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Italia-Campania 19

 Mayo de 2019

Italia de nuevo, Nápoles de nuevo. Y de nuevo lo decrépito, lo sucio y lo abandonado…a veces esto me cruje el estómago y no comprendo cómo puede un napolitano arreglarse, ponerse un traje inmaculado y salir a la calle a presumir dejando atrás su casa cuya fachada desconchada, las escaleras y los pisos, se caen en pedazos comidos por el abandono, la falta de mantenimiento, la desidia…

Hacía muchos años que no regresaba a Nápoles y ahora albergaba la esperanza de no encontrarme con las imágenes que, en su día, me quedaron grabadas en la retina: aquellas sucias calles, aquel “tirar todo por la ventana”, aquella ropa colgada a secar en aquellas estrechas calles que formaban una especie de “conventillo” arrabalero bonaerense…en fin, ejemplo, sin lugar a dudas, de lo que una ciudad no debería ser y de lo que unos ciudadanos no deberían soportar o permitir: el abandono, la suciedad, lo cutre y el ruido, las basuras por el suelo. No hablemos del estado de las aceras, de las calles, de la falta de puntualidad, del desorden, de la falta de mantenimiento en todo o de la anarquía en la conducción, etc. Pero sí es cierto, y quiero reconocerlo, que hay en ellos una gran creatividad, imaginación, ingenio, mucha rapidez en la ejecución, ejemplos de moda que marca la línea en el mundo entero, diseño de primera, innovación, etc. etc. Quizás el comportamiento indisciplinado y anárquico sea el caldo de cultivo para la creación, el arte, la invención, las letras, etc. Pues bienvenida sea su forma de vida y sus descuidados entornos si ello conlleva a la evolución del arte.

Pongamos el ejemplo de hoy mismo, jueves, 23 de mayo de 2019. El autobús que tomé temprano para ir de Nápoles a Amalfi, se averió al cabo de media hora de circular; así que tras otra media hora de intento fallido de arreglarlo llegó por fin otro autobús de la compañía a recogernos. Seguimos nuestra ruta y también una media hora después el nuevo autobús se para en mitad de una cuesta por no tener fuerza al calentársele el agua. Así que vuelta a salir del coche y pasear por la carretera. Y otra media hora más tarde aparece el primer autobús averiado el cual, al parecer, había sido reparado “provisionalmente” por el primer chofer con ayuda de un alambre o algo parecido…increíble. Así que nuevamente nos ponemos en marcha tras haber perdido un par de horas. Así que he aquí a un chofer que con mucha imaginación y pocos medios ha sabido arreglar su autobús, ir a buscarnos y solucionarnos el día.

Por otra parte, no es menos cierto que, Nápoles, es una ciudad muy culta, con 2.500 años de antigüedad, con ruinas griegas y romanas, con una atractiva Catedral, con Barrios Españoles del XVI, Basílicas, Iglesias, Castillos, Monasterios, Museos… Así que, ahí estamos: puede caerte hoy bien y mañana mal, adorarla hoy y aborrecerla mañana. Tú mismo, señor viajero.

Sigo viendo hombres de más de 60 años modernamente vestidos: deportivas sin calcetines, aún en invierno, chaquetas muy modernas de sport, pantalones tobilleros, pañuelos o bufandas o fulares como detalle de vestir, siempre más elegantes y mejor vestidos que las mujeres.

Si el viajero dispone de un poco de tiempo, además del gran interés que tiene la ciudad de Nápoles, cuya visita detenida es obligada, es aconsejable visitar Sorrento, Capri, la Costa Amalfitana, etc. Cómodos transbordadores pueden llevarte desde el puerto de Nápoles o Sorrento a cualquier parte de la región de Campania.

Me alojé por unos días en la estrecha Vía Chiaia, lugar adecuado para visitar la ciudad: Plaza Plebiscito, Galería Umberto I, Paseo Marítimo con su castillo del Ovo y la zona de Mergueritte, la calle Toledo con su bonita estación de Metro, el Barrio Español, Plaza de Dante, calle Tribunal, Catedral de San Genaro, San Gregorio Armeno, La Misericordia y Caravaggio… Y sin olvidar subir en funicular al barrio Vómero (más cuidado que el resto de la ciudad) y visitar también su castillo de San Telmo y su mirador sobre la ciudad, etc. etc. En esta ocasión no me ha apetecido visitar nuevamente el Vesubio ni tampoco Pompeya. Pero uno no puede dejar a un lado el Vesubio, no, está ahí presente vayas donde vayas, hagas las fotos panorámicas que quieras…siempre está ahí con su voluminosa presencia.

Las pizzas, aunque en ocasiones al horno de leña, son muy gruesas y se sirven bastante crudas. Lo mismo pasa con sus arroces y sus espaguetis que suelen cocinar al punto. Algo resulta especialmente atractivo en Nápoles: su pastelería. La sfogliata frolla (bollito con crema de almendra dentro) y la sfogliata riccia (pastel crujiente de hojaldre-mil hojas rellenado también con crema de almendra). Deliciosos. Otra formidable cualidad de los napolitanos: su amor a los perros pues juraría no haber visto en mi vida una ciudad con tantos perros y tan bien cuidados.

Por unos días salto a Sorrento, que sigue con sus limoneros por todos los rincones de la ciudad, de los que sacan su licor limoncello que venden en todas las tiendas; también visité su pequeña pero atractiva catedral, sus preciosos acantilados sobre cuyo borde hay hoteles y villas privadas…su diminuto puerto, etc.

Otro día tomo un ferry a Capri, recordando mi primera visita en los 60 en donde se filmaban todavía películas en blanco y negro. A la entrada, el paraje que rodea el puerto sigue siendo muy atractivo. Día soleado y buena comida al pie del puerto. Remonto con el funicular a la parte alta de la isla y camino hasta el rincón de la costa donde se ubican las tres rocas o islotes famosos que representan a la isla en postales y reportajes.

Otros días recorro la Costa Amalfitana que es aún más agreste que la asturiana, casi vertical, con casas e iglesias colgadas, con mucho arbolado a base de coníferas, con altos acantilados, con montañas con crestas dentadas en sierra, con pueblos construidos sobre laderas de enorme pendiente, con carreteras formadas por solo curvas que rodean las casi verticales vaguadas...en fin un terreno muy accidentado en el que resulta muy difícil el transporte, la construcción de viviendas, el trabajo de los campos de cultivo que exige, etc. Todo ello con mucho tipismo, antiguo y con un mar bravo que dificulta la formación de playas y que amenaza las embarcaciones cuando hay mal tiempo y no encuentran lugar de abrigo donde protegerse. Tan lleno de turistas, ya en mayo, que, por tratarse de carreteras extremadamente estrechas, los autobuses han de hacer maniobra para cruzarse. Ahí se ve lo bien que conduce el italiano y su imaginación para resolver estas dificultades.

Estuve en Amalfi, el pueblo-capital de esa zona de costa que va desde Sorrento a Salerno, llamada Amalfitana, y también visité otros pueblos de esta costa como el llamado Positano de características similares a las de Amalfi.

Hasta otra.

 

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