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Kiribati(Gilbert)

 Septiembre de 1999

 Este estado del Pacífico, denominado República de Kiribati, está compuesto por un amplio número de archipiélagos: Gilbert, Phoenix, Kiritimati, etc. y en ellos se encuentran islas famosas como la de Christmas, Tarawa, etc. Como colonia británica que fue, forma parte de la Commonwealth.

 La superficie total de las islas o, mejor dicho, de los atolones que componen este estado, es solo de 800 Km2, lo que equivale a un cuadrado de 28 Km. de lado pero, curiosamente, al estar tan alejados unos archipiélagos de otros, ocupan un área del Pacífico equivalente a 5 veces la superficie de España. Todo ello con una pequeña población de 75.000 habitantes. Hacía 9 años que había visitado este país; en aquella ocasión lo hice saltando desde Hawaii a la isla de Xmas, de una extraordinaria belleza. Un charter para turistas me brindó esa oportunidad.

 En esta ocasión he visitado el conocido archipiélago de Gilbert y, más concretamente, el diminuto  atolón-capital de TARAWA, con unos 2.000 habitantes los que, por supuesto, hablan el gilbertés, idioma irreconocible. De tarde en tarde, topaba con alguien que decía saber alguna palabra de inglés y aprovechaba para conseguir información sobre su mundo. Son católicos o protestantes y tienen como moneda el dólar australiano, al igual que otros países de esta zona del Pacífico.

 Los recursos económicos de estas gentes son muy escasos: exportan algo de copra, coco, pescado y fosfatos. Prácticamente no hay turismo. Hay solamente un hotelito en todo el archipiélago llamado Otintai que está en BAIRIKI, la pequeña capital del atolón de TARAWA, con unos 1.000 habitantes y, al mismo tiempo, la capital del país. Frente a este atolón hay otro, de igual belleza, llamado BANABA, cuyos habitantes dicen pertenecer a otra etnia diferente a la de los gilberteses.

 Llegué a TARAWA procedente de  Fiji. Eran las 7 de la mañana y había una gran actividad. En seguida me di cuenta de que las gentes eran tan típicamente micronesias como las que me había encontrado durante mis viajes por YAP, KOSRAE, CHUCK y MAJURO en el Pacífico Norte. Es decir, gentes que durante siglos han pasado con sus barquitas de vela de un atolón a otro. No vi turismo alguno salvo un tipo polaco quién, al igual que yo, viajaba solo. Sí, me percaté de la llegada de un grupo de monjas que venía en ayuda de los necesitados del país.

 El atolón tiene unos 12 Km. de largo por un ancho entre 5 y 200 metros. En algunos puntos tiene cero metros de ancho, por lo que han hecho un puente para  pasar, ya que ahí, en ese punto, la laguna comunica con el mar. Ésta tiene aguas con colores maravillosos. La vegetación es más densa que la de otros archipiélagos próximos (Nauru, Tuvalu, etc.) pues, al tener mucha palmera cocotera, resulta más frondosa. Por cierto que hay millones de ellas y en plena producción.

 Los habitantes son dulces, pacientes y hospitalarios. No tienen una identidad tan marcada como la de los polinesios pero, no cabe duda, tienen la de micronesios. Las mujeres llevan la peineta española en su pelo, tradición que proviene de cuando nosotros teníamos las islas Marianas, no muy lejos de la también española Guam. En su cabeza o en su cuello, suelen llevar una corona o una guirnalda de flores la que, en ocasiones, confeccionan también con caramelos. Su ropa, me refiero a la de ellas, está formada por faldas muy largas y con muchos colores, confeccionadas a la española: fruncidos, volantes y cuellos cuadrados amplios. Mucha gente de este archipiélago emigra a Nauru pues en esa isla hay más posibilidades de trabajo debido a las explotaciones de fosfatos.

 El atolón, en si mismo, es relativamente grande, algo mayor que el de Majuro de Las Marshall y tiene forma de L girada hacia la izquierda. La comida, típica de la micronesia, está caracterizada por el atún, de fantástica calidad, la barracuda pequeña, muy sabrosa, y la langosta, más bien insípida. El aeropuerto está en la bisectriz de la mencionada L. El ecuador atraviesa esta pequeña república de KIRIBATI, al igual que lo hace con NAURU y, justamente en estos días, el sol está sobre su vertical. Ello quiere decir que, en horas próximas al mediodía, caminaba sin sombra. Pero, hay algo curioso: hace por aquí menos calor que en Barcelona, Palma, Andalucía…en este mes de septiembre. Es obvio que el calor depende, principalmente, de una cosa: la maldita humedad.

 Era increíble la insistencia de la gente que me rodeaba por tratar de convencerme de que me quedara más tiempo con ellos pero, aún cuando estaba muy feliz, debía partir para seguir mi programa de viaje. Volveré. Seguro. No es fácil olvidar el encanto de esta gente ni la belleza de este atolón…sus playas, su laguna con aguas verdes y turquesas… ¡Ay! Es cierto que partir es morir un poco.


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