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Marshall

 Febrero de 1999  

 GENERALIDADES: La República de las Islas Marshall es una "democracia" asociada, libremente, con USA e independiente desde 1.986. Actualmente es miembro de la ONU.

 Es un país  muy pobre, con una población de 58.000 habitantes repartida entre 6 Atolones, formados por un total de 176 islitas.
Digo islitas porque la suma de todas es de 180 Kms2, que es algo así como un Termino Municipal en España. El Atolón capital es  Majuro pero son conocidos, también, los de Bikini (dedicado a explosiones atómicas americanas) y el de Kwajalein (dedicado a base de misiles). El idioma oficial es el inglés (que casi nadie  habla) y el Marshalés, que es el que verdaderamente hablan. Son protestantes en un 90% y católicos en un 10%. La unidad monetaria es el USD pues no se pueden permitir tener moneda propia. Reciben unos 5.000 turistas al año pero sus ingresos fuertes son los alquileres que cobran a los americanos por las bases.

 Las Islas Marshall están próximas al Ecuador y  al Meridiano 175°. La superficie marítima que conforman es de 3,5 veces la superficie de España. Los Atolones y las islas sueltas son de Coral. Si contamos todas las islas que tienen los Atolones  nos iríamos a unas 1.225 islitas. Llueve casi 4.000 mm al año, dos veces más que en Santiago de Compostela.

 En principio, dentro de mis planes, tenía previsto quedarme en el Atolón de Kwajalein, pero los americanos no me quisieron por allí fisgando, dado que tienen una base militar en activo, así que me metiron otra vez en el avión. Tiene una gran belleza pero la superficie útil,  emergida, es muy pequeña. Es una barrera de Coral casi circular  y está considerado el mayor Atolón del mundo.

 Los Marshaleses son también micronesios aunque, he de decir en su favor que, sin ser guapos, son algo menos feos que los de los Estados Federados. Son de complexión gruesa. Cuando llegas al país te reciben con una diadema de flores frescas preciosa así como cuando entras en los Bancos y en las Oficinas del Estado.

 Realmente, las Marshall, son una continuación de las demás islas de la Micronesia. Lo notas al llegar. De Kwajalein volé a Majuro, la isla capital.

 Éste es un Atolón de ensueño: tiene, exactamente (medido con el cuenta kilómetros de mi cochecillo) 52 Km. de largo, pero la anchura media está entre 40 y 180 m. ¿Curioso, verdad? En ningún sitio llega a tener más de 2 m de altura: es completamente llana. Cuando iniciábamos el aterrizaje sentí algo de miedo y pensaba que lo hacíamos sobre el agua, pues la avioneta casi no cabía. La pista de aterrizaje es más ancha que la Isla, muchísimo más, y ha tenido que hacerse rellenando el agua de la laguna con tierra.

 Todo él es una preciosidad: lleno de palmeras, de aguas preciosas por el lado de la laguna, con los típicos colores verde esmeralda y azul turquesa... ¡se pasaría uno toda la vida entre esas elegantes palmeras y esas aguas tan espectaculares!  

 Una curiosidad que acontece tanto aquí como en otros atolones de la Micronesia: la gente va al Aeropuerto a ver llegar el avión y los pasajeros. Aterriza uno cada 4 días, por eso es todo un acontecimiento.

 Recorrer, tranquilamente y en domingo, la carreterita que va de principio a fin de la Isla "espagueti", fue un placer indescriptible. Son tan buenos cristianos que los domingos no hay ninguna actividad y, por supuesto, todos van a misa.

 Las palmeras, a millones y ¡¡ tan elegantes!!, las gentes que te sonríen al pasar, el mar abierto a un lado y la laguna tranquila al otro... una maravilla. Resulta curioso ver agua a derecha e izquierda. En las zonas  en que la Isla tiene casi 100 m de ancha se empieza a ver una casita a un lado y otra al otro, pero siempre muy separadas y espaciadas. En algunos puntos  tiene cero  metros de anchura y ahí han tenido que hacer un puentecito... ¡es de una belleza indescriptible! Los niños te llaman para que les hagas unas fotos y a los adultos también les gusta mucho. Cada casita que veo tiene al lado, o detrás, las sepulturas de los abuelos u otros miembros de la familia. Los niños juegan, tranquilamente, sobre las humildes lápidas.

 Aunque la comida es parecida a la de otros países de la Micronesia aquí hay que destacar el pan de Taro, de color lila, que he comido a todas horas durante mi estancia, también los Pan-cakes de plátano, el Pándano que aquí es tan grande como un melón, etc. Algo curioso ocurre también con el transporte público: no hay autobuses, solo hay unos taxis viejos que cobran 1/2 dólar máximo, pero que admiten 4 pasajeros sean quienes sean y circulan todo el tiempo recogiendo gente y dejándola a lo largo de la única calle que compone la "cutrisima capital" del Atolón.

 No hay prácticamente puerto y las barcas que se ven están todas muy oxidadas y sin pintar. Todo es pobre, aunque muy bonito. La gente de a pié no es muy feliz, pasan necesidades porque el hombre de occidente se las ha impuesto. Cuando compartes un taxi,  tienes que llevar cuidado pues por estas Islas hay mucha lepra y puedes contagiarte por contacto. ¡Pobre gente!

 Quizás, aparte del color de las aguas y las palmeras, lo que más me ha llamado la atención han sido las flores. Hay flores por todas partes y las que más se ven son  Frangipanis en todas sus variantes.

 Los nativos son muy devotos de Santa Rita. Hay que añadir algo curioso: un diseñador francés llamó Bikini a los trajes de baño por ser de tamaño pequeño (tamaño de átomo) en la época en que los americanos hicieron una explosión atómica en el Atolón Bikini.

 Los españoles llegamos a estos atolones en 1529 pero no demostramos gran interés por ellos. Las islas fueron llamadas así por el explorador inglés John Marshall, quien las visitó en 1799. A finales del siglo XIX Alemania se  las anexionó como colonia y después los japoneses, tras la 1ª Guerra Mundial. En 1.944 los americanos las invadieron. Estas Islas tienen muy poco turismo y, por otra parte, ¿dónde los instalarían si lo tuvieran?

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