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Dinamarca-Feroe 99

Junio de 1999

 Llegué a Copenhague en un vuelo procedente de Oslo, bien cerrada la noche y en medio de una lluvia torrencial. Pasé la noche en un hotel al lado de la estación central, y a la mañana siguiente tomaba el tren de vuelta al aeropuerto. Lucia un sol radiante. ¡Menos mal!

 Dinamarca es otro de esos países ricos con poca población, muy exportadores y con un talante liberal impresionante. Su capital Copenhague bien podría ser la capital más liberal del mundo. Aquí hay sitio para todos. Siempre que he venido me ha gustado mucho. Ahora, con 4,5 millones de habitantes, tiene una renta per cápita que sobrepasa el doble de la de España.

 En este viaje, en el que he visitado también las Islas del Canal y Svalbard, me he dado cuenta  de que España, pese a los triunfalismos de nuestro gobierno, sigue estando muy lejos de los países europeos del centro y norte del continente. Todo cuesta tres veces más que en España. Cuando en los años 60  viajaba por estos países con nuestra humilde peseta, las cosas eran menos caras que ahora. En aquel entonces un dólar valía 60 Pts (0,36€). Ahora Europa está resultando inalcanzable y quien crea lo contrario está lejos de conocer la verdad. Ni el Mercado Común ni el invento del euro nos servirán de nada. Estamos condenados a ser los pobres de Europa salvo, solamente, Grecia, Portugal e Irlanda; pues Italia hace años que nos ha dejado atrás. (Tenga el lector en cuenta la fecha de este viaje a la hora de valorar los niveles de vida).

 Las Islas Feroe están a más de dos horas de avión de Copenhague. El tiempo era maravilloso pero, minutos antes de llegar, cambió de golpe y no paró de llover en todo el día. Forman una comunidad danesa autóctona desde 1948 a pesar de su pequeña superficie y de su pequeñísima población: 40.000 habitantes, población que va disminuyendo un 2% anualmente. La superficie total del archipiélago ronda la superficie de Andorra. Es un país frío pues aun en Julio, su mes más cálido, la temperatura media es de 9° C.

 Sus recursos económicos actuales están basados en la pesca y  el petróleo. En el año 80  Dinamarca y el Reino Unido estuvieron a punto de entrar en una guerra. Así se las gastaba la Sra. Thacher. El motivo no era otro que el de fijar una frontera entre estas islas y el Reino Unido ya que al haber aparecido petróleo en sus aguas convenía tener las cosas claras. Las explotaciones petrolíferas, que se prometen muy buenas, no han dado comienzo todavía. En la pesca destaca la merluza, los arenques y las ballenas. La capital de las Faeroes es el pueblecito de Tórshavn con 15.000 habitantes. Se hablan dos idiomas oficiales: el danés y el  Faroese. La autonomía del gobierno  es manifiesta: hablan su idioma, tienen sellos propios, control de pasaportes, que te sellan como país independiente,  aduana, etc. Se trata de unas islas con reconocida antigüedad pues en época vikinga ya había pueblecitos de pescadores.

 Las casas de madera, de múltiples colores, salpican las verdes montañas dando al paisaje un aire un tanto naif. Sólo falta el sol, que brilla por su ausencia. El tiempo que he tenido ha sido lluvioso y, por tanto, oscuro.

 Me alojé en una casa particular cuya dueña me dio la llave sin pedirme documentación alguna y sin pagar nada por adelantado y, lo más curioso, sin que estuviera ella en casa; al dármela me dijo: “vaya a la casa cuando quiera e instálese que yo iré esta noche cuando termine mi trabajo”. ¡Increíble!. La gente es muy honesta y espera que tú lo seas también. Los puertecitos son monísimos. No solo por su tamaño sino también por tener unas barquitas multicolores que dan al paisaje belleza y candidez. Detrás de cada puertecito hay una verde y pronunciada ladera que contribuye a completar la belleza del conjunto.

 Son muy volcánicas y casi cada isla es una montaña o un antiguo volcán. Afortunadamente la hierba ha crecido sobre las laderas y el musgo lo ha hecho sobre la parte alta. Me recuerda  Islandia.

 Son tantas y tan pequeñas las islas que componen este archipiélago que a veces hay que hacer un trasiego de transbordadores. Por ejemplo: cuando vas al aeropuerto, situado en una pequeña isla del sur, tienes que atravesar varias islas y tomar varios transbordadores. La capital Tórshavn tienen un pequeño puertecito con mucho encanto y rodeado por un barrio antiguo formado por diminutas casitas cuyos tejados están llenos de hierba o musgo.

 La red viaria es cien veces mejor que la de las provincias españolas. Tiene mérito, pues no son más que un puñado de habitantes y, además, es tan montañoso el país que las carreteras tienen que tener túneles, lo que encarece muchísimo su construcción y mantenimiento. Regalo por supuesto de Dinamarca.

 La capital está en la isla de Streymoy, el aeropuerto en la de Vagar y los pájaros como el petrel, los puffin, etc. en la de Nolsay. También hay otro lugar maravilloso para ver pájaros llamado Vestmanna con preciosos acantilados que, por supuesto he visitado. Todo es más barato que en Copenhague.

 El paisaje, la gente, la orografía, etc. son excepcionales aunque el tiempo… casi siempre es malo. Llueve mucho y las nubes no dejan pasar el precioso sol que, en esta época del año debería estar luciendo. Aquí también tienen algún día de 24 h  de luz y algunos meses de solo noches.

 Hice algunos amigos: la simpática señora del bar en el que comía; el dueño de un barquito amarrado en uno de los puertecillos, y que me llevó a ver unos acantilados con pájaros, la dueña de la casa en la que me alojé, que me freía los huevos de sus gallinas y cuya casa estaba rodeada de un enorme prado en el que pastaban ovejas con unos cuernos impresionantes... etc. Son gente muy abierta y hospitalaria que se interesaba por mis cosas, me preguntaban y escuchaban con atención. Casi todos hablan algo de inglés pues para ellos es un idioma más fácil que para nosotros. En estos países en los que se habla la lengua materna, la población está obligada, desde pequeños, a aprender un segundo idioma: el inglés, en este caso. Además, las películas no se doblan y en la universidad los libros de las especialidades son todos en inglés.

 Las gentes de las Feroe no parecen isleños pues son muy abiertos y se enrollan con los forasteros constantemente. Todos querían hablar conmigo para preguntarme de dónde era y cuál era el motivo de mi visita. Creo que fui el único turista extranjero durante esos días. Hay otros turistas pero son todos daneses y parecen de su "imserso".

 Estoy completamente seguro de que volveré  pronto a estas islas. Son una maravilla y te sientes mejor que en casa.

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