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España-Otoño 14

 Otoño de 2014

 Con cierta frecuencia, quizás cada 2 o 3 años, recorro el bosque templado español que solo existe y discurre a lo largo de la Cordillera Cantábrica y de parte del Pirineo. También, y de forma aislada, aparece en lugares como el Montseny, Fageda d'en Jordà (Girona), Iregua (Rioja), Montejo de la Sierra en Madrid etc.  Para mí, una de las áreas más completas está en la Comunidad Foral de Navarra y en sus inmediaciones en el País Vasco, objeto de este viaje. No es menos cierto que en las montañas de provincias como Asturias, León, Santander, Palencia y País Vasco, todas ellas en nuestra Cornisa Cantábrica, también hay majestuosos bosques vestidos de otoño.

 Según como sean los meses de septiembre y octubre: lluviosos o secos, templados o fríos, con heladas o sin ellas, ventosos o no ventosos, etc. así aparece el otoño en el bosque húmedo: hojas con color vivo o brillante, ocres mas intensos, hojas en el árbol o en el suelo, se suele presentar en la última semana de octubre o primera de noviembre o, como en este año, que al haber habido un caluroso octubre y sin helada alguna, ha aparecido la tercera semana de noviembre...es decir, éxito o fracaso en ese viaje que uno planifica para presenciar los caducifolios en la tierna y colorida muerte de sus hojas. A veces, es algo así como jugar a las 7 y media…que te pasas o no llegas. Tras mis múltiples viajes por los hayedos otoñales, llegué a tomar nota de cada bosque, de cada rincón, de la pensión más cercana al hayedo, robledal, abetal, etc. y sus teléfonos para llamar y preguntar "¿cómo está viniendo el otoño?" y así acertar con los días adecuados para mi viaje. En ocasiones, una semana antes o después puede suponer un  éxito o  un fracaso ya que una sola noche ventosa puede tirar abajo las coloreadas hojas ...y tener que irse uno del bosque con las manos vacías, sin ver el espectáculo, sin una fotografía… y decir adiós hasta el siguiente año. En resumen: hay que tener suerte pues no basta con la observación e información, no, hay que acudir a los lugares ya que, en ocasiones, la parte alta del bosque está fenomenal pero las laderas bajas muy mal y viceversa.

 Fui testigo, cuando atravesé Siberia, de cómo, a principios de septiembre, su bosque templado (prolongación del nuestro tras atravesar Europa) aparecía con los maravillosos colores otoñales; ello demuestra que los árboles saben muy bien, según las condiciones climatológicas en las que viven cuando, exactamente, deben desprenderse de sus hojas por no poder atenderlas cuando llega el frío. Los hayedos en España tiene una superficie total de 300 mil hectáreas y hasta ahora ni el cambio climático ni el hacha han podido con ellos. Constituyen uno de los bosques más jóvenes de la Península.

 Inicié el viaje por la provincia de Álava visitando el Valle de Altuve en la carretera a Orduña; el hayedo estaba coloreado por igual pero sus hojas con escaso brillo. Además, el día estaba cubierto y los colores, aunque homogéneos, no sobresalían, lo que me impidió hacer fotos. Esa noche dormí en el parador de turismo de Argómaniz (Álava), ahora totalmente renovado y ampliado y, por cierto, muy económico.

 Después me desplacé a la sierra de Urbasa (Navarra), donde la fina niebla y el fuerte viento me impedían contemplarlo y hacer fotos aceptables del hayedo. En cualquier caso las hojas, marrones, sin ocres ni brillo, escasean este año debido al viento de los últimos días. No aparecen los bonitos ocres. He estado varias veces en esta sierra en el otoño. La primera vez que vine tenía 11 años y permanecí un mes en ella, alojado en unas colonias que patrocinaba la Caja de Navarra. Me trasladé desde Gijón  yo solo, en tren y durante la noche, debiendo hacer tres transbordos: el primero en León (entre las 10 y doce de la noche), el segundo en Venta De Baños (entre las 3 y 5 de la madrugada) y el tercero en Alsasua, Navarra, (entre las 7 y 9 de la mañana) para, de aquí, tomar el tren a Pamplona donde llegué sobre las 10 y algo. Así fue como descubrí que viajar era para mí algo muy especial.

 Seguí carretera hasta la Sierra de Aralar donde me encontraría con los abedules de poca hoja, los robles en marrón oscuro y las hayas también. Fracaso casi total. Llegué por la tarde a la Selva de Irati, siempre en Navarra, para encontrarme con la misma papeleta. Este es el hayedo más extenso de Europa. El todos los sitios he sido capaz de encontrar algún rincón que fotografiar pero, así todo, de no mucho valor. Creo que este año, como otros muchos, los árboles han seguido su camino dejando a los humanos especulando…

 Al siguiente día volví a visitar Iratí y esta vez encontré un rincón de abetos blancos con tonos crema muy original. Seguí por la falda del pirineo, siempre en Navarra, y descendí hasta Isaba para, más tarde, volver a remontar hasta el hayedo del Rincón de Belagua donde también las hojas estaban secas y sin brillo. Cerca de aquí, en el año 73,  y cuando conducía mi  antiguo Seat 124 que había traído de Mallorca, me dio el alto una pareja de la Guardia Civil. Dado que la frontera con Francia está a 2 km y que eran los tiempos duros de ETA, me empujaron contra el talud de la carretera y no me dispararon de milagro pues encontraron una escopeta de pesca submarina en el maletero…años malos para andar cerca de la frontera. 

 Descendí el precioso valle del Roncal, cuna de nuestro cantante de ópera Julián Gallarre, donde estuve por última vez en el año 2005, y disfruté de sus cuidados pueblos, de su río y de su paisaje. Continué, dejando atrás el Pirineo  Navarro, en dirección a Álava, para detenerme una vez más en la sierra de Urbasa en cuyo bosque descubrí algún rincón otoñal más y después pernocté nuevamente en Argómaniz donde paseé, al caer el sol, hasta la vieja ermita, hoy en día restaurada. El cielo se cubrió y a la mañana siguiente, dada la nubosidad y falta de luz, detuve mi visita a los hayedos del bosque templado pasando por los dos parques que hay a ambos lados de la N 240, unos 40 km antes de llegar a Bilbao.

 Espero tener más suerte el próximo año. Hasta otra.

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