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Bielorrusia 13

 Junio de 2013

 Visité Bielorrusia entre los años 70 y 80 durante mis primeros viajes a Rusia. Después lo hice desde Lituania, por supuesto en verano, hace ya unos años. Ahora, tras los años transcurridos y su separación en 1991 de la extinta URRS, pongo al día reportajes, comentarios y situación actual del país.

 Esta república tiene una superficie equivalente a la mitad de la España continental y 10 millones de habitantes, de los que un 9% son rusos, conformado por aquellos que se quedaron tras la separación. Desde el año 1996 la preside, con mano demasiado férrea (pues encarcela a quien se le oponga), Lukasenka, hermanado con el sindicato vertical que está fuertemente representado en el propio parlamento. La empresa privada casi no existe salvo en muy pequeños negocios, mas bien familiares. Los sindicatos disponen de un edificio gigantesco, de estilo neoclásico, que parece, más bien, un enorme parlamento o el Partenón griego. Hablando de grandes edificios, ahí está el de la KGB, todavía espiando a la gente como en los mejores tiempos de la URSS. La capital Minsk tiene, actualmente, 1,8 millones; su divisa, el rublo de Bielorrusia, no la quiere nadie. Unos 12 mil de esos rublos equivalen a 1 euro.

 De los 110 parlamentarios, 103 apoyan al actual presidente…algo así como “partido único”. Por cierto: hay pena de muerte. Como me ha dicho un amigo que hice aquí, profesor de universidad, la seguridad social no es mala, es malísima. Lo prueba el hecho de que la esperanza oficial de vida, en el hombre, es de solo 64 años; así que cuando le llega la jubilación ya lleva un año enterrado. Con un cinismo tremendo dicen, oficialmente, que solo hay un 0,7% de paro, pero la realidad es que van al trabajo y se sientan a esperar la hora de salida. Así lo quiere el sindicato y el gobierno, ambos a partir un piñón.

 Los idiomas oficiales son el bielorruso y el ruso. Se declara ateo un 50%, ortodoxo un 40% y católico un 10%. Su renta por habitante es de 6.000 dólares, algo así como 5,5 veces inferior a la de España. Por otra parte, diría yo, su renta es más alta que la de algunos países de la antigua URSS, como es el caso de Ucrania (3.000 dólares) y de los que conforman el Asia central excomunista que eligieron el sistema capitalista. En este punto habría que hacer una reflexión. Claro que, también, las libertades no tienen precio aún cuando vayan acompañadas de más corrupción.

 Conocí aquí a un chico vasco que había venido varias veces para instalar una máquina de cortar chapa, llamado Javier, (normal para un vasco) quien me dijo que su nombre significaba “tormenta de nieve” en bielorruso y que la gente se reía cuando lo hacía saber en el trabajo o en el hotel. La mayor y más completa información la recibí de un amigo local que hice al llegar, profesor de ciencias de la universidad quien me dijo haber estado durante unos 10 años en la oposición (especie de clandestinidad, me imagino) para, finalmente, verse obligado a tirar la toalla dada la imposibilidad de conseguir algo y la encarcelación de algún colega. Acababa de llegar de Portugal y me decía que tampoco era bueno mirarse, en este momento, en el espejo de Europa. Fue la única persona que me encontré capaz de hablar algún idioma extranjero y además bien informado. 

 Las tierras de la parte sur del país siguen contaminadas por las emisiones de la Chernóbil de Ucrania. Por el norte tienen patata y cebada. Tiene un poco de petróleo y de gas que no basta para sus necesidades por lo que importa de Rusia, su primer socio comercial. Los rusos atraviesan Bielorrusia con tuberías de petróleo y gas para llegar a la Comunidad Europea. Sí, tienen mucha potasa, que exportan, necesaria para fabricar jabones y vidrio.

 Varios

 Salte una vez desde Lietuva (antigua Lituania) con un salvoconducto hacia el año 97. Recuerdo que el país me pareció más de lo mismo pues ambos son perfectamente llanos hasta el punto de que no hay ni una loma que tenga más de 200 metros.

 Según me dijo mi amigo el profesor, los sueldos no son muy dispares entre un trabajador cualificado y el jefe del taller. La diferencia estriba en que el de abajo, que ha de tener, obligatoriamente, más de 30 años para poder gozar de algún privilegio, solo puede comprar un coche de segunda mano, un piso pequeño del que deber pagar una entrada del 50%, no recibe bonos, ni cupos, ni invitaciones de ningún tipo. Por otra parte a su jefe, que cobra 2 veces más, se le da un cupo para un coche nuevo de importación que no lleva impuestos y tiene precio de fábrica, además algún bono, alguna gratificación e invitaciones aquí y allá; por supuesto puede comprar un piso nuevo en una buena zona y el banco nacional se lo financiará con muy poco interés. Por supuesto, el jefe de éste tiene un BMW o un Mercedes y vive en una  zona señorial. El coche es, sin lugar a duda, el más claro exponente del nivel laboral, social y económico, ¡ah! a nadie se le ocurre tener un coche mejor que su jefe, podría ser trasladado de puesto de trabajo. Hay aún mejores coches pero pertenecen a promotores de viviendas rusos. Así premia el gobierno a los fieles trabajadores de cierto nivel…

 En los restaurantes, durante la cena, hay siempre alguien que canta canciones melódicas en bielorruso, acompañado del piano. Los comensales suelen aplaudir.

 El mes de mayo pasado hubo 12 grados bajo cero así que se acercaba junio y todavía se iban a esquiar. Por supuesto, este país fue llamado la Rusia Blanca justamente debido a que siempre está nevado.

 Algo interesante es el hecho de tener escuelas militares en las que forman a oficiales de otros países, como ocurre con los del golfo Pérsico. Así que, en mi hotel, tenía soldados de religión musulmana y por ello, en el baño había la consabida ducha de bajos…

 No hay muchos coches pero sí miles de autobuses, de colores verdes, blancos y amarillos y un aceptable Metro con amplio recorrido. También hay una línea de trolebuses. Las estaciones del Metro, al igual que en la madre Rusia, son enormes y triunfalistas. Por cierto, un estudiante universitario jovencito me respondió en inglés y me acompañó a la estación y al tren que yo buscaba, amable y con muy buenos modales; quise darle algo para que tomase una coca cola y me lo rechazó algo contrariado, me gustó el detalle. En la capital, la estación de trenes es muy grande y coincide con la de autobuses y Metro.

 Todos andan locos con su móvil, como en España, sobre todo las mujeres que parecen hablar todo el tiempo; hay mucho smartphone pero parecen de muy baja calidad. Entre las mujeres se ven atractivas eslavas de origen ruso muy bien vestidas y distinguidas. Ellos no están, en este punto, a la altura de ellas y visten más descuidadamente.

 Hay muchos, muy grandes y cuidados,  jardines y parques infantiles en los que las máquinas de jugar son gratis. La entrada a los parques es señorial y con cierto estilo neoclásico, formada por una construcción de columnas y arcos.

La capital Minsk, al igual que todas las de la antigua URSS, quiere ser una muestra de su poder, orden, limpieza, espacio y tradición. Las avenidas son más amplias que la Gran Vía madrileña o el Paseo de La Castellana. Aceras hermosas y cuidadas, edificios del pasado siglo restaurados, semáforos muy modernos, etc. La gente es muy fría y distante; diría que para ellos los extranjeros somos extraños y demonios, no desean trato alguno y no parecen tener interés en aprender otra lengua. Algo me ha parecido una muestra de su frialdad: no existe ni un solo perro, ni tampoco he visto un solo gato…significativo, ¿no?

 Los taxis están bien y limpios; los taxistas “listillos” y aprovechados como en todas partes.

 La comida, puesto que no tienen más pescado que el salmón ahumado, se concentra en carnes, que preparan con sabrosas salsas; tienen ricas y originales ensaladas y buen pan de centeno. No tienen vino pero en la carta aparecen, entre otros, nuestros caldos riojanos.

 No se ve ni un papel ni una colilla en los suelos de las ciudades. La tranquilidad y  baja criminalidad hacen que solo tengan un policía por cada 70 ciudadanos.

 El aeropuerto de la capital es un verdadero cuchitril de la mejor época de la URSS; colas para el visado, colas para cambiar divisa, colas para pasar la policía, no hay escaleras mecánicas, todo viejo,  estrecho y antiguo. Para colmo, aunque lleves seguro médico dicen que tienes que pagar por el seguro de ellos…con lo que te expones a perder la vida en el caso de retorcerte un tobillo.

 Aunque no son muy religiosos, tienen todas sus iglesias en una zona especial de la ciudad; allí se juntan la católica romana, la ortodoxa, etc. Son iglesias de no mucho valor arquitectónico pero de bonitas formas o diseños.

 Coincidí, en mi última visita, con su día de la Independencia y todo el mundo estaba por la calle con sus mejores ropas veraniegas pues se trató de un verdadero día de verano. El ejército desfiló y la gente aplaudió. Por cierto, el gobierno ha permitido que se construyeran casinos con el fin de atraer el dinero de los rusos (creo que en su Rusia no están permitidos); lo más curioso es que son los turcos los que más acuden debido a que el casino y la prostitución van acompañados…y en casa no tienen esta última. Al parecer llegan en viajes organizados.

 La propaganda política del partido único es muy inteligente: no usan el nombre del partido sino el nacionalismo al que encumbran y, del cual, se apropian ellos como si fueran los únicos que lo defienden…Por ejemplo: con la bandera nacional, rectangular con franja roja que ocupa 2/3 y verde que ocupa 1/3, juegan a hacer en las calles gigantescas antorchas, o enormes floreros, o  decorados a la entrada de las iglesias, de los parques, etc. Por si fuera poco, todas las flores de primavera que se plantan en los jardines o parterres públicos son rojas…y así todo. Para colmo, la colocan en las enormes fachadas de las universidades. Hasta la iluminación nocturna tiene la bandera y los símbolos patrióticos.

 No se ven pobres por la calle (quizás esté prohibido serlo), nadie pide limosna y aunque he visto, en las afueras, casas humildes, me creo que no existe, para nada, nuestro chabolismo de las grandes ciudades. La gente ha sido tan bien “trabajada” en su obediencia que, aunque no haya un vehículo a menos de 500 metros de un semáforo, nadie se atreve a cruzar. Quizás, en algunas cosas, deberíamos tomar ejemplo de ellos. Seguro que los chicos en las escuelas no tutean a los profesores…en este punto nosotros nos pasamos cantidad.

 Dejé el país de madrugada,  a las 03.30 horas, y amanecía cuando me dirigía al aeropuerto. Desde el coche hice unas fotos del amanecer.

 Hasta otra

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