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Francia-Alsacia 82 y 13

 En un principio no era mi intención incluir en “sabinoelviajero.com” los pequeños viajes hechos por España y por los países europeos más conocidos dado que estos están a la altura de cualquier viajero. Me decidió, el hecho de pensar que alguna fotografía pudiera ser un documento de interés para algún seguidor de la web.

 
 Año 1982 y 2013

Había estado en Alsacia en el otoño de 1982; en aquel entonces los viñedos estaban serios, muy serios: ni una sola hoja, ni un solo racimo…En esta ocasión tuve más suerte; todo aparecía con más colorido, había más luz, más verdor, más vida. Los pueblos que jalonan
la pintoresca Ruta del Vino, situados en la falda de la cordillera de los Vosgos, están más cuidados que entonces. El turismo, que ha ido incrementándose con los años, ha despertado un especial interés en los ayuntamientos por cuidarlo,
  además del aspecto de los viñedos, los pueblos, sus calles y sus preciosas casas con influencia alemana. Esta influencia tiene que ver con una historia de guerra, entre Francia y Alemania, que ha traído consigo cambios de nacionalidad, según el ejército de ocupación y los tratados de paz.

 El viaje o mejor dicho la Ruta, comienza unos kilómetros al sur de Colmar, villa-capital de ésta y hay que remontarla hasta muy cerca de la capital de la baja Alsacia, Estrasburgo; se trata de un agradable itinerario en el que se visitan, además de los viñedos, los pueblos y aldeas de la falda oriental de Los Vosgos. Recomendaría volar, por ejemplo, bien a Estrasburgo o a Basilea o a Zúrich (según la tarifa más económica) y, en el aeropuerto, tomar un sencillo coche en alquiler y disfrutarlo. Se cruza el Rin y ahí está Alsacia.

 El pueblo de mayor interés es Colmar, (nombre que se dio hace años a un restaurante en el Paseo Marítimo de Palma de Mallorca), que está lleno de edificaciones con arquitectura alemana de hace un par de siglos: las estructuras de las mismas son todas en madera y quedan a la vista las vigas que las componen; los espacios entre ellas son cerrados o rellenados con masa arcillosa. Realmente son preciosas fachadas con mucho sabor y resaltan por estar, además, pintadas en colores vivos.

 Al final de la Ruta se llega a la deslumbrante Estrasburgo, ubicada sobre el Rin, y sede del parlamento europeo. Su bellísima catedral, los canales y ramales del Rin, la navegación por ellos, su nueva estación central, su edificación, etc. le dan un carácter de distinción indiscutible. No obstante, la ciudad, tiene algunos rincones, no tan turísticos, cuyo nivel de limpieza o cuidado no es el esperado de una ciudad de su categoría. Francia no suele cuidar sus ciudades tanto como lo hacen Suiza o Alemania.

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