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Uzbekistán 99-II

 Junio de 1999

 Estaba recorriendo los 5 países que conforman Asia Central en compañía de mi hijo, que resultó ser un viajero excepcional cuando, desde Turkmenistán, accedimos a Uzbekistán. De una a otra barrera de sus respectivas fronteras hay que caminar más de 1 km por una penosa carretera polvorienta que, por supuesto, has de recorrer con el equipaje en la mano. Cuando sudorosos, debido al fuerte sol, llegamos a la barrera de Uzbekistán el oficial nos dice: “I am a doctor, ten dollars no problem"; así que aflojamos los 10 dólares al que dijo ser un doctor y efectivamente no hubo problema. Mi hijo me decía: papá y ¿por ser médico nos tiene que cobrar? Se supone que en esos días había un médico en la frontera por alguna alarma epidemiológica y el tipo en cuestión aprovechó la ocasión para cobrar su “peaje”. La corrupción del país está principalmente en las autoridades y en la policía; y esto es algo que predomina por toda Asia Central. Uzbekistán es una especie de Estado Policial en el que toda la policía, incluidos los de tráfico, te pegan "mordidas" constantemente e impiden que protestes, que te manifiestes, que dudes o discutas algo que ellos han establecido, por supuesto, para su conveniencia.

 Allí mismo, casi en medio del desierto, tomamos un 4x4 que nos esperaba. Previamente yo había organizado el viaje completo con ese 4x4 a través de toda Asia Central y tenía previsto visitar ahora con mi hijo Uzbekistán para continuar después hacia Kirguistán y, posteriormente, a Kazajstán; pues bien, así lo hicimos y todo fue muy bien.

 Tras dejar atrás la frontera, cruzamos el río Amur Daria y continuamos hasta Bujará, donde pasamos la noche, y disfrutamos todo el siguiente día de esta ciudad, una de las más turísticas de Uzbekistán; visitamos el mausoleo de los Samani, la enorme, larga e impresionante muralla de la Ciudadela, la mezquita de Poi Kalyan, la madraza de Ulughbek, etc.

 Después de ese día tan agradable, pasamos la noche y a la mañana siguiente tomamos el coche para hacer los 290 km que nos separaban de Samarcanda. Aquí todo es arquitectura; así que visitamos primero la famosa plaza de El Registán en un día soleado. Para mí, a pesar de haber estado aquí, hacía solamente 7 semanas, fue un placer disfrutarlo nuevamente y además en compañía de mi hijo. Cenamos en un restaurante armenio, del que ya había hablado yo a mi hijo, y nos alojamos en el hotel Afrosiab, del cual había conseguido, en mi viaje anterior, los documentos que necesitaba para obtener los visados correspondientes a este viaje en curso, los cuales mi hijo y yo retiramos de la embajada que Uzbekistán tiene en Estambul, justamente durante nuestra escala antes de volar hacia Turkmenistán, estancia que aprovechamos para pasar unos días en la interesante Estambul donde, a pesar del tiempo lluvioso, lo pasamos muy bien.

 Después vino nuestra subida hacia el norte del país hasta entrar en la región de Ferganá y, al siguiente día, entrar en Kirguistán. Mi visita anterior a este país, hace solo 7 semanas, la hice por tanto en abril y aun cuando recuerdo que por las noches salía a cenar fuera del hotel y con mucho frío, lo cierto es que lo soportaba mejor que el calor de estos primeros días de junio. Claro que en junio no llueve pero en abril podría llover todos los días y es más, recuerdo haber visto en abril la nieve en las inmediaciones de Samarcanda.

 Como el final de nuestro viaje por Asia Central acababa en Tashkent, capital de este país que estamos visitando, de donde partiría nuestro vuelo de regreso a Madrid, vía Estambul, decidimos dejarla para el final, a nuestro regreso de Kazajstán, país desde el que entraríamos nuevamente en Uzbekistán.

 Los paisajes son siempre los mismos: campos enormes de algodón, grandes plantaciones de frutales, numerosos rebaños de ovejas caracul y astracán, etc. En esta ocasión no llevé a mi hijo a Khiva pues nos salíamos más de 500 km de nuestra ruta planificada. Comen fideos fritos y carne de vaca vieja guisada con patatas y zanahorias. Les encantan los raviolis, que ellos mismos hacen de carne y cebolla o bien de carne y zanahoria. Islam Karimov, su presidente desde que Rusia los dejó libres en el año 1991 y se convirtieron en una “democracia”, continúa con mano férrea dirigiendo el país y tolerando la prepotencia y corrupción de la policía y los políticos que lo apoyan. Una de las entradas más importantes de divisas es la que envían los 3,5 millones de uzbekos que han emigrado. El dentista, el hospital, la compra de un coche, etc. deben ser pagados en dólares. Por ello hay mercado negro; no es necesario acudir a él, no, ya acuden ellos a ti y te acosan constantemente para que cambies dólares.

 No me extenderé con detalles del país pues en la memoria de mi anterior viaje, de solo hace unas semanas, relato detalladamente su historia, su política y sus costumbres.

 Dejamos Uzbekistán por la frontera de Kirguistán, atravesando antes de salir las fértiles tierras de la región de Ferganá llenas de frutales, arroz, etc.

 Regresamos a Tashkent, desde Kazajstán, y permanecimos un día entero visitando la ciudad. Vimos la enorme plaza de la Independencia y visitamos todos cuantos puntos turísticos encontramos en nuestro caminar. La ciudad no es muy turística y sus gentes poco hospitalarias.

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