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Croacia-Dubrovnik 17

 Mayo de 2017

 Mi primer viaje a Croacia fue durante los 70, años en los que formaba parte de la Yugoslavia de Tito, su dictador socialista, muy respetado entonces por mantener la nación como no alineada ni con Rusia ni con USA. Aquellos eran los años de la autogestión de las empresas, los años en los que un sistema socialista radical podía todavía ofrecer ilusiones a los jóvenes: un éxito.

 Volví en alguna otra ocasión y finalmente en el 2012, hace solo 7 años, recorrí la Croacia moderna que acabaría integrándose en la Comunidad Europea. En esta última visita me encontré una Zagreb moderna, una Dubrovnik exquisitamente restaurada y con un turismo muy productivo al igual que una Split muy histórica. Con su moneda Kuna bien posicionada y una renta con aire europeo. Aproveché para recorrer con mi coche también Pula en la península que entra en el Adriático, pero que no tiene un gran valor.

 En el presente viaje, arranco en Dubrovnik. La República de Croacia, de superficie una décima parte de la de España, sigue con sus algo más de 4 millones de habitantes. La suerte que tiene, comparándola con los demás países de la Yugoslavia dividida en 7 naciones, es que tiene solo una religión, una sola lengua oficial y una etnia muy dominante. Son croatas y católicos en un 90% y esto facilita la unidad de un país de forma fulminante. Lo mismo ocurrió en su día con su vecina Eslovenia. Aunque no está en la zona Euro, admiten el euro al tiempo que su moneda, la kuna. El paro ronda el 18% y su renta anda por la mitad de la de España. Exportan algo de gas y de petróleo.

 Hay mucha caliza en sus montañas, típico de las costas mediterráneas, pocos prados, muchos cipreses, olivos y pinos. El paisaje bien podría ser el de Israel, Chipre, etc. Bosque bajo por doquier y casas de piedra con tejados de teja árabe; el mar no tiene el encanto ni el color del de Mallorca pero el clima es similar en toda esta costa dálmata.

 La Ciudad histórica de Dubrovnik, llamada también Ragusa, parte minúscula de la ciudad actual, sigue con su especial encanto: una atractiva muralla medieval, totalmente restaurada, un intramuros muy cuidado con palacetes, iglesias y monumentos, todos ellos utilizados mayormente con fines turísticos...en fin un agradable lugar en el que te despluman simplemente por tomarte un par de cervezas o una humilde comida en alguno de los cientos de bares y restaurantes que alberga esa ciudad compuesta por antiguas y limpias calles que componen el famoso e histórico Dubrovnik. Destaca el Palacio Sponza , también llamado Divona, en el que en estos días había una original exposición de pinturas. Me gustó su arquitectura e hice fotos de su patio interior.

 Cada vez hay más turistas; un sinnúmero de cruceros fondea en las inmediaciones y trasladan, al pequeño puerto de la parte histórica, a sus pasajeros en adecuadas embarcaciones. En ocasiones, algunos cruceros consiguen atracar en el puerto nuevo y es con autobuses que son trasladados al centro. Cuando hay cruceros, en algunas horas del día resulta incluso difícil caminar entre la multitud. Como casi todo va empeorando, los precios son cada vez más caros y se pagan 3 euros por una pequeña botella de agua y 5 por una caña. Por subir a la muralla y poder recorrerla ahora se pagan 150 kunas por persona, lo que supone 20 euros...y ¡así todo!

 A pesar de ser mi cuarta o quinta visita, he de decir que el lugar es muy agradable y puede visitarse con cierta frecuencia; claro que a ser posible mejor evitar los meses o días de cruceros porque como decía apenas se puede caminar. Me alojé fuera del bullicioso recinto histórico desplazándome a una distancia equivalente a un paseo de 20 minutos. Los alojamientos que se alquilan en la parte histórica suelen ser habitaciones sueltas o bien pequeños apartamentos ubicados en estrechísimas calles que llevan al pie de la muralla y que, por tanto, tienen muchos escalones; por supuesto tampoco hay casa alguna con ascensor que pueda aliviarte con la maleta, ni tampoco entran en ese recinto los taxis…así que hay que prepararse para cargar con el equipaje desde la puerta de entrada de la muralla.

 Recorrí parte de la costa dálmata en la que hay muchas islas, se habla de unas 1.000 aunque muchas no son más que una roca y no muchas las habitadas. La vegetación es muy mediterránea, las montañas son de caliza pelada y hay muchos cipreses y muchas embarcaciones con turistas...las aguas no tienen colores tremendamente atractivos, pero sí que la costa es muy tranquila al tener delante islas que la protegen del temporal. Los pueblos costeros aparecen muy cuidados pues al ser de piedra las casas y tejados de teja árabe requieren poco mantenimiento. Los pueblos de la costa están a media ladera ya que las montañas llegan al mar. Vi grandes criaderos de ostras y de mejillones y la famosa muralla que defendía la sal de los piratas, etc. Pasé por Neum, pequeño puerto de mar que pertenece a Bosnia-Herzegovina y en donde me detuve a comerme unos pastelillos de su especialidad y también disfruté todo el tiempo de la hermosa luz de esa costa dálmata, de sus muchas islas y del alto nivel de limpieza de la zona. Subiendo la costa aparece un enorme valle extremadamente fértil plantado de frutales y bajo cuyo suelo hay agua y no precisa riego. Toda esta parte de Croacia es una lengua muy estrecha.

 Al igual que otros turistas, visité la isla de Lokrum, de no mucho valor, donde rodaron “Juego de Tronos”. La había recorrido hacía muchos años y ahora he comprobado que está muy arreglada para el turismo y con el trono que utilizaron para la película.

 Hasta otra

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