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Alemania-Colonia-Düsseldorf 17

 Julio de 2017

 Apenas hacía un mes que había visitado por última vez Alemania y más concretamente Múnich y su estado de Baviera. En esta ocasión, y puesto que me encontraba muy cerca recorriendo Bélgica y Luxemburgo, quise visitar una vez más el estado de Renania y dentro de él las ciudades más importantes que atraviesa el Rin: la preciosa Colonia con su  maravillosa catedral y Düsseldorf capital del estado donde el Rin, al igual que en Colonia, se presenta amplio y caudaloso, salpicado de un ir y venir de cruceros fluviales y embarcaciones de carga.

 Llegué a Colonia, la cuarta  ciudad alemana en población, en un tren procedente de Bruselas. Lamentablemente el mal tiempo que había tenido en esta última, me persiguió hasta aquí. Por ello tuve que contemplar entre la lluvia su bellísima catedral, una de las mejores piezas mundiales del gótico; en cualquier caso, merece la pena viajar hasta aquí para ver su interior. Tras muchas décadas sin haber sido limpiadas sus fachadas tienen actualmente un aspecto horroroso: negras como el carbón y con una gruesa capa de porquería que les da un aspecto decrépito.

 Bajé del tren en la estación central y, justamente delante, ya tenía su enorme catedral con su torre de 160 m de altura. El interior: muy largo, muy ancho y muy alto, deja enanas, yo diría, a la totalidad de las iglesias góticas que  he visto en toda mi vida viajera. Aunque la había visitado en viajes anteriores, volvió nuevamente a impresionarme. Pero más que su enorme dimensión creo que fue la delicadeza de su arquitectura y de su gótico. Los contrafuertes muy decorados son otra obra maestra al igual que su interior, sus vidrieras y su decoración. Es tanta la belleza que oculta en su interior que aconsejaría que la visita sea corta y que se repita un par de veces. Uno se satura de tanta belleza y detalle y por ello conviene salir de ella y volver a entrar las veces que sean necesarias.

 Con el caudaloso, profundo y amplio Rin pasando por la ciudad, es obligado caminarlo para contemplar sus muchos puentes, el paso de barcos de carga y los cruceros. Y al lado de su orilla está la ciudad antigua, con fachada al rio y formada por antiguos edificios restaurados en atractivos colores, también el viejo y el nuevo ayuntamiento y las antiguas plazas del mercado y del pescado que hoy en día están llenas de bares, restaurantes y turistas. Por cierto que en la artística fachada del antiguo ayuntamiento aparece tallada en piedra la figura de un hombre que muestra su desnudo trasero en una escena un tanto "guarrindonga" que muestro en una de las fotografías del reportaje.

 Si frente a la estación estaba la catedral pues también frente a la catedral estaba mi hotel. A lo largo de los días de mi visita tuve horas de lluvia, minutos de sol y también cientos de horas de cielos muy encapotados. A la catedral, negra  completamente, cubierto el cielo por negros nubarrones y tan grande de dimensiones que no cabía en la cámara… no había forma de hacerle una foto decente por más que me alejara y esperara un rayo de sol…

 Visite las dos mejores iglesias románicas de las 12 existentes y paré de hacerlo porque las visitadas habían sido enteramente construidas desde los mismos cimientos como es el caso de la de Santa María del Capitolio. Hay otra iglesia de gran belleza, llamada San Martín, que está cerca del Rin y justamente detrás de las antiguas casas  de la margen izquierda del río.

 Fui testigo de un "sinpa" en la terraza de un restaurante, no lejos de la Catedral, en la que disfrutaba yo de una sabrosa salchicha con patatas al horno. Colonia tiene una zona comercial peatonal compuesta por muchas y amplias calles en las que se ubican las mejores tiendas de marcas. El museo de Ludwig, ahora en obras, junto con el museo románico, adosados ambos a la catedral, son dos visitas a considerar.

 Quizás lo más destacado de la ciudad y al tiempo de lo que más orgullosos se sienten sus habitantes sea su famoso carnaval. Claro que  por estos paralelos el frío del mes de febrero se las "pela"… Por supuesto, su comida: las salchichas al grill, su codillo o simplemente las patatas al horno con la correspondiente cerveza rubia o bien un postre como el apfelstrudel son otro gran atractivo para el viajero exigente. Ahora las cañas de cerveza no tienen las grandes dimensiones de antaño, suelen tener de 20 a 33 cl. ¡Pero, eso sí, es cerveza de la buena y se nota al entrar!

 Pero quizás lo más atractivo para el viajero, y también para el ciudadano local, sea pasear al lado del Rin, a lo largo de su orilla izquierda, para disfrutar del paso de la gente y, por supuesto, de la ida y venida de los cruceros, de los barcos y barcazas de carga y de los puentes que cruzan el río permitiendo el paso sobre él de vehículos, trenes, etc. También puede visitarse, por simple curiosidad, el Museo del Chocolate que está en esa orilla del Rin.

 Tras tres días de mi visita tomé un tren  que me llevó directamente a Düsseldorf en solo media hora y en donde continué mi viaje por Alemania.

  DÜSSELDORF

 Llegué muy temprano a esta ciudad en un tren directo procedente de Colonia, a solo 48 km de distancia, en una fresca y gris mañana...Aunque Colonia tiene más población que Düsseldorf, es sin embargo ésta la capital del estado de Renania y por ello la rivalidad entre ambas está servida...se critican y atacan constantemente… y ya no digamos en el tema futbolístico o en la calidad de sus cervezas.

 Dejo la maleta en el hotel y salgo rápidamente pues parece que quiere aparecer el sol, algo muy apreciado en estos paralelos 50. Voy viendo edificios modernos acristalados y por supuesto, la torre de TV de 250 m de altura, que se hace muy remarcable y me acompaña por todas partes a lo largo de los dos días de mi estancia. Bajo hacia el Rin en busca de los famosos edificios, que yo llamo  “retorcidos”, y que sabía que estaban próximos a él, y por el camino, de casi dos horas, me tropiezo con un edificio acristalado en forma de cuña, muy original, llamado Stadttot, cuya solución interior es muy interesante.

 Finalmente llego a Medien Hafen y contemplo y fotografío también, todos y cada uno de esos “retorcidos” edificios. Resultan muy interesantes y no cabe duda de que se trata de una arquitectura que no quiere pasar desapercibida. Llego al Rin y contemplo, también, otro conjunto de edificios que quieren romper con la arquitectura moderna convencional: figuras desdibujadas de personas que trepan por la fachada…se trata de un famoso edificio que hace alusión a una pequeña historia ocurrida en la ciudad años atrás. Todo muy llamativo e interesante; además también algún que otro edificio con dibujos abstractos, etc.

 Aparece un rayo de sol y decido tomar el paseo que, adosado al borde del Rin, discurre paralelamente a él y en dirección a la ciudad vieja donde se supone están las calles y plazas antiguas. Casi dos horas necesito para llegar y por el camino disfruto del tráfico del Rin, de sus modernos puentes, al igual que de la edificación clásica en sus orillas, etc. También aprovecho para  comer algo rápido y poder continuar con mi recorrido. Al llegar al centro, tropiezo con la Basílica de San Lambertys, la que visito. A continuación me detengo en el Museo de la Navegación que está al lado de la Burgplatz  y posteriormente me paso por la Marktplatz, plaza del Ayuntamiento, que resulta muy agradable.

 Callejeo por las muchas calles comerciales que hay en el centro de la ciudad y la lluvia y la oscuridad hacen que me retire, poco a poco, hacia mi alejado hotel.

 Al día siguiente y a primera hora de la mañana camino durante una hora hasta la Karlsplatz, llena de puestos de frutas y verduras en los que me sorprende ver unas gigantescas alcachofas, toda clase de frutos del bosque, dátiles casi transparentes de Israel y toda una serie de verduras que no recordaba haber visto antes. Después descubro una calle comercial muy animada que llaman familiarmente KO y más tarde decido caminar hasta los famosos museos K20 y K21, muy distantes entre ellos. Me agradó ver en el K20 una planta dedicada al famoso surrealista Paul Klee, por cierto nacido aquí, con casi una centena de cuadros suyos. Me  llamaron también la atención un cuadro de Jackson Pollock y otro, muy conocido, de Picasso.

 Tras comerme la típica salchicha con puré de patatas, acompañada de una buena caña de cerveza, recorro nuevamente el centro de la ciudad disfrutando de sus plazas, calles comerciales, terrazas al aire libre, etc. Buenas pastelerías y chocolaterías, buenas tiendas de embutidos alemanes, etc.

 Curiosidades: Los japoneses forman la comunidad de extranjeros más numerosa de la ciudad. Al igual que en Colonia, el codillo con remolacha dulce o repollo y las salchichas a la brasa con patatas al horno o bien con puré de patatas, son los platos típicos que se acompañan de cerveza y que se rematan con un apfelstrudel. Düsseldorf tiene un barrio exclusivo para los ricos. Durante la noche la torre del reloj marca las horas por medio de luces verticales, además la ciudad tiene tranvías y, curiosamente, al tomar mi vuelo con la compañía aérea Eurowings de regreso a Bilbao se produjo una demora cuya explicación oficial fue la siguiente: la tripulación del avión está llegando con retraso al aeropuerto…

 Hasta otra.

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