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Nepal-Katmandú 17

 Febrero de 2017

 Me había prometido a mí mismo no regresar más a Nepal, pero, lamentablemente, hacer escala en Katmandú, su capital, era la forma más cómoda que tenía para visitar Bután, tanto a la ida como al regreso. Así que me preparé para soportarlo.

 Katmandú sigue siendo sucia, polvorienta, todo el mundo con mascarilla, ruidosa, con densa calima de contaminación, superpoblada… en fin no apetece estar en ella: las casas sin pintar, todo decadente y deteriorado...muy desagradable. No echemos la culpa al reciente terremoto, que también lo ha empeorado, no, se trata de una desidia que lleva muchos años y es muy anterior al último y desgraciado movimiento sísmico.   

 La última vez que estuve en Nepal fue en el año 1996 y ya entonces lamenté haber regresado pues la imagen agradable que tenía de mi primera visita, en el año 1976, la acababa de destrozar. Ya entonces me preguntaba: qué habrá sido de aquel Nepal tan virgen, tan primitivo, tan honesto…ahora está sucio, superpoblado, contaminado, con excesivo tráfico, ruidoso etc. Todo se había mercantilizado. Pues ahora en el 2017 ya resulta horrible viajar a este Nepal insufrible. Me prometo, nuevamente, no regresar más. Juraría que el motivo de mi regreso en el 1996 fue hacer escala obligada para ir y regresar del Tíbet; de otra forma no se me habría ocurrido jamás volver.

 Nepal se está acercando a los 30 millones de habitantes cuando su superficie no supera el tercio de la de España; en cuanto a la capital, ya hace muchos años que sobrepasa el millón de habitantes, hacinados todos ellos, pero también hace muchos años que no hacen un censo… Los potentes partidos comunistas de siempre en este país, ostentan el poder de esta República que tiene una renta por habitante que ni siquiera llega a los 800 dólares, lo que quiere decir que dobla en pobreza a la Unión India. Todavía hay más de un 80% de la población ocupado en la agricultura. Los hombres van teniendo trabajo, pero en la mujer el paro llega al 50%, lo que no es comprensible en un país controlado por comunistas. Igual ocurre con su analfabetismo, de casi un 40%, el que jamás ha existido en un país comunista. Parece que sus tradiciones y su religión van por delante de sus ideas comunistas: conservadores y comunistas… qué contradicción. El hinduismo es la religión dominante tanto en Nepal como en La India y es muy dada a permitir todo tipo de menosprecio o vejación hacia la mujer; así que ¿cómo se puede ser comunista y tolerar este comportamiento en los días en que vivimos? Pero eso sí: reconocen, muy orgullosos, tener móvil 967 de cada 1.000 adultos, aun cuando apenas tengan para comer…

 El horrible terremoto que sufrió el país en abril de 2015, hace menos de 2 años, dejó muy dañada la parte oriental que resultó muy destrozada y con un total de 8.800 muertos. No sé por qué puñetas las desgracias van siempre a parar a los más débiles. Por si fuera poco, la mortalidad infantil ronda el 3%. Aunque el nepalés sea el único idioma oficial, es realmente el tibetano el idioma que emplean para todo. Hay algo muy enriquecedor: los muchos grupos étnicos mezclados y los muy distintos idiomas que se emplean en el país.

 Los pocos días que estuve, me alojé en un hotel en el barrio de Thamel. Me daba buenas caminatas para ver nuevamente los lugares turísticos que ya había visitado en años anteriores. Estuve en las distintas plazas Durbar en las que hay mucho edificio destrozado y lo poco que queda en pie está apuntalado o cayéndose; recorrí barrios enteros con calles sin asfaltar, llenas de barro y baches. Visité el museo de la plaza Durbar de Patán, en cuyo interior había un mercadillo agradable de productos nacionales. Visité el templo/museo budista Swayambhunath o de los monos, menos castigado por el terremoto, así como el templo de Pashupati, etc. Hay que decir que el nepalí sigue siendo amable, hospitalario y tan humilde como comerciante. En líneas generales, encontré las zonas turísticas y monumentales sucias y abandonadas.

 No tuve suerte con la comida y, por si fuera poco, la fruta también era mala como me ocurrió en Bután; yo diría que no es el mes adecuado.