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Bulgaria 13

 Octubre de 2013                                                            

 El tiempo atmosférico durante mi visita a este pequeño país(una cuarta parte de la superficie de España) no pudo ser mejor ni estar más del lado del visitante: sol luciendo todo el día con mañanas y noches algo frescas y siempre en mangas de camisa. Había visitado la costa búlgara en el año 69 y, posteriormente, desde Estambul había dado un salto en los 90 cuyas impresiones y reportaje incluyo aquí.

 Se trata de una población agradable y hospitalaria y para nada tienen el estilo altivo ruso, ucraniano o bielorruso, aun cuando su renta por habitante anda por el estilo: unos 6.000 dólares. Son pocos, muy pocos en cuanto a población y no llegan, en este momento, a 7 millones. Aquí no hay mafias, ni chulos, ni ostentación, ni cochazos…lo que tienen de malo son unos gitanos, quizás solo un 5% de la población del país, que se encarga de emigrar por Europa y desprestigiarlos con sus fechorías; Rumanía sufre el mismo problema que ellos. La capital, Sofía, se acerca a los 1,8 millones.

 Se ven pobres por las calles y hasta puestos de ropa de segunda mano, pero no hay mendigos que te incordien todo el tiempo como pasa en nuestra España cuya renta sextuplica la de ellos. Quizás sea una cuestión de dignidad. Abolieron, en su día, la monarquía y estuvieron dentro de la URRS hasta el 1944, año en el que montaron su propia república popular para, finalmente, en el 1991, verse libre de todo y empezar nuevas andaduras con un parlamento democrático. Se unió a la OTAN y ha estado simbólicamente en Irak y en Afganistán.

 Como son tiempos malos, les baja la demografía y les sube la emigración…así que cada vez son menos. Se distingue, entre la población, a los turcos pues se quedaron tras la expulsión del imperio otomano y que quizás se acerquen al 15% y que, por otra parte, son musulmanes en religión y comportamientos. Ellas llevan el hijab. Ahora pienso lo increíble que resulta que, en Europa, no solo este país sino toda la Yugoslavia hayan estado bajo el imperio Otomano hasta muy a finales del siglo XIX…así se explica la influencia turca y musulmana. Su divisa, la nueva Leva, de muy poco valor, tardará muchos años en ser sustituida por el euro. Hay algo muy sorprendente en su código penal y que se diferencia del español: nadie debe de estar más de 20 años en la cárcel.

 Auténticos búlgaros solo son un 85%, turcos un 10% y gitanos un 5%. En cuanto a religión, los ortodoxos llegan al 75%, los musulmanes al 15% y los católicos al 10%. Son algo más longevos que sus vecinos, llegando el hombre a los 70 años y la mujer a los 77. Tienen solo 3,5 médicos por cada mil habitantes. El paro que  oficialmente  dicen tener es del 10% en el hombre, pues la mujer rebasa el 50%.

  Recorriendo Sofía llama la atención las muchísimas esculturas de bronce que tiene por los parques, las plazas, las calles peatonales, universidad, edificios gubernamentales…es como una plaga, hay cientos y cientos de ellas. Casi todas hacen referencia a los años de guerra, a los valores de la familia, a los ilustres ciudadanos que, por supuesto, eran simpatizantes del socialismo, a militares, etc. La plaza de Alexander, donde se ubica la Catedral que lleva su nombre, es sin lugar a dudas  lo más bello y arquitectónico de la ciudad. Se  respira seguridad y tranquilidad por sus calles, mucho más que en las nuestras.

 Sofía está al pie de una cordillera de montañas de unos 3.000 m,  nevadas durante  buena parte del año. Abundan los parques y jardines por doquier y se nota lo orgullosos que están de su pasado romano; tanto es así que nombran calles, hoteles y otros rincones, con nombres de la antigua Roma. La escritura cirílica dificulta la lectura de las calles, organismos, lugares en general, por lo que he de preguntar, muy frecuentemente, para encontrar un restaurante, una estación de metro, una oficina de cambio, etc.

 En Bulgaria, quizás debido a la influencia turca, se hace buen café en todos los sitios que he estado: hoteles, restaurantes, bares, etc. Por cierto que hay muchas terrazas; bastantes  calles peatonizadas y es en ellas donde los bares aprovechan para poner sus mesas y dar vida a la ciudad, haciendo que los ciudadanos convivan y conversen entre ellos. Al haber tan poco turismo y, posiblemente, ser las leyes muy severas nadie, salvo los bancos, pueden cambiar divisas a extranjeros; así que me pasé un domingo teniendo que pagar pequeñas comidas y consumiciónes con tarjeta de crédito. La gente viste sin marcas, humildemente, pero muy aseados y sin emplear, constantemente, ni la chupa negra de piel, o imitación, ni los consabidos vaqueros sin lavar como hacen los rusos y los ucranianos. Por cierto, en Bulgaria no se ven perros.

 Los búlgaros no son muy altos y ellas tampoco son tan altas ni tan atractivas como las eslavas de otros países, también ex comunistas, de la zona. Aquí no hay eslavas porque los rusos no se asentaron aquí como lo hicieron a lo ancho de todo su imperio socialista. Sí que está de moda, en los hombres, el jersey a rayas horizontales de cuello cerrado, y de colores negro o gris, que evita el uso de la camisa. ¿Y de qué viven los búlgaros? Buena pregunta: su amplia agricultura, que les permitía exportar, ha ido decreciendo así que tienen un poco de pesca en el Mar Negro, modestas reservas de petróleo y gas natural al igual que de plomo y carbón…bueno, tienen a la Unión Europea para echarles una mano…Cuentan con una central nuclear que produce 1/3 de las necesidades y una pequeña industria química. Todavía no soy capaz de entender ¿por qué la Unión Europea tuvo interés en Bulgaria? Corramos un tupido velo. Los de ARRIBA nunca preguntan la opinión de los de ABAJO…

 Son muy moderados y educados en la conducción y siempre ceden el paso a los peatones aún en los casos en los que no tengan preferencia. Sofía es una ciudad fácil de recorrer y no tiene muchas cosas que atraigan al visitante, así que me largué a ver el país. Por cierto, durante mi estancia en Sofía, no he visto más allá de media docena de turistas.

 Con un coche de alquiler me desplacé, en un soleado día, a Plovdiv, segunda ciudad del país y situada a 145 km al sureste de Sofía y con una población de unos 700 mil habitantes. Uno de los túneles que atravesé llevaba nombre romano que recordaba a la antigua Tracia. Así que todos ellos son tracios. También atravesé preciosos bosques con colores otoñales. Recordé por el camino, al tropezarme en una gasolinera con unos turcos, que el Imperio otomano estuvo aquí nada menos que 500 años y que no se fueron hasta que Rusia los echó no hace tanto.

 En esta ciudad hay algunas ruinas romanas de un teatro y de un hipódromo. Hay, también, un viejo barrio en lo la parte alta donde se han construido viviendas con un estilo que consiste en decorar las fachadas. Cuenta con una enorme mezquita. La ciudad, en general, no tiene mucho valor.

 Pues bien, en otra ocasión y a ser posible durante el verano, volveré a visitar este país quizás entrando por el Mar Negro como hice en el año 69. Hasta otra.

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