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Portugal-Madeira 10

 Noviembre de 2010


 Hacía ya muchos años que no regresaba a Madeira. Recuerdo que mi primera visita fue allá por el año 1983 cuando, preparando la salida en el yate de un amigo para cruzarlo al otro lado del Atlántico, pasé unos días en Funchal, capital de la isla. Tuvieron que pasar 12 años más, concretamente en 1.995, para volver a visitarla. Ahora, nuevamente, tras otros 15 años más, heme aquí recorriéndola de nuevo.

                 

 Montañosa y agreste, como no recuerdo otra isla, se presenta verde y frondosa y a medida que uno sube montaña arriba, aparece el bosque templado, la laurissilvia, las escarpadas crestas, los gigantescos promontorios, los profundísimos barrancos, los pueblos ubicados sobre las laderas o los altiplanos o entre las montañas o en las crestas o en el fondo del barranco…el musgo, el helecho, la humedad, el bosque, la lluvia, la niebla, las nubes bajas, las cascadas, todo ello llegando a los 1.800 m de altura, !impresionante!…, un verdadero espectáculo de la naturaleza. Pueden verse pinos, cedros de Madeira, arándanos, abedules, fresnos, castaños, nogales, brezos, mirtos…los que en la parte baja de la montaña van sustituidos por los bananos, mangos, cítricos, aguacates, chirimoyos, árboles de la pasión, manzanos, perales, patatales…

 

 Es mucho lo que ha cambiado la isla desde aquel entonces. Con una superficie ligeramente superior a Ibiza, tiene cerca de 300.000 habitantes; sus carreteritas del año 83 son ahora carreteras amplias con muchos túneles  para evitar puertos de montaña; alguna de ellas convertida en autopista y otras con nuevos y más cómodos trazados. La edificación, según fui informado, se incrementó en un 80% desde mi primera visita. La población se ha triplicado. Ahora las laderas de las montañas están construidas, escasean los solares libres, la circulación es muy densa…no pude reconocerla (!)

 

 La comida parece no haber cambiado tanto: siguen comiendo bolos (tortas de pan caliente que untan con mantequilla y ajo), a veces con chorizo o salchicha; queijadas que son pequeñas tortas de requesón; pez espada (que tiene verdadera forma de espada, que se sirve con banana frita y que en nada se parece al que denominamos así en España); mucho atún bueno, sabroso y muy barato; el tiburón, “tintorera”, pescado blanco algo insípido, al que es necesario añadirle alguna salsa con perejil; bacalao seco, etc. Acostumbran a tomar sopa verde que es un puré de berzas. Siguen bebiendo  poncha que contiene lima o limón, aguardiente y miel y el famoso vinho da Madeira que es una especie de jerez o aperitivo dulce. Es muy agradable y “coloca” un poco. El café que tienen, como portugueses que son, es el mejor del mundo. No solo eligen bien los cafés de la mezcla sino que, además, hacen un tostado en su punto y, posteriormente, un buen o adecuado molido. El café que he estado tomando estos días ha sido inigualable.

 

 La temperatura y el tiempo soleado, salvo un día, han sido muy agradables. Plantas, arbustos y árboles en flor te hacen pensar que es primavera cuando, realmente, el invierno se echa encima. La capital, Funchal, está limpia, arreglada y restaurada. Destaca la Catedral, el Palacio de Justicia, el Fuerte, el parque de Catalina, el paseo marítimo y el Puerto en donde siempre he visto un mínimo de 2 cruceros atracados. Hay un funicular turístico que sube hasta “Monte” y una colina desde donde hay turistas que bajan en sillas de mimbre deslizándolas calle abajo. La isla de Porto Santo, a casi 3 horas de transbordador de Madeira, no parece tener atractivo suficiente como para soportar 6 horas de barco en un día.

 

 Recorrer la isla con coche, darle un par de vueltas o bien hacer un recorrido en forma de 8, supone pasar por lugares tan agradables como Porto Moniz, Cámara de Lobos, Encumeada, Cabo Girao, Sao Vicente, Seixas, etc. Otro recorrido supone pasar por Santana, Pico do Arieiro (1.818 m.), Porto da Cruz, Pico dos Facho, etc. La vida es más económica que en España: hoteles decentes y con desayuno por 50 euros, alquiler de coches por 20 euros, menús y comidas, en general, buenas y económicas.

 

 Pues bien, Madeira, hasta otra.

 

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