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Tailandia 76

 Agosto 1976

 Esta es mi segunda visita al país. La primera fue en 1973. Desde entonces el nivel de vida, sus viviendas, vestido y comida han mejorado sensiblemente. Se han convertido en un país eminentemente turístico y su considerable entrada de divisas ha contribuido a esta reciente mejora. Ahora manufacturan, a buenos precios, tejidos, muebles, petróleo, etc. y lo exportan a Occidente de la mano de algunas empresas americanas. A pesar de la corrupción de su dictadura, el sistema capitalista les funciona y cómo es tanto lo que sacan del turismo y lo que exportan, el resultado es positivo y la economía prospera. Ahora son ya 40 millones y superan, en algunos, a España.

 Hasta hace un año, los tailandeses estaban bajo una implacable dictadura. El último año intentaron una democracia aparente, “apañada” por la oligarquía de derechas. Las izquierdas, ni querían al rey ni tampoco tanta religión, por lo que los militares, dada su habitual verticalidad, en lugar de dialogar para poder convivir con ellos, se cabrearon como hacen siempre y volvieron al golpe de rigor que es lo que mejor hacen. De paso, y ya que estaban en faena, hicieron una matanza de estudiantes en la universidad de Bangkok. Y aquí no pasó nada y la dictadura sigue y sigue. Ahora he notado que la prostitución ha alcanzado unas cotas altísimas y supone una vergüenza para este país, ejemplo de budismo. La enorme corrupción está siendo el mejor caldo de cultivo; hay prostitutas por todas partes y a todas horas, el sistema capitalista y las compras de productos caros de importación han desbordado a las mujeres llegadas del campo, que ven como con la prostitución pueden conseguir las cosas que tienen las de Occidente. La pornografía y los shows pornográficos han proliferado hasta niveles increíbles; son más sucios que los del puerto de Hamburgo, que ya es decir…Concretamente vi como una mujer lanzaba pelotas de ping-pong al público (todos hombres) impulsadas por su vagina…y otra que con cierta facilidad se metía un pez, de aceptables dimensiones, también en su propia vagina.

 Bangkok se ha vuelto cara, muy cara. Ya tiene 4 millones de habitantes, de los que 500 mil son de origen chino que han ido viniendo a lo largo de los años y no se quieren marchar. Aunque se ha mejorado, quedan todavía muchos miles de barracas de madera al lado de los ríos. Repetí visitas hechas en mi primer viaje como el mercado flotante, el templo Aurora, el Palacio Real, etc.

 Además, en esta ocasión, pude recorrer el país y subir al Norte, remontando el río Kwai hasta llegar al famoso puente, que lleva su nombre, y del que se hizo una película. Visité, en Bang-Pa-in, el Palacio Real de verano de estilo clásico y remontando río arriba, unos 100 k, llegué hasta Ayutthaya, antigua capital de Tailandia entre 1350 y 1767, donde visité un sinnúmero de templos del siglo XIV al XVIII y el cementerio de los Aliados donde yacen más de 10 mil soldados, principalmente de UK y la Commonwealth. Me pareció muy triste.

 Pocos días después, regresé río abajo al Sur y visité toda clase de poblados, pequeños templos y estupas budistas.

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