiblemente, mucho más feliz. La explicación es la siguiente: estas islas del Pacífico tienen muy poca población y por el contrario mucha vegetación, árboles frutales mucha pesca, por lo que los habitantes no necesitaban, apenas, trabajar. Pero he aquí que llegó el hombre blanco (como siempre acompañado de un misionero y su cruz) que decidió enseñarles a vivir. Poco después los nativos perdían sus tierras y las enfermedades venéreas y la lepra (que ni siquiera conocían) comenzaron a hacer estragos. Así es el inevitable (por no decir abominable) hombre blanco, que se empeña siempre en decir a las demás razas y culturas lo que deben hacer.

 En cuanto a la población de estas miles de islas es ridícula, pues en mu­chas de ellas no vive nadie o bien vive una familia o un grupo de familias o quizás, en las de tamaño grande, vivan 200 personas. Baste decir que en la totalidad del archipiélago, no se cuantas miles de islas, viven solamente 15.000 personas. So­lamente la isla "capital del archipiélago”: Tahití, tiene unos 50.000 habitantes, de los que el 90% reside en la capital Papeete. No está autorizada la construcción de hoteles y solo pueden construirse cabañas de palma. No hay aire acondicio­nado ni grandes comodidades, pero, eso sí, hay muchas playas totalmente solitarias, vírgenes, en donde las palmeras se abaten sobre el mar  y donde las flores llegan a la playa o invaden tu cabaña, pues las islas están plagadas de árboles con flores, arbustos con flores, plantas con flores… todo son flores en estas islas. Por todas partes tienes hibiscus, gardenias, orquídeas, jengibre, jazmines etc. Te le­vantas por la mañana con un sol radiante, te pones tu flor tras la oreja y sales en pelotas a nadar o a caminar por la playa. ¡Ay, que vida más maravillosa!

 Solamente hay un pequeño problema en estas islas durante esta época del año: los moquitos y alguna que otra cucaracha… pero con un buen insecticida caen todos fritos. Se ven muchas mantas y tiburones, aunque no atacan, delfines y en general muchos peces de colores del coral y otras clases de pescado muy fácil de pescar. Un día salí a navegar, con el único habitante de una de las islas, por la zona comprendida entre la playa y la barrera de coral y su perro saltaba del barco para atacar a las mantas y los tiburones que nos encontrábamos. No es difícil pescar tiburones. La navegación es difícil por estos mares pues está lleno de bajos, coral e islitas pequeñas que no están en las cartas, pero que aparecen tan pronto como la marea baja.

 Tahití, Polinesia Francesa, es una especie de estado asociado o la región con máxima autonomía de Francia. Es quizás el país más caro del mundo de­bido a que Francia no desea que vengan turistas, evitando así que se ha­gan protestas por sus bases nucleares y sus explosiones periódicas por estos mares.  Para ello ha dado a la moneda de aquí - el franco polinesio - una altísima paridad con el franco francés, de forma que estas islas son mucho más caras que la costa azul y los franceses apenas pueden permitirse venir aquí. Todo ello contribuye a que al haber poco o, mejor dicho, poquísimo turismo las islas se mantengan tan vírgenes. El Museo Gauguin no vale mucho pues supongo que los buenos cuadros estan en Francia.

 Las flores, la fruta y la pesca son las únicas riquezas de este país. De la fruta diría que hay muchas clase de mangos, papayas, pomelos dulces del tamaño de un melón (así comenzaba mi desayuno cada día), piña tropical, etc .En cuanto a las flores: están por todas partes; hombres y mujeres se­ las colocan detrás de la oreja, o bien hacen collares o guirnaldas o coronas que llevan puesta, pues parece un signo de paz y felicidad. Resulta curioso entrar en un banco y ver al personal con su flor detrás de la oreja y, finalmente, acabo  poniéndomela yo también. Del pescado, ademas de haber muchas variedades de túnidos, el más famoso por su buen paladar es el Mahi- Mahi que aunque es blanco tiene un sabor fuerte. Creo que es nuestro pez espada o emperador.

 Llegó el final de mis vacaciones y tuve que decir adiós a toda la belleza que me rodeó durante mi feliz estancia en estas maravillosas islas.

 Anécdotas y comentarios:

-Estuve todo el viaje con mi chica de Nueva Zelanda. A los extranjeros nos llaman Popa, Kuole, etc.

-Tane es hombre, vahine es mujer, oia es si, nana es adios, manuia es felicidad ...

-La bebida que encontré mas agradable fue el MAITAI que esta hecha de ron y zumo de frutas.

 Volveré lo antes posible.

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