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Portugal 13

 
Marzo de 2013

 

 Arranco en Verín, Ourense, donde, tras visitar el castillo y presenciar, después de un fuerte chaparrón, un precioso arco iris, me quedo a dormir en su parador, agradable y muy económico. En él todo es bueno y de calidad, como siempre en Galicia.

 Llueve toda la noche y sigue haciéndolo cuando a las 9 de la mañana arranco con mi coche el descenso por Portugal. No me detengo en Porto pues hace poco que lo he visitado por segunda vez, ni en Coimbra; continúo hacia el Sur con la intención de conocer un área que no he visitado nunca: Nazaré, Batalha, Alcobaça...y paso un par de días por la zona.

 La belleza del monasterio-catedral de Batalha me impresiona: su gótico tardío, su delicadeza y diseño, su color exterior, también su interior, su claustro... ¡impresionante!

 Alcobaça es otro monasterio-iglesia muy interesante aunque no de la dimensión y refinado estilo de Batalha. Afuera en una terraza tomé un buen café por 0.70 €, lo que en España costaría más del doble; ocurre lo mismo con los restaurantes, hoteles, regalos, etc. Todo cuesta la mitad que en España.

 Nazaré es una pequeña ciudad de vacaciones con una inmensa playa, un funicular que sube a un promontorio llamado "sitio", un atlántico muy bravo y un pequeño puerto, descaradamente robado a la playa...Todo es muy barato en esta época del año. Las mujeres llevan puestas 4 ó 5 capas de sayas o enaguas superpuestas.

 Óbidos es un pequeño pueblo, muy bien amurallado y con un acueducto, típico. Tiene colorido y callejuelas empedradas llenas de plantas, tiendecillas de regalos y comida típica Es una visita turística muy agradable. Mi estancia coincidió con el Domingo de Ramos.

 Peniche es actualmente una ciudad turística, su famoso faro ocupa un puesto privilegiado sobre unos altos acantilados batidos por el fuerte oleaje del Atlántico. Dichos acantilados, formados por rocas muy estratificadas, se presentan con formas y figuras fantásticas ya que la enorme erosión que origina el azote de las olas, va horadando y dibujando graciosas figuras que se van descomponiendo y dando lugar a otras nuevas. Además, unas enormes y activas dunas que se extienden tras una hermosa y kilométrica playa, en la que se practica el surf, añade, junto con una fortaleza medieval, suficiente atractivo para el viajero.

 Descendí al Algarve y pude constatar que, efectivamente, valía muy poco. Fui por todas partes y salvo algún rincón como los acantilados y el cabo de San Vicente (Sagres) y quizás La Marina de Albufeira…no tropecé con nada de mucho interés…y no hablemos de la cutre ciudad de Faro, capital del Algarve… ¡horrible! Así que a la vista de lo visto me largué y me dirigí al Alentejo para disfrutar, en este lluvioso invierno, de sus suaves, agradables y verdes colinas. Visité la capital de esa región: Évora. Disfruté del templo de Diana, de su catedral, de sus plazas, etc. Por supuesto me comí un sabrosísimo bacalao al horno, al estilo alentejano.

 Seguiré regresando a Portugal donde la gente, sencilla, educada y hospitalaria, parece ser más consciente de la grave situación económica por la que pasa el país…lo que el español no parece haberse dado cuenta de ello.

 Volveré, y volveré a visitar a nuestro encantador país vecino.

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