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España-Zona Norte 95-II

 En un principio no era mi intención incluir en “sabinoelviajero.com” los pequeños viajes hechos por España y por los países europeos más conocidos dado que estos están a la altura de cualquier viajero. Me decidió, el hecho de pensar que alguna fotografía pudiera ser un documento de interés para algún seguidor de la web.

 Julio de 1995
 
 Huesca-Lérida-Andorra-Girona-Barcelona-Zaragoza-Teruel-Guadalajara
 
 Mi viaje comienza por la parte del Pirineo Aragonés en donde terminé el mes pasado. Por tanto arranco en Sabiñánigo y recorro Panticosa y su balneario (cutre y decrépito, entonces), Sallent de Gállego, Formigal, Lanuza, etc. Después salto al valle de Brotto, Torla, valle de Ordesa y Ainsa.
 
 En ocasiones lamento haber vuelto por aquí. Han pasado 20 años y aquellos pueblecitos pintorescos situados al pié de la montaña se han convertido en enormes bloques de apartamentos que impiden ver la iglesita y su campanario que era lo que realmente llamaba la atención de los visitantes. Ahora las carreteras son mejores, pero los pueblos están estropeados al haber acudido tanta gente. A Ainsa aún le queda algo de encanto, al igual que al parque nacional de Ordesa. El bonito pueblo de Torla también lo están estropeando.
 
 De Ainsa, por el desfiladero de los Bellos, al valle de Añisclo, tras un largo camino que recorrí a pié; después remonté hacia Bielsa y posteriormente al maravilloso valle de Pineta, pernoctando en el Parador Nacional de Monte Perdido. El paraje es inmejorable: rodeado de altos picos (Monte Perdido y el Cilindro), grandes y múltiples cascadas, arroyos, puentes, bosques de avellanos, etc. De aquí, pasando nuevamente por Ainsa, hacia Campo para después subir a Benasque, su valle y su puerto de montaña. Después descendí a Castejón para cruzar hacia el Pirineo Leridano que comienza tan pronto como se pasa el rio Noguera. Los últimos Km de este tramo (coll de Fabas, collado de la Espina, etc.) están compuestos por unos pueblecitos situados en la cumbre de algunas montañas.
 
 Entré en el pirineo Leridano por la carretera de Viella, cuyo estrafalario túnel de 5 Km atravieso, y me detengo en su Parador Nacional, donde estuve alojado unos días hace años. Visito el Valle de Arán, con mal tiempo, y me alojo en el Parador Nacional de Arties que no es ninguna maravilla. Es lamentable ver lo que se ha hecho en el valle de Arán: los pequeños pueblecitos (compuestos por la iglesita de estilo pirenaico y cuatro casitas alrededor de ella) se han convertido en enormes centros urbanos pues han convertido las ZONAS RÚSTICAS EN URBANAS.
 
 De aquí a la Seu D'Urgel, a través del puerto de la Bonaigua y Sort, disfrutando del paisaje. Me hospedo en el Parador Nacional que no tiene más encanto que un falso claustro románico en su interior. Por el contrario, la Catedral y su claustro románico son una verdadera maravilla. De Seu D'Urgel a Andorra, donde sí que lamenté haber vuelto, dada la suciedad, exceso de edificación y tráfico. De aquí, pasé a la encantadora Cerdaña que sigue siendo una comarca muy atractiva por su autenticidad, sus valles y sus pueblecitos, visitando Bellver, Pi, Nas, Meronges y Bolvir.
 Después paso a Llivia, pueblecito catalán dentro de Francia y finalmente Puigcerdá que no vale gran cosa. De allí me dirigí a Ripoll por el verde coll de Toses pasando por preciosos valles (evitando pasar por la popular Molina) y por el pueblo de Ribes. El Monasterio de Santa María de Ripoll no vale mucho pero sí es una maravilla la portada románica de la iglesia. De Ripoll al encantador pueblecito de Beget, pegado a Francia, pasando por los interesantes pueblos de San Juan de la Abadesas y Camprodon. Comienzo a descender de los Pirineos y paso una noche en el Parador Nacional de la comarca de Osona a 15 Km al norte de Vic.
 
 De Vic desciendo hasta Poblet y Las Creus para visitar sus espectaculares y bien conservados monasterios, disfrutando de pasear por los bellísimos claustros.
 
 De regreso hacia Madrid paso por el bajo Aragón arrancando en Mequinenza (con su enorme presa y embalse), después Caspe (donde trabajé hace muchos años) y, finalmente, Alcañiz en cuyo bonito Parador me detengo. El pueblo de Alcañiz no vale gran cosa pero  comí bastante bien en el restaurante de Meseguer. Al día siguiente me encamino hacia Teruel, dejando pendiente la zona del Maestrazgo para otra ocasión, y lo encuentro en plenas fiestas de La Vaquilla del Ángel. Todo gira en torno a los toros: hay rejoneo a las 12 de la noche y vaquillas a las 2 DE LA MADRUGADA. Los mozos y mozas no ofrecen muy buen aspecto: se llenan sus blancas camisas de vino, se revuelcan por el suelo y se emborrachan brutalmente y digo esto porque su borrachera no es el resultado o la consecuencia de estar alegres pasándolo bien, sino que, parece, se emborrachan para hacer más “el bestia”. Nunca había visto una juventud española tan salvaje.
 
 Teruel sigue teniendo el encanto de la capital provinciana pequeña y del dulce arte mudéjar que la caracteriza. Ha crecido considerablemente en los últimos 10 años. Dentro de la provincia el pueblo de Albarracín, en la sierra a la que da su nombre, resulta ser encantador y formar un agradable conjunto histórico-artístico.
 
 Parto hacia Madrid deteniéndome en el pueblo de Molina de Aragón (Guadalajara) para contemplar su castillo medieval que no tiene gran relevancia.