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Alemania 73-74

  Años 1973 y 74

 Han pasado casi 40 años desde que hice este viaje. Las fotos del álbum, ya en muy mal estado tras el largo tiempo transcurrido, han sido digitalizadas, y se ha salvado lo que se ha podido.

 Durante aquellos 2 años hice una serie de viajes por Alemania por motivos profesionales. En aquel tiempo, España trataba de depurar por primera vez sus aguas residuales. Por ejemplo: en Madrid, aguas de váteres y cocinas corrían libremente por el río Manzanares que se había convertido en una cloaca. Hemos tenido una España reciente que no queremos recordar…entonces nadie se preocupaba por la naturaleza o el medio ambiente. Debido a ello, fui designado por el Centro de Estudios y Experimentación del Ministerio de Obras Públicas para arrancar con esa nueva tecnología. Una vez más, Alemania nos marcaba el camino. Por ello, y a lo largo de varias visitas al país, pude conocer avanzadas estaciones depuradores provistas de tecnología puntera.

 Todas las ciudades que visité estaban totalmente rehechas del desastre que supuso la segunda guerra mundial: fachadas y servicios, autopistas, aeropuertos…; no había ya vestigios de una horrible guerra que, en Alemania, no dejó piedra sobre piedra. Eso es el “milagro alemán” tan ensalzado durante décadas. Están exportando todo tipo de maquinaria, vehículos, trenes, tanques, productos químicos, etc. La limpieza y el orden, en las ciudades, es impresionante y ejemplar.

 Son un ejemplo de dedicación al trabajo, de responsabilidad, de orden, de formalidad y de capacidad para reaccionar de forma inmediata. Son envidiables. Había constatado este comportamiento alemán cuando, unos años antes, había trabajado durante un año con una empresa constructora de Baviera.

 Durante mi estancia en Hamburgo, asistí a un atrevidísimo espectáculo porno-erótico, en vivo, en uno de esos clubs del barrio portuario. Empezó con chicas desnudas masturbándose, continuó con espontáneos del público que subían al escenario y “se comían” a las chicas y, por si fuera poco, las chicas bajaron y se mezclaron con el público para masturbar a aquellos clientes que lo solicitaban o lo permitían. Por supuesto besaban en la boca a las pocas mujeres que había en el público. Todo esto hace 40 años y viniendo de la España franquista como venía yo, deberá el lector reconocer que era algo “subido de tono”. Me recordó cuando, viviendo en París en el año 66, asistí a otro espectáculo en el que una monja hacía un striptease. En fin, ya no saben que inventar (!)

 Pues bien, hasta otra, volveré y volveré a Alemania para disfrutar del precioso gótico de Colonia, de la cosmopolita Stuttgart, navegar por el Rin, o recorrer La Selva Negra, los museos de Berlín, etc. Hay muchas cosas que uno no debe perderse de este país.

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