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España-Otoño 98

 En un principio no era mi intención incluir en “sabinoelviajero.com” los pequeños viajes hechos por España y por los países europeos más conocidos dado que estos están a la altura de cualquier viajero. Me decidió, el hecho de pensar que alguna fotografía pudiera ser un documento de interés para algún seguidor de la web.

 Año 1998

 El Norte de España es la parte del país más idóneo para vivir de cerca los colores del otoño español. Hace exactamente cuatro años, pues fue el mismo mes y la misma semana, recorrí el norte del país buscando esos amarillos y esos ocres tan característicos del otoño. Ese viaje en otoño, incluido en esta página web, muestra fotos que reflejan la existencia de los mencionados colores.

 Esta vez, con mi guía de hayedos en la mano, empecé a recorrer bosques y más bosques de unas y otras provincias. Al final llegué a las siguientes conclusiones:

 a) Los hayedos, a menos que los visites un determinado día, toman, en el otoño, un color marrón feúcho.

 b) Los hayedos tienen, afortunadamente, robles, álamos, chopos, fresnos, etc. entremezclados con las hayas.    He aquí la belleza:el amplio abanico de amarillos de los olmos y  los chopos, unido al ocre de los fresnos y  los robles forma un conjunto maravilloso. Se trata de bellísimas tonalidades, que le ponen a uno la carne de gallina al contemplar esos densos bosques en los momentos en que son iluminados por un fuerte sol. ¡Ay!, cómo me emociona verlo.

 c) Hay algo, también, que olvidamos en otoño y que, en esta ocasión he disfrutado: las vides de La Rioja que pasan, dulcemente, del amarillo al rojo burdeos, atravesando por ocres amarillentos muy brillantes y muy vivos. El mal tiempo no me permitió visitar los bosques de Navarra.

 El Puerto de El Pontón en León estaba fantástico así como el de Piedrasluengas en Palencia,  el de San Glorio en Santander, etc. Para colmo, a mi regreso, atravesé la Sierra de Guadarrama que ofrecía también un maravilloso espectáculo.

 Además, descubrí el nuevo parador de Cangas de Onís; comí muy bien en un bar de comidas en mitad del desfiladero de los Beyos; visité el entrañable pueblo de Pedraza en donde compré algunos muebles y me comí un maravilloso corderito lechal, etc., etc.

 Bueno pues hasta otra. Me encanta viajar por esta parte del país durante esta época del año.

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