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Italia-Sicilia 18

 Septiembre de 2018

 

 Mi primera visita a Sicilia tuvo lugar allá por los setenta y volví nuevamente en 2006. Ahora, 12 años después, ha mejorado mucho su nivel de orden y limpieza, aunque las fachadas de las casas antiguas de los distritos históricos muestran un cierto abandono. Por otra parte, he de decir que, en cuanto a los monumentos que todo visitante está obligado a recorrer o contemplar, están ahora muy bien conservados. Es, sin lugar a dudas, la mayor isla del Mediterráneo, algo así como 5 veces la superficie de todo el archipiélago balear o bien la superficie de toda la Galicia española, pero, eso sí, con nada menos que 5 millones de habitantes y 1.000 km de costa. En su escudo aparece una figura formada por 3 piernas que parecen correr un maratón, y lo mismo ocurre en el de la Isla de Man, también con pasado normando.

 

 Una vez más disfruté visitando los restos que dejaron los muchos pueblos que la invadieron. Me atrevería a decir que no hay isla en el Mediterráneo que haya sido más veces invadida ni tenga tantos restos de tantas culturas.

 

 Poco después de nuestra llegada en un vuelo de Madrid, comenzamos el viaje descendiendo por el lado occidental de la isla. Lo hicimos por una carretera secundaria y atravesando muchos viñedos de la zona de Travertino para detenernos un par de horas en Trapani, localidad al borde del mar con un casco antiguo muy agradable en el que despunta la plaza Garibaldi y las iglesias y callejuelas del casco antiguo. Seguimos descendiendo al sur y visitamos una bodega que invitaba a los turistas a beber y picar algo. Aquí comimos unas tapas con un par de vinos blancos marsala, nombre del lugar, e hice unas fotos de sus instalaciones. Continuamos por la misma carretera hasta llegar a la antigua ciudad griega llamada Selinunte, 7 siglos antes de Cristo. La había visitado en otras ocasiones y la encuentro ahora mejor cuidada por lo que fue un verdadero placer. Se conservan bastantes anillos auténticos del antiguo templo. Pernoctamos en la ciudad de Agrigento.

 

 Al día siguiente, comenzamos muy temprano haciéndonos unos 2 km a pié a lo largo del famoso Valle de los Templos, ahora mejor arreglado que nunca. Hay tantos turistas que la entrada al valle supone una inmensa cola ya que hacen un chequeo tipo aeropuerto y esto lleva su tiempo. El calor sofocante que teníamos nos hacía caminar buscando la sombra. Son varios los templos griegos dignos de mención y su restauración ha sido muy cuidada. Seguimos, en dirección a Piazza Armerina y por el camino paramos a visitar la conocida Villa Romana (llamada El Casale) que yo había visitado en viajes anteriores. En esa casa había contemplado, en mis viajes anteriores, unos mosaicos en los que escaseaban los trocitos de mármoles de colores que conformaban figuras o dibujos. Mi sorpresa al llegar fue que los restauradores, por su cuenta, habían fabricado miles de trocitos de mármol y además habían pintado figuras por encima para ganar vistosidad…una gigantesca trampa para engañar al visitante. Por supuesto tuvimos que pagar más de 10 euros cada uno. Además, habían añadido salas y pasillos que no existían anteriormente. A continuación, y bajo una fuerte lluvia nos quedamos en un hotel a la entrada de la pequeña ciudad llamada Piazza Armerina.

 

 Al siguiente día, también muy soleado, salimos temprano hacia el Etna. En años atrás había llegado con el coche hasta casi los mil quinientos metros de altura. Ahora han montado un negocio muy lucrativo que consiste en impedirte avanzar y obligarte a tomar un funicular para, posteriormente, subirte a un vehículo todoterreno y llegar al pie del cráter que, dicho sea de paso, no parece ser el verdadero pues no tiene mucha actividad y está lejos de coronar el volcán. Los turistas somos siempre engañados. Y todo solamente por 64 euros por persona…Lo cierto es que también en mi cuarta visita a Pekín, la subida a la Gran Muralla, que habitualmente se hacía con autobuses, éstos fueron sustituidos por un funicular, claro que pagando unos 30 euros. Tras descender del Etna comimos en un sitio donde tenían algo típico: trozos de carne cocida en el horno dentro de unas hojas de naranjo. Vuelta a la carretera para salir disparados a Taormina donde nos esperaban unos entrañables amigos argentinos con los que habíamos pasado felizmente una semana juntos en Vietnam.

 

 Taormina, es una auténtica joya para todo visitante de la isla. Nuestra visita a esta ciudad medieval coincidió con la llegada de un crucero y en ese momento estaba muy llena de turistas que, aunque solo pasan unas horas en la ciudad, la invaden hasta el punto de tener que caminar con cierta dificultad por sus  calles tradicionales. Nunca la había visto tan concurrida. Cómo estábamos tan felices con nuestros amigos, dejamos en segundo término la visita de la ciudad ya que, después de todo, yo la había visitado en ocasiones anteriores. Charlamos efusivamente sentados en la terraza de su exclusivo hotel de lujo, contemplando el mar, los cruceros fondeados, las playas de la parte baja de la ciudad, etc. pasamos un rato muy agradable e inolvidable. Salimos después todos juntos a caminar por las calles y disfrutar de sus callejuelas y balcones, de sus iglesias y terrazas sobre el acantilado, etc. Triste despedida. De vuelta a la realidad nos encontramos un poco tristes e iniciamos el regreso a nuestro hotel a unos cuarenta km de distancia.

 

 Al  día siguiente salimos en dirección a Siracusa en donde una vez más visitamos los famosos anfiteatros griego y romano que son dos maravillosas piezas arqueológicas. Sobre todo, el anfiteatro griego. A la salida de la visita nos comimos un arancini, que es una especie de albóndiga de forma cónica que contiene carne, tomate, salsa, etc. Después fuimos al centro histórico: Plaza del Duomo e Iglesia de Sta. Lucía, en la que luce el cuadro de Caravaggio del 1606 sobre el sepelio de la santa. Una fuerte tormenta nos pilló cuando estábamos saliendo de Siracusa en dirección al puertecito de Noto que está a unos 20 km. El pueblo, aunque pequeño, tiene una bonita catedral, llamada San Nicolás, precedida de una bella y amplia escalinata, al igual que otras agradables iglesias, como la de San Borromeo, además de plazas y edificios gubernamentales con una muy agradable arquitectura de influencia barroca. Tiene un par de calles interesantes con casas antiguas de amplios y bellos balcones barrocos muy decorados.

 

 Al día siguiente nos vamos a Catania cuyo centro antiguo recorremos con detenimiento: su Duomo, que no nos llamó mucho la atención, su Ayuntamiento y otros edificios oficiales. Curiosamente, hay un conocido punto emblemático, consistente en un pequeño elefante de mármol negro que soporta una columna de pequeñas dimensiones. Supongo que es lugar de citas. Nos comemos otros arancinis muy jugosos que compramos en un puesto de la calle. A continuación, un buen par de horas de carretera para llegar a Cefalú, en la costa norte, tras atravesar parajes muy secos y sin árbol alguno, aunque sí miles de colinas labradas recientemente hasta su cima.

La isla en general es muy montañosa, lo que se constata por el elevado número de túneles que se deben atravesar en cualquier itinerario que hagas por carretera. A destacar en Cefalú: la influencia normanda, árabe y griega de la arquitectura de su catedral. A continuación, seguimos carretera por autopista para finalmente dormir en un hotel en Palermo.

 

 Desde Palermo, capital de Sicilia, partimos de mañana para visitar Monreale, pueblecito cercano y ubicado sobre una colina. Tiene la más maravillosa iglesia que uno puede imaginar. En ella confluyen el conjunto de arquitectura y estilos de los distintos pueblos que invadieron la isla. Por si fuera poco, su claustro es de una delicadeza muy especial -por supuesto todo él muy restaurado- que también supone un placer visitar. Por otra parte, su fachada, con una horrible restauración, no me apeteció fotografiarla.


 De regreso a Palermo pasamos el día recorriendo...su maravilloso Duomo, palacios, plazas, teatro, área de Carlos V, el puerto deportivo de La Cala, etc. En la parte vieja hay un cierto abandono de las fachadas de los edificios, pero, quizás, deseen mantenerlo así…hay muchas versiones sobre cómo debe restaurarse lo antiguo.

 

 Por cierto, el reportaje fotográfico que adjunto sigue estrictamente el itinerario que hice.

         

 Comentarios personales del viajero

 

 En el menú de bares y pequeños restaurantes se comen 3 platos. Por supuesto, la pasta es siempre uno de ellos. Así que pasta para comer y pasta para cenar. No está cocida al nivel que los españoles llamamos “al dente”. No. Está cocida a lo que los italianos llaman “al dente”, lo que un español diría a medio cocer. El arroz también lo cuecen “al dente”. Las ensaladas las sirven ya aliñadas, pero solamente con unas gotas de aceite. Si pides vinagre te dicen que ni tienen y me he fijado que efectivamente ellos las comen así, quiero decir a medio aliñar. Tienen muy buen tomate y también lo que llaman ellos aceite virgen extra (que yo creo que no es ni tan virgen ni tan extra), pero eso sí: la botella suele ser negra, esbelta y elegante, con bonita etiqueta de diseño…así decora de bien el italiano y así lo vende de bien.

 

 Creo que en ninguna otra isla del Mediterráneo se preparan las berenjenas tan bien y tan sabrosas como lo hace la cocina siciliana, así que enhorabuena. Preparan los macarrones con toda clase de salsas y lo cierto es que saben de maravilla. El vino, que siempre acompaña el menú del día, vayas donde vayas, es con frecuencia blanco y algo dulce y lo cierto es que servido frío resulta muy agradable de beber y además tienen también muy buenos vinos tintos. La cocina italiana demuestra claramente a la española que no es necesario usar ajo constantemente. Creo que el cocinero español deja a un lado las especias sustituyéndolas por ajos. Los camareros italianos son muy buenos profesionales y se cuidan con rapidez y efectividad de muchas mesas al mismo tiempo. Son muy amables con el turista y además también muy diligentes.

 Todos los aseos públicos, inclusive en hoteles, bares y restaurantes, carecen de urinarios de pared, así que cuando un hombre solo quiere hacer un pis se ve obligado a encerrarse en el váter, lo que normalmente origina una larga cola y que es lo que ocurre frecuentemente en los aseos de mujeres. Tras toda una vida viajando han sido poquísimos los países que me he encontrado con este sistema.

 Lo que más se ve en el paisaje son: viñedos, olivos, almendros y chumberas. En algunas zonas he visto castaños que, al parecer, se plantaron en época del rey español Carlos V, cuando Sicilia era española y se utilizaba la madera para hacer barcos.

 Por cierto, muchos son los muros de hormigón y los puentes de las carreteras que tienen parte de sus hierros al aire y oxidados; y no hablemos de la deficiente iluminación de los túneles. Hay cierta indolencia en el mundo de la construcción y en general un mantenimiento deficiente.


 Volveré, a Italia siempre se vuelve.

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