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Palestina - Israel 11

 Marzo de 2011

 Hacía exactamente 30 años que no regresaba a estos países. En aquel entonces no podía creerme la injusticia con la que Israel trataba a los palestinos. Han pasado todos esos años y las cosas han ido todavía a peor pues los palestinos han sido humillados una y mil veces obligándoles a hacer miles de concesiones para, al final, ni por esas, ha sido reconocido su Estado. Israel continúa, y de forma altiva, permitiendo nuevos asentamientos en Palestina, lo que es igual a decir Samaria y Judea. Varios cientos de miles de judíos viven ilegalmente en territorio palestino. En fin, una vergüenza. Palestina lleva años, más bien décadas, en un callejón sin salida. Por si fuera poco, ahora han sido encerrados tras un muro…les han bombardeado el aeropuerto…la gente muere antes de jubilarse pues su esperanza de vida es muy corta: menos de un 4% tiene más de 60 años. Además de Cisjordania, de superficie parecida a Cantabria y de población 4 millones, la Palestina ocupada comprende la parte oriental de Jerusalén, con un cuarto de millón y la franja de Gaza con 1,5 millones. La pobreza alcanza el 40% de la población y hasta hay campos de refugiados y, por otra parte, hay casi 2 millones de niños con un futuro tremendamente incierto. Vaya panorama. Por si fuera poco, hay graves problemas de suministro de agua pues están pasando por años poco lluviosos.

 En esta ocasión, llego al aeropuerto de Tel Aviv y alquilo un coche y a continuación, ya de noche, conduzco por esta ciudad que sigue sucia, sin luz y con una zona turística, llamada Jaffa, que da pena verla y aún más pena el visitarla. Restaurantes, cafeterías, lugares públicos, etc. tienen un nivel de limpieza muy bajo, que caracteriza al Oriente Medio sea musulmán o judío. Israel no es diferente a los demás países de la zona, quizás ligeramente menos malo.

 Me levanto temprano y conduzco hasta cerca de Haifa puerto que recuerdo muy bien pues, ya entonces, no valía mucho. Así que, antes de llegar, tomo hacia Galilea atravesando Qiriat, Migdal y, finalmente Nazaret, ciudad industrial  sin encanto alguno. Seguí hasta Tiberias para recorrer el lago-mar Tiberiades-Galilea, a 220m bajo el nivel del mar Mediterráneo. Estoy teniendo un tiempo templado y soleado. Korazim, Qadarim, Río Jordán, etc. son otros lugares visitados en la zona en donde pasé un día entero.

 Dedico otro día a bordear la verde costa occidental del lago y a recorrer los altos del Golán, de los que tenía un agradable recuerdo de mi anterior visita. Hago en ellos un itinerario amplio y compruebo que las fuerzas de la ONU siguen ocupando la zona neutral que tienen Israel y Siria. Tengo muy serios problemas para encontrar donde dormir: me rechazan en dos asentamientos del Golán, especie de kibbutz, pues comienza el Sabbat y, finalmente, me quedo a dormir en un lugar destartalado y sucio que comparto con gente joven. Se observan restos de la confrontación bélica tales como edificaciones bombardeadas, impactos de obuses, etc.

 A mi descenso, completo la vuelta al Tiberiades y continúo hacia el sur siguiendo el curso del Jordán  entrando en la ocupada Palestina. En la ribera se ven amplísimas plantaciones de cítricos  sobre todo pomelos y bananos; todo ello ya a 300m bajo el nivel del Mediterráneo. Se trata de una enorme depresión, un verdadero valle, utilizado en agricultura intensiva. Extensos invernaderos por todas partes. Hay muchísimos asentamientos agrícolas judíos en esta zona de Palestina. He de decir que las zonas agrícolas de Israel se ven más modernas y cuidadas. En las palestinas los tractores son viejos y hay todavía algún burro y algunas personas trabajando a mano. En mi recorrido me detengo a visitar un monumento hecho por los israelíes en conmemoración de la guerra ganada a Jordania.

 Reemprendo viaje y continúo bajando al lado del Mar Muerto, ahora a 400m bajo el Mediterráneo, y siempre con su típico olor a huevos podridos. Atravieso Jericó el que, al igual que otros pueblos palestinos, ofrece el abandono propio de un terreno “ocupado” y sin mucha ayuda exterior. Después sigo descendiendo por zonas desérticas hasta Masada, fortaleza emblemática del heroísmo de los judíos frente al poderoso ejército romano. Duermo por aquí.

 Bajo por el Desierto de Negev y me adentro en varios pequeños desiertos para contemplar atípicas formaciones montañosas. También visito las instalaciones industriales para la obtención de Manganeso a partir de las sales del Mar Muerto. Paso el día por aquí y, al siguiente de madrugada, me armo de valor para darme la paliza de atravesar todo el desierto del Negev y llegar a Eilat, en el Mar Rojo, visitar el puerto y demás y regresar para la noche: 440 Km por una carretera llena de cientos de enormes camiones cargados con mineral. En fin, se pudo aguantar. Recuerdo que, en mi anterior viaje, todavía había guerra contra Jordania por aquí y este trayecto fue mucho más accidentado. En Eilat hay mucho turismo de invierno y tiene su propio aeropuerto. Continué hasta la frontera con Egipto en el inicio del Sinaí.

 En esta ocasión no intento llegar a Gaza pero si voy a entrar de nuevo en los territorios palestinos ocupados. Me interesa ver cómo está la situación. Así que comienzo a ascender hacia Arad, a 500m sobre el nivel del mar, dejando atrás y  abajo el Mar Muerto a -400m. Total una subida de 900m en menos de una hora de conducción. Arad, pequeña población en la que destacan los judíos de origen ruso y etíope, tiene cierto encanto y bonitas vistas sobre valles, especie de “mini-desiertos”, que la rodean. Seguí, crucé la zona de seguridad con los Territorios Ocupados de Palestina y después hacia Hebrón. Por el camino visité varios establecimientos judíos que tan descaradamente han sido instalados dentro de territorio palestino y que suponen una población de 300 mil judíos. Son verdaderas fortalezas.  Algo tan injusto que parece grotesco. Hebrón es un pueblo o ciudad grande con muchos talleres y canteras de mármol o granito. Una vez más tiene aire más pobre que las ciudades israelíes. El lento recorrido por carretera me ayudó a ver la forma de vida y el comportamiento en las zonas rurales palestinas. Puesto que los palestinos son más dados a la prole, Israel debería pensar que pronto entre el Mediterráneo y el Jordán habrá más árabes que judíos…así que debería apresurarse en permitir el estado Palestino.

 Ya no dejaría Palestina hasta el día de mi vuelo pues seguí hasta Jerusalén, pasando por Nazaret, donde me alojé tres días en la parte Este de la Capital que pertenece a Palestina. Mi hotel estaba, justamente, frente a la Puerta de Damasco, una de las entradas a la amurallada Ciudad Vieja de Jerusalén. Estaba aceptablemente limpio aunque sus alrededores: calles, estación de autobuses, etc. se encontraban bastante sucios. Entraba cada mañana por la mencionada puerta para recorrer los barrios judío, musulmán, armenio, copto, etc. Una gigantesca variedad de productos se ofrecía en cada uno de los mercados, zocos, bazares, medinas, etc. En mi visita, de hace muchos años, sus habitantes, de diferentes religiones y etnias, de la vieja ciudad se llevaban muy bien. Deberían ser ejemplo y modelo. Ahora siguen dando esa sensación lo que no ocurre, para nada, en el resto de Israel y Palestina.

 Por supuesto que recorrí el resto de la capital, me refiero a la parte judía y moderna. Volví a visitar su polémico Parlamento (Knéset), sus centros comerciales, museos y sinagogas. Hay una calle, llamada Mamilla, con las tiendas más caras y sofisticadas de todo el Oriente Medio. Aparte de los ortodoxos, el resto de los judíos se visten y comportan como los árabes y, en ambos casos, sus niveles de aseo personal no son tremendamente altos. El buen tiempo atmosférico me acompañó en todo el viaje: sol a diario y temperaturas que alcanzaban los 24 grados al mediodía.

 Los palestinos han sido siempre muy amables en los cientos de controles que tuve que pasar. La diferencia en la renta por habitante entre Palestina e Israel es casi abismal. La industria moderna y de alta tecnología está en Israel. Igual ocurre con las mejores tierras. La superficie de Israel equivale a 2/3 de Cataluña y tiene una población de unos 8 millones, de los que casi un millón son judíos rusos, y un 20% de esa población son árabes que habitaban Israel antes del año 48 cuando se produjo la independencia. Esperanza de vida: mujer 83, hombre 79. La renta por habitante es de 30 mil dólares y el paro del 6%. Tienen algún yacimiento de gas y petróleo, bromo magnesio, alta tecnología en telecomunicaciones e informática y dispone de personal altamente cualificado, además industria automovilística, tallado de diamantes, fábrica de neumáticos, fertilizantes, material electrónico, solo un 2,5% de analfabetismo, 3,7 médicos por mil habitantes, etc.

En Israel no existen matrimonios ni divorcios civiles.

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