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Alemania-Múnich 99

 En un principio no era mi intención incluir en “sabinoelviajero.com” los pequeños viajes hechos por España y por los países europeos más conocidos dado que estos están a la altura de cualquier viajero. Me decidió, el hecho de pensar que alguna fotografía pudiera ser un documento de interés para algún seguidor de la web.


 Nota.-Viaje conjunto por MÚNICH, SAN MARINO y BOLONIA

 Agosto de 1999 

 
Cuando terminé mi viaje por Bosnia-Herzegovina me trasladé a Bolonia deteniéndome, unas horas, en la siempre agradable ciudad de 
Múnich en la que había estado, solamente, dos semanas antes. En aquella ocasión no hice fotografías pues amenazaba lluvia y, finalmente, la amenaza se cumplió. Esta vez he recorrido el centro de la ciudad y he hecho un pequeño y turístico reportaje casero. A continuación regresé al aeropuerto y volé a Bolonia.

 Llegar a Italia en agosto es el caos: calor horrible, suciedad por todas partes... Para colmo observo una tremenda indolencia en los italianos pues todo va con retraso, tanto trenes como autobuses, no hay aire acondicionado en ningún medio de transporte público y, además, se venden más de cuatro billetes de tren o autobús por cada asiento que hay. 

 Es muy normal ver bicicletas y motos por el carril especial de los autobuses...,  pero en sentido contrario (!)

 Acabo de llegar de Bosnia-Herzegovina donde todo funciona mejor y está más limpio. Mi impresión de Italia en este viaje ha sido HORRIBLE. El banco del aeropuerto no funciona. En la oficina de información de vuelos  no saben cómo buscar los vuelos en el ordenador, los horarios de autobuses no coinciden con los letreros ni los autobuses paran donde están esos letreros. Los taxistas quieren cobrar más de lo que dice la tarifa y en el hotel me piden la tarjeta de crédito, como depósito, lo que no me hacen por la mayor parte de Europa. España es parecida. Llegar a ser europeo no es simplemente estar en la Comunidad Europea, sino que es una cuestión de civismo, de educación, de tener servicios públicos que funcionen, de tener una administración que se ocupe del administrado ... etc., etc.

 El tren, completamente pintado de grafiti, que tomé de Bolonia a Rímini con más de una hora de retraso estaba sucio, calurosísimo, pues no tenía aire acondicionado, lleno a tope hasta los pasillos, maloliente y con unos váteres asquerosos, pasando por encima de la gente y de sus maletas... y además, se trataba de un expreso(!) Mucha gente no había pagado billete, pero el revisor no quiso venir por allí para no enfrentase con aquella multitud tercermundista que tenía muy poco de europea. Esta era la gente que iba al famoso Rímini, playa popularísima italiana del Adriático, a la que ni siquiera me acerqué. Finalmente llegué a Rímini y de allí en un autobús al estado independiente de San Marino.

 La República de San Marino, con 25.000 habitantes está situada a unos 12 km. de la costa y a unos 24 km. de Rímini. Se trata de un pequeño estado europeo formado por una montaña y sus laderas, con una superficie total de unos 60 km.2, lo que supone algo así como el término de Bunyola.

 La parte más alta de la montaña está formada por unos riscos sobre los cuales tres fortalezas medievales protegían a San Marino desde los siglos XI y XIII. Las visité, llegando a ellas jadeante.

 Se trata de un pequeño estado cuyo primer estatuto nace en 1.263 y, posteriormente, Napoleón lo reconoció al igual que el Congreso de Viena. Está relacionado diplomáticamente con todos los países europeos y americanos. Hablan el italiano con un determinado acento romanesco. El monte sobre el que se ubica se llama Monte Titano. Como unidad monetaria tienen la lira italiana pero ellos emiten moneda que, normalmente, es adquirida, en su totalidad, por los coleccionistas. Yo compré una colección completa. Como recursos económicos tienen la agricultura pero, principalmente, el turismo es el motor de la economía pues reciben más de tres millones de turistas.

 San Marino, miembro de la ONU, ha dejado en manos de Italia los ministerios de Defensa, Interior y Asuntos Exteriores, quedándose con los de Sanidad, Enseñanza, Economía, etc. Tienen su propio pasaporte. Su ubicación, sus fortalezas y sus murallas dan al país una cierta identidad.

 En cuanto a Bolonia he de decir que es una ciudad industrial, de unos 300.000 habitantes, y que, si bien sus monumentos no son nada muy especial, si lo es y mucho el conjunto artístico de la propia ciudad formada por edificaciones con una preciosa arquitectura. Por si fuera poco toda la edificación es o bien de piedra o bien en ladrillo. Las nuevas edificaciones van pintadas en color ocre o ladrillo para mantener la uniformidad.

 Entre los monumentos destacaría la Plaza Mayor con la escultura de Neptuno y la Basílica de Petronio. Quizás lo que más llama la atención sean las torres altísimas medievales que hay en la ciudad, alguna de cien metros, símbolo del poder de algunas familias de esta región de Emilia-Romaña.

 Recorriendo la ciudad una gitana trató de robarme. Para ello me empujó con el niño que llevaba en brazos, al tiempo que me metía la otra mano en el bolsillo del pantalón. ¡Menos mal que me di cuenta!

 Se ve mucha gente deambulando por las calles, algunos drogados. La gente de esta región no viste tan bien como en Milán o Torino. Esta zona parece todavía el Sur de Italia. Por otra parte, la agricultura se ve claramente más desarrollada que la española. La gente tampoco es muy amable.

 En general, la impresión recibida en mi corta estancia en Italia es mala: indolencia, falta de civismo, malos servicios públicos, etc. ¡Otra vez será!

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