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Polonia-Cracovia 98

 En un principio no era mi intención incluir en “sabinoelviajero.com” los pequeños viajes hechos por España y por los países europeos más conocidos dado que estos están a la altura de cualquier viajero. Me decidió, el hecho de pensar que alguna fotografía pudiera ser un documento de interés para algún seguidor de la web.

 Abril de 1998

 Hacia la friolera de 22 años que no había vuelto a Polonia. Aquel crudo invierno, o así me lo pareció, de 1977 tuve la feliz idea de cruzar Alemania Democrática, hoy desaparecida y desplazarme en un lento y destartalado tren a la capital de Polonia: Varsovia. Había pasado la Noche Vieja en Berlín Occidental y, posiblemente, los efluvios del alcohol, los petardos y las algaradas de los berlineses me dieron ánimos para realizar el duro viaje.  

Aquellos eran, realmente, tiempos difíciles y duros para los polacos: poca comida, poco dinero y por tanto poco que comprar con él, pues en el país no tenían nada de valor. Nunca olvidaré el cura que se ofreció a acompañarme durante los 3 días que duró mi visita a Varsovia y sus alrededores. El pagaba mis comidas, el autobús, los cafés, etc. Al final sólo quiso, a cambio, que le cambiara 50 $ USA, por los que me dio 9 veces más "zloty” que me daba el Banco de Polonia. La pobreza y la miseria eran la tónica general.

 El país ha cambiado mucho y casi no es reconocible. Tras liberarse de la opresión rusa, que soportó durante casi 200 años, en 1989 pasan a un sistema democrático de la mano de "solidaridad" y comienzan una carrera imparable con la ayuda de inversores americanos. Cuando yo estuve en 1977, su renta per cápita rondaba los 300 US$ y ahora tienen más de 3.000 US$, y siguen mejorando. Su población es de 40 millones de habitantes y su superficie equivale a los 3/5 de la de España. Varsovia tiene ahora casi 2 millones de habitantes y Cracovia, la capital de la región que he visitado en este viaje, tiene 800 mil. Los polacos de origen alemán, ucraniano, bielorruso y judío no llegan a 400 mil. Los polacos solamente hablan un idioma: el polaco. Parece una tontería pero, hoy en día, hay muy pocos países en los que sólo se hable un idioma.

 La agricultura y la ganadería producen más o menos lo que en España, aunque con menos tecnología. En cuanto a la industria destaca su enorme producción de carbón y sus fábricas textiles de algodón, lana y lino. Tienen, quizás, menos analfabetismo que en España, pero duplican nuestra mortalidad infantil.

 Los polacos siguen siendo igual: fríos, poco hospitalarios, secos, serios, introvertidos y sin ganas de hablar, ni siquiera entre ellos. En las cafeterías y demás lugares públicos te sirven como si te estuvieran haciendo un favor. Todos los lugares están llenos de pobres que tienen la mala costumbre de manosearte.

 El Estado y las empresas privadas han construido muchos bloques de viviendas y estas solamente tienen una superficie de 50 m2, en los que tiene que vivir una familia. Podría añadir que visten muy mal y que sus ropas son tristes y sin color, al igual que su aspecto y personalidad. Las comidas son muy sabrosas, grasientas y calóricas. Las ensaladas son de buena calidad, incluso mejores que en España. En todas las comidas hay un plato de ensalada. Tienen buenas carnes y buenas salchichas. El café es muy bueno, "lo tomes donde lo tomes”.

 La influencia rusa o comunista, en general, queda reflejada no solo en el carácter o en el comportamiento de  la gente sino también, en sus edificios, en sus costumbres, etc. Después de todo hay que pensar que se trata de un pueblo eslavo que vive en un país frio y que han pasado muchas penurias durante siglos bajo la opresión militar y religiosa. Parece como si su Edad Media hubiera terminado en el año 1989.

 El viaje por el sur del país ha consistido en la visita a las regiones de Pequeña Polonia y Silesia. Recorrí detenidamente  Cracovia, capital de Polonia en el siglo XV, en la que destacan: La Plaza del Mercado, el Barrio Antiguo, la Basílica de Sta. María, la colina de Wawel con su castillo y la catedral y la clásica cafetería de Noworola, en donde la antipatía de las camareras y del encargado del guardarropa es imposible de superar. Croacia es más monumental y turística que Varsovia. Como cosa curiosa tengo que decir que en el reloj de la torre de la Basílica de Sta. María sale un paisano con una trompeta a dar las horas y los cuartos.

 Descendí al interior de una mina de sal gema en Wieliczka, a 135 m de profundidad en un antiguo, pero simpático, ascensor de 4 pisos. En el interior de la mina, excavada en la sal, había una iglesia católica de considerables dimensiones en cuyos muros, también de sal, se habían esculpido, con mucho arte, cuadros con pasajes de la vida de Jesús, tema típico de la Polonia católica.

 Dentro, también,  de la Pequeña Polonia, me desplacé hacia los Cárpatos, frontera con Eslovaquia, para subir hasta Zakopane, pequeña ciudad turística, sin mucho valor, dedicada a los deportes de invierno. Por el camino pude ver algunos valles verdes muy bonitos, aunque las casas de los pueblos son feas, sin color y sin arquitectura alguna. Nuevamente las casas son un exponente más de su frialdad. Igualmente ocurre con los interiores de sus hoteles, cafeterías, etc.

 Visité parte de la región de Silesia en la cual se concentra la industria pesada del país. El campo de esta zona se ve afectado por la contaminación y las lluvias ácidas. Visité la ciudad de Czestochowa,    capital religiosa del país, en la que está ubicado el monasterio de Jasna Góra, que alberga a la Virgen Negra y es lugar de peregrinación. Al recorrer el monasterio se percibe el gran fanatismo de los católicos polacos: largas colas delante de los confesionarios, paredes llenas con miles y miles de rosarios que donan los feligreses, paredes llenas de muletas de las gentes que "después del milagro" han salido andando por su propio pié…etc., etc. Es a la Virgen Negra a la que le atribuyen todos los “milagros".

 Después visitamos el enorme campo de concentración de judíos de Auschwitz  donde los Nazis exterminaron a 1,5 millones de ellos. De sus horrores, poco nuevo se puede añadir que no se haya visto en documentales y películas.

 En cuanto al tiempo atmosférico hay que decir que he tenido de todo: lluvia, granizo, nieve, sol y viento. Lo curioso es que en muchas ocasiones tenía varios de ellos a la vez y en otras se sucedían unos a otros a una velocidad vertiginosa.

 A aquellos países en los que la gente no te recibe bien siempre tardas en volver…

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