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Bélgica-Bruselas,Gante,Brujas y Dinant- 17

 Julio  de 2017

 Aunque  en esta web solo  aparece el último viaje que hice a Bélgica en el año 1996, lo cierto es que han sido varios los viajes  realizados con anterioridad, acordándome ahora que el primero de ellos fue en los 60 cuando todavía vivía en París. Ahora, transcurridos 21 años desde esa última visita, me encuentro con un país todavía más avanzado e industrializado que entonces y que, por cierto, ya lo era mucho hacía décadas. Esta Monarquía Federal viene teniendo la superficie de Cataluña y es aún más pequeña que nuestra Extremadura; tiene casi 12 millones de habitantes y su capital, Bruselas, solo llega a 170 mil, aunque la aglomeración urbana de su entorno se está acercando a los dos millones. El ser miembro del Benelux, el hecho de estar en él ubicado el Parlamento y el Consejo Europeo y, finalmente, ser la base principal de la OTAN le han servido para aumentar su influencia en Europa.

 Las dos etnias que conforman el país (valones y flamencos) tan entremezcladas a lo largo y ancho del territorio, explica la imposibilidad de dividirlo en dos partes, lo que quizás ha sido el sueño de ambos. Hay odio e intolerancia por doquier. Quizás tengan uno de los porcentajes más altos de población urbana del mundo: 97% lo que quiere decir que, de alguna forma, solo un 3%, ocupado en la agricultura, da de comer al 97% restante...eso es lo que indica que está ¡tremendamente industrializado! Y no olvidemos que al estar en el paralelo 50 tienen inviernos rigurosos, lo que dificulta mucho cualquier actividad agrícola. Su renta por habitante supera en un 50% a la de España, pero sin embargo deben importar el 70% de la energía que consumen.

 Bruselas, ciudad enteramente valona pero también enteramente rodeada de tierras flamencas, tiene como figura emblemática el famoso Manneken Pis, el famoso niño haciendo pis y vestido de formas distintas según las celebraciones o tradiciones que van sucediendo a lo largo del año. De vez en cuando un tipo abre una válvula y el niño suelta un grueso y largo chorro que salpica a los turistas, quienes ríen a carcajadas. Hace no mucho tiempo, y en otro rincón, alguien ha puesto una estatuilla de una chica, llamada Jeanneke Pis haciendo que hace pis pero que realmente no lo hace; lo cierto es que no acaba de tener éxito y muy poca gente acude a verla; ni siquiera las propias mujeres.

 La Gran Plaza, centro histórico y popular de la ciudad, concentra edificios de muy bella arquitectura: el Ayuntamiento, la Casa de los Duques de Brabante, la Casa del Rey, la casa donde se alojó Víctor Hugo (Le Pigeon), la Casa de l'Étoile, el museo de la cerveza, etc.  Hay miles y miles de tiendas que venden chocolate de muy alta calidad y de precio 75 euros el kilo, también se venden muchos waffles (gofres) rellenos de muchas cosas dulces y, por supuesto, millones de patatas fritas que son la conocida debilidad de los belgas; las comen siempre, bien solas o bien acompañando cualquier plato de comida.

 Recorrí la ciudad partiendo del edificio de la Bolsa y de la estatua de Charles Everad, personaje histórico que resultó malherido por proteger a la ciudad y que dicen traer suerte a quien toca su escultura. Después crucé un largo túnel que me llevó a la Basílica del Sagrado Corazón, para continuar después al Palacio Real. Más tarde el edificio de Exposiciones y a continuación el consabido Atomium y, bajando al centro, paro para ver la Iglesia de Nôtre Dame de Laeken. Otro día paso por el barrio europeo, lleno de embajadas, y más tarde el Parlamento Europeo y los edificios de la Comisión, del Consejo, etc. Por la tarde el Museo de Bellas Artes visitando también el interesante museo del surrealista René Magritte. Al siguiente día contemplo la Iglesia gótica de Nôtre Dame de Sablón para después acercarme al Palacio de Justicia, oculto tras unos andamios desde hace más de un año. Más tarde visito el mercado al aire libre de Jeux de Balle que es una especie de Rastro madrileño, pero de muy buena calidad y con antigüedades; en cualquier caso, Bruselas es una ciudad con muchas tiendas de anticuarios. Por todas partes aparece el popular personaje belga de dibujos animados: Tintín y su perro.

 Bruselas es una ciudad llena de parques y de estatuas. Por supuesto las calles llevan siempre sus nombres en los dos idiomas: francés y flamenco. El tiempo atmosférico ha sido cambiante y bastante malo a lo largo de cada uno de los días de mi visita. En unos minutos el tiempo cambiaba y lo hacía de forma radical y opuesta. Llueve 220 días al año. Como dicen por aquí los humoristas: la temporada de lluvias comienza el 1 enero y acaba el 31 de diciembre.

 En Bélgica las diferencias entre valones y flamencos se basan en la religión, en el idioma y en la economía y, precisamente, esta última es muy dispar: los flamencos, más preparados, tienen menos paro y son más ricos pues en general los católicos suelen ser, en nuestro mundo occidental, más pobres que los protestantes. Los flamencos parecen más trabajadores o más cumplidores y dentro de sus ciudades no hay tanto inmigrante, como es el caso agobiante de la Bruselas, valona, en la que resulta difícil tropezarse con valones de origen. Bélgica, aunque figura como una nación, realmente son dos países o bien dos naciones y, por cierto, muy opuestos. La gente de color, los musulmanes, etc. tienen "tomada" la ciudad de Bruselas. Entre ellos mismos, valones y flamencos, se dicen y acusan de todo lo inimaginable...y ya no digamos de los chistes que hacen en contra los unos de los otros. Mientras los valones prefieren a los franceses, los flamencos prefieren a los holandeses. Los flamencos son prácticamente holandeses y hasta el idioma se escribe igual aún cuando la pronunciación sea algo distinta.

 Me di un salto a Gante, la antigua y famosa ciudad de los paños flamencos, ejemplo de ostentación de riqueza durante siglos. Al parecer, en la Edad Media, Londres, París y Gante tenían la misma población: 40 mil habitantes. Al igual que en el siglo I, Pollentia, capital del Imperio Romano en Baleares, tenía la misma población que Paris. En Gante nació Carlos I, hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca y, por supuesto, nieto del famoso Maximiliano. Gante es ahora el tercer puerto del país y ya tiene un millón de habitantes. Fue precisamente ese puerto la razón de su gran riqueza en la Edad Media.


 Comencé visitando la Catedral, las cortes o bien el edificio, con torre y reloj, donde los reyes se reunían con el consejo local; a su lado la Ópera y también el que fue edificio de la Expo de 1930 y ahora convertido en Oficina Principal de Correos. A su lado está la iglesia de los Dominicos.


 Por cierto, tal es la independencia de un país con el otro, valones y flamencos, que ni las policías se pasan toda la información como se descubrió tras un fuerte ataque terrorista en 2016.Recorrer las ciudades flamencas es como visitar Holanda. Le doy unas vueltas al castillo medieval de Gante, que está muy bien restaurado, y después visito el Ayuntamiento y, tras recorrer toda la ciudad, vuelvo otra vez a la Catedral, al Parlamento con su torre de reloj y a la iglesia de San Miguel cuyo interior también visito.

 

 Por supuesto no dejé de visitar Brujas: más fina y sofisticada que Gante, aunque la historia de ambas sea muy perecida. Brujas albergó siempre más artistas y eruditos, incluido nuestro célebre valenciano Luis Vives. Me llovió casi todo el tiempo que permanecí en ella. Comencé mi visita recorriendo el popular lago Amor y sus calles y canales buscando rincones de interés. Contemplé el museo de Arte Moderno, la catedral con su interior y a continuación sus dos plazas medievales formadas por edificios de un maravilloso gótico al igual que casas antiguas de estilo flamenco; entre todos ellos se encontraba el famoso Belford y otros edificios antiguos de gran calidad. Me pasé hora y media en mi recorrido por carretera a Bruselas contemplando los amplios maizales y los campos de lúpulo.

 En mi viaje para desplazarme a Luxemburgo, unos 220 km, atravesé la provincia valona de Namur y me detuve en una pequeña pero conocida ciudad llamada Dinant, en la que nació el inventor del saxo y en donde son visitas obligadas: la catedral y el museo del saxo. Por toda la ciudad hay saxos de grandes dimensiones como esculturas que expresan o conmemoran las maravillas de ese instrumento al que yo, personalmente, considero imprescindible en la música del último siglo. Por cierto, uno de esos grandes saxos lleva el nombre de España. Esta ciudad, donde me llovió constantemente, es atravesada por el río Mosa que es navegable y ofrece un agradable ambiente turístico. En mi camino hacia Luxemburgo, pasé por la región de las Ardenas y fue precisamente aquí donde tuvo lugar una de las más cruentas batallas de la segunda guerra mundial. Bélgica ha sido elegida frecuentemente, y sin desearlo, el campo de batalla de naciones europeas en guerra.

 Hasta otra.

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