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España-I.Canarias-I.de Gran Canaria 14

 Noviembre de 2014

 La última vez que estuve aquí, en junio del año pasado, me prometí a mi mismo volver tan pronto como pudiera pues eran varias las cosas sueltas que me quedaban por ver o bien repetir algunas. La impresión que me llevé de la isla y de sus gentes fue alta y de ahí mi deseo por volver pronto. Así que, este mes de Noviembre, que se presentaba frío y lluvioso en la península, me pareció la ocasión adecuada para repetir el viaje. Intenté en mis itinerarios con coche buscar aquellos rincones no visitados anteriormente, ahora bien, en la isla, debido al sistema de carreteras y a la orografía, es inevitable repetir algunos lugares. En cuanto a las fotografías intentaba buscar lugares y rincones nuevos de la isla y, en ocasiones, si no quedaba otro remedio, repetir aquellos ya fotografiados anteriormente pero desde otros ángulos.

 Noviembre forma parte de su temporada alta de turismo. Difícil me fue encontrar hotel como difícil me resultó encontrar coche de alquiler. Al final conseguí ambas cosas y, además, por un precio muy aceptable. Acabé alquilando un apartamento en el pueblo de Vecindario, a unos 15 km al sur del aeropuerto de la isla, localidad agradable y tranquila. Cicar, honesta empresa canaria de alquiler de coches, me solucionó el tema al precio de 20 euros día, incluido seguro a todo riesgo y sin franquicia.

 Inicié mi viaje entrando en la enorme área metropolitana, de más de 600 mil habitantes, formada no solo por  ciudad de Las Palmas sino, también, por los muchos pueblos industrializados integrados en dicha área. Me acerqué al mar para recorrer el paseo de la playa de las Canteras, visita obligada, en el que puede uno encontrarse todo tipo de nacionalidades, creencias religiosas, estilos de vida, edades, razas, etnias, extravagancias...corredores (más que corredoras) y narcisistas solitarios que se exhiben sobre la misma arena de la playa…en fin, lugar agradable para pasear y observar ese mundo globalizado, cosmopolita y libre en el que vivimos. Soleado día, 25 grados y brisa del mar, con bello auditorio de Alfredo Kraus al fondo, y los surfistas intentando sacar partido de un oleaje demasiado flojo. Restaurantes, hoteles, cafeterías, pastelerías y terrazas al sol. Comí en un restaurante regentado por una familia asturiana de Cangas del Narcea y también propietarios de una sidrería en Oviedo. El puerto deportivo de Las Palmas, con miles de barcos de vela y motor, es de grandes dimensiones y no lejos de él está el puerto industrial lleno de enormes grúas de las que, una de ellas, ha quedado aislada, instalada como si fuera una escultura y dedicada a los ingenieros que intervinieron en los proyectos de los muelles durante los últimos 100 años. El parque de Sta. Catalina, de no mucho valor, aloja la oficina de turismo cuyo edificio imita una típica casa de la isla. Destacan en su entorno algunos edificios antiguos de coloridas fachadas.

  Fue interesante visitar la zona de Tafira para ver sus viñedos, el campo de golf construido hace más de 100 años por residentes ingleses, la caldera de Bandama y algunos pueblecitos construidos sobre las laderas de las montañas de los alrededores. Las casas de Tafira Alta, algunas de ellas de interesante arquitectura y de más de cien años de antigüedad, son un atractivo para los turistas.

 En mis itinerarios por las montañas, hice amistad con un ciclista noruego, llamado Häkan Blennow, de 80 años de edad, ingeniero militar a quién, en el pasado abril, le dio un ataque de corazón y, a pesar de ello, todavía seguía pedaleando por las agrestes cumbres...él mismo me confesó que le llamaban “el viejo loco de la bicicleta”.

 Uno de los días salí desde el mismo pueblo de Vecindario y tomé la estrecha y sinuosa carretera de montaña que va en dirección a San Bartolomé, a unos 800 m de altura. Por el camino me detuve para descender al fondo de un barranco donde se había construido una pequeña presa, llamada del Barranco Hondo, alrededor de la cual había un precioso palmeral. Cerca de la presa existía una enorme montaña que ha sido llamada la fortaleza de Ansite. Continué subiendo y me detuve en un precioso pueblo llamado Sta. Lucía. Se trata de un pueblo limpio, blanco y agradable con una bonita iglesia y ricos pasteles de cabello de ángel. Seguí montaña arriba hasta San Bartolomé de Tirajana, donde había estado en mi viaje anterior para continuar, tras pasar el pico de Fataga, al pueblo que lleva el mismo nombre. Cerca de Fagata hay un molino de agua rodeado de un precioso palmeral que está atravesado por un diminuto río (caudal aproximado de 0.5 litros por segundo). Después seguí descendiendo para detenerme en la gigantesca y espectacular Degollada de las Yeguas, con sus montañas, valles, torrenteras de enorme cauce, formaciones rocosas y estratificadas. Más abajo, y a continuación de la Degollada, hay una enorme vaguada que aloja una cantera de áridos para la construcción, que fácilmente podría suministrar este material a más de la mitad de la isla. Por otra parte, a su lado, han construido una fábrica de hormigón de grandes dimensiones. Finalmente se llega a la costa sur que forma un enorme y gigantesco núcleo turístico.

 Lamentablemente se me ocurrió visitar Puerto Rico, núcleo turístico mal cuidado y hacinado, con una pequeña playa y situado sobre la costa que separa Maspalomas de Puerto Mogán. Miles de edificios de apartamentos y hoteles se agolpan sobre las laderas que forman la vaguada en su desembocadura en la playa. Además tiene, al lado de esa playa, un puerto deportivo lleno de barcos nada atractivos lo que acaba condenando a Puerto Rico a una cierta vulgaridad. Por primera vez veo algo así en Gran Canaria. Seguí, por la carretera de la costa, hasta puerto Mogán, atravesando instalaciones turísticas, playas artificiales, grandes hoteles, etc. pero ninguno de estos sitios tenía el aspecto ni el deterioro de Puerto Rico. Finalmente llegué a Puerto Mogán, lugar encantador, que conocía de viajes anteriores, que me sirvió para mejorar mi recuerdo de esa costa sudoccidental de la isla; el puerto está muy cuidado al igual que los barcos atracados en él y las edificaciones que lo rodean. Me encantó. Seguramente repetí alguna de las fotografías de mi anterior viaje.

 
 En conjunto el tiempo durante mi estancia ha sido muy agradable (en cuanto a temperaturas andábamos entre 22 y 26 ºC.) sin lluvia aunque tuve días en que el cielo estuvo medio cubierto. Me vi obligado a volar con Iberia que, por cierto, tenía los pilotos en una huelga de celo encubierta lo que hizo que perdiera las conexiones. Iberia acabará quedándose sola con aquellos pasajeros anclados en "los tiempos gloriosos"…

 Otro de los itinerarios realizados, y que me ocupó dos días, fue el que, partiendo de Vecindario, conduje hasta Mogán para, desde aquí, hacer una subida muy pronunciada hasta la presa de La Niña. A medio camino hay un mirador, El Mulato, con preciosas panorámicas sobre Mogán y su famosa Cruz que es el nombre que dan al pico de una montaña situada frente al pueblo. Seguí subiendo y subiendo hasta llegar a unos preciosos pinares llamados Cruz de San Antonio y Pajonales. Lugar espectacular pues sorprende contemplar como en medio de unas altas montañas áridas y agrestes aparecen frondosos pinares que, por otra parte, habían ardido hacía pocos años pero, este tipo de pino canario vuelve de nuevo a surgir tras haber ardido como una tea. Lástima que no pase lo mismo con el pino peninsular. Tras unas horas recorriendo las pinedas y las presas de la zona continué hacia el este alcanzando el pueblo de Ayacata.

 Desde Ayacata me desvié hacia el norte en dirección al famoso roque de Bentayga, al que di varias vueltas para contemplarlo y fotografiarlo desde distintas posiciones. Erguido en medio de una gran formación rocosa, casi circular, ofrece un aire de superioridad que ya había percibido en visitas anteriores a la isla. Al igual que hace un año, pasé por la limpia y blanca Tejeda (por supuesto con cubiertas de teja árabe de arcilla) para subir a la Cruz de Tejeda (al lado del Parador Nacional que toma su nombre) y comprobar que la panorámica desde el mirador existente cada vez está más tapada por unos pinos, por lo que ha ido reduciéndose a medida que han ido creciendo. El parador ha sido restaurado con aire minimalista. No podía creerme que una noche costase solamente 30 euros.

 Seguí ruta hacia La Aldea de San Nicolás....no sin antes detenerme en la villa de Artenara, en la que había estado anteriormente, donde un vecino me explicaba que esa misma mañana habían tenido un frío horrible (lo que se entiende pues están por encima de 1.100 m de altura; es decir la zona de las Cumbres). Sin embargo, también hoy mismo y en el llano, había según mi móvil 25 grados. El paisaje en las cumbres, además de los distinguidos roques, está lleno de maravillosos y pintorescas panorámicas en las que se pueden observar varios planos formados por líneas de montañas, unas tras otras, entre las que aparece una especie de bruma violeta. De vez en cuando se ve, en un rincón, un palmeral verde que ofrece un bello contraste. Enormes vaguadas y torrenteras de gran pendiente surgen entre montaña y montaña.

 Así de tal modo seguí por una estrecha carretera y por más de 30 km hasta la Aldea de San Nicolás donde había estado y pernoctado un año atrás. La carretera, muy estrecha y bordeando abismos, no permitía el cruce con otro vehículo, así que tenía que salirme de ella en cada cruce. Se pasa por la Vega de Acusa y la presa del Parralillo. Por otra parte, las vistas, la panorámica, las pequeñas presas de agua y los cortes verticales de algunas laderas creaban una enorme belleza....El recorrido, al ser lento e incomodo, se hizo largo a pesar de su interés paisajístico. Tras visitar otra vez La Aldea, de muy escaso valor, tomé la carretera hasta Mogán para disfrutar de las panorámicas de los 25 km que los separa. El recorrido, ya hecho en otros viajes, me permitió ver, una vez más, la típica orografía de las montañas negras volcánicas para, más tarde, entrar, una vez más, en Puerto Mogán, ahora lleno de preciosas buganvillas y disfrutar de una preciosa puesta mientras saborea una fría cerveza.

 Varios

  La gente de Gran Canaria se siente muy española; me atrevería a decir que primero son españoles que canarios; también son muy españoles los andaluces pero, es posible, que primero se sientan andaluces y después españoles…quizás no esté muy acertado en la comparación. Lo que sí es cierto es que, lo que he dicho de Gran Canaria no es extensible a Tenerife pues no se sienten tan españoles, no al menos un cierto estrato de su sociedad. Lea el lector, aquí en mi página web, mi viaje: “España-Islas Canarias 00”. En él cuento como pasé el fin de año 2000 o de siglo en el Parador del Teide.

 País lleno de chumberas y por tanto de higos chumbos que, al parecer, son buenos para evitar las piedras en el riñón.

En esta ocasión, no presté atención ni a Maspalomas, ni a las dunas, ni a la playa del Inglés, ni a la Capital, las Palmas, pues no eran objeto de mi viaje ya que no hacía tanto tiempo que las había visitado. Por supuesto dejé de visitar esta vez el famoso Roque Nublo al igual que la zona norte de la isla como Arucas, Teror, Agaete, etc. todos ellos visitados en anteriores ocasiones.

 Vecindario, el pueblo en el que estaba el apartamento en el que me alojé en este viaje, tenía una gran población puesto que es una especie de pueblo-dormitorio donde se alojan y viven aquellos que trabajan en la industria turística de la gran zona del sur de la isla: Playa de los Ingleses, San Fernando de Maspalomas, Meloneras, etc. en fin, una buena veintena de kilómetros en los que las instalaciones turísticas se concentran o más bien se agolpan. El mismo día que dejaba la isla comenzaban las perforaciones petrolíferas tan odiadas por los canarios y tan impuestas por el gobierno central. Las gentes del pueblo de Ingenio insisten en tener un maravilloso ron de miel, a la par que el mejor vodka del mundo…

 A pesar de la falta de arbolado, causada por las escasas lluvias y por su tipo de terreno, Gran Canaria tiene, en general, gran belleza en su naturaleza.

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