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Nauru, República de

 Septiembre de 1999

  La casi imperceptible mini-isla de NAURU es, increíblemente, no sólo un estado independiente sino que hace tres semanas, me dijo el ministro de Turismo y de no sé cuantas cosas más, había ingresado en la ONU. Algo impensable. Se trata de una República independiente dentro del ámbito de la Commonwealth desde 1968. Había sido administrada por Australia durante 40 años. La moneda oficial es el dólar australiano.

 La isla consiste, exclusivamente, en un círculo de unos 5 Km. de diámetro. La población es de unas 10.000 personas de las que el 70% son indígenas y el otro 30% son: chinos, micronesios, etc. que llevan en las isla muchos años trabajando y han adquirido la nacionalidad. El idioma que se habla es el nauruano. Las gentes de mejor posición también hablan  inglés.

 Como recursos económicos, aparte de un poco de pesca, solamente tienen los fosfatos cuya enorme producción, 700.000 T anuales, ha enriquecido algunas familias locales al percibir un aceptable porcentaje del importe de las extracciones. Se exporta a Filipinas, Asia, Australia y Nueva Zelanda. Lamentablemente la población de a pie no ha corrido la misma suerte: mientras unas familias riquísimas tenían grandes fortunas en Australia y sus hijos eran educados en las mejores universidades del mundo, el resto de la población nativa lo pasa muy mal con un sistema de seguridad social muy básico y en malas condiciones. La isla tiene un futuro muy incierto, ya que se espera que los fosfatos puedan acabarse entre 10 Y 15 años.

 Entre tanto la isla se va deteriorando a pasos agigantados. Todo el interior está lleno de grandes excavaciones de las que se extrae el mineral y que, posteriormente, es transportado al puerto, donde se tritura y carga en barcos. La verdad es que destrozar así una diminuta isla del Pacífico no sólo es un delito ecológico sino que, además, ofrece un aspecto dantesco.

 Por otra parte la sequía que vienen sufriendo durante los últimos años hace que todo esté muy seco y polvoriento. Las palmeras parece que van muriendo poco a poco. En cualquier caso, ésta no es una isla tropical ni tiene una laguna como las demás: es una isla y no un atolón.

 Solamente recuerdo que, en la ribera de una especie de laguna u oasis que tienen, había una preciosa vegetación formada por palmeras cocoteras sanas. El resto de la isla no tiene nada verde. Paradójicamente, he visto los flamboyanes más floreados del Pacífico sur.

 Una vez más he sido el único turista. En esta ocasión, posiblemente el único del año. Nadie viene de vacaciones a una isla en “excavación continua” y con polvo por todas partes.

 La población es seria, distante y nada hospitalaria. No son alegres, como los polinesios o los micronesios, ni bromean entre ellos, como ocurre normalmente por estos pagos. Tienen mal aspecto, están mal hechos y son feos. No hay belleza alguna entre estas gentes. Por otra parte los extranjeros, como los australianos que trabajan  aquí, también tienen pinta de ser “los que despiden de todas partes”. La suciedad se generaliza a: casas, oficinas, personas, etc. Las oficinas del Banco Nacional de Nauru son un ejemplo de todo esto.

 El  hotel donde me alojaba, construido por el gobierno y pensado para alojar a la gente importante que les visita, era otro foco de gente fría y poco afectiva. Tuve la suerte de conocer unos australianos estupendos, economistas todos ellos, abiertos y simpáticos, que estaban trabajando unos días por aquí. Salió de ellos el acercarse a mi mesa e invitarme a compartir una botella de vino. Son gente extraordinaria, extrovertida y muy trabajadora.

 El nivel de vida es más alto que el de  las  islas de los alrededores, aunque “no les luce mucho” dada la clase de gente y su forma de ser: sucios y desordenados.

 Algunas cosas curiosas. El ecuador atraviesa Nauru y dado que en estos días el sol está justamente sobre el ecuador, amanecía a las 6:45 h  y se ponía el sol a las 18:45 h.  El terreno no se puede vender a gente no nativa, sólo se puede alquilar, de esta forma los nauruanos mantienen en propiedad la isla. Como antigua colonia británica se conduce por la izquierda. El fosfato contiene, últimamente, cadmio por lo que empiezan a tener dificultades en la venta. La costa de la isla está llena de búnkeres construidos por los japoneses durante la 2ª guerra mundial.

 Alquilé un cochecillo al encargado del mantenimiento del hotel. Recorrí en dos días lo que podía haber hecho en media hora. La vuelta a la isla lleva algo menos de media hora.

 Tengo la sensación de que no volveré a la fea isla de NAURU, al menos, por los próximos 50 años. Las familias más adineradas y las figuras políticas de la isla asistían a cenar al hotel donde me alojaba. Fui presentado, durante una cena, a casi todos los ministros y no faltó quien me sugiriera “el convertirme en cónsul honorífico en España”. Me limité a dar las gracias.

 Me pasé la mitad de una cena, a base de barbacoa, charlando de economía con todos los peces gordos del gobierno. De todas formas: NO VOLVERÉ.

 La compañía aérea AIR NAURU es, sin lugar a dudas, la mejor de las islas de esta zona del Pacífico. No incluyo a Fiji que tiene una potente compañía: AIR PACIFIC. HASTA NUNCA NAURU.

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