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Myanmar/Birmania 18

 Enero de 2018

 Había estado ya dos veces aquí. Durante mi primera visita, en 1976, tuve que soportar el sistema militar de una marcada radicalidad socialista. Todavía se llamaba Birmania y Rangún era su capital. En aquel entonces era una dictadura feroz y recuerdo muy bien la actitud chulesca de los militares quienes, en las largas colas que tenía uno que hacer, te quitaban el sitio para ponerse ellos. En más de una ocasión les afeé esa conducta ante el resto del público. Creo que fui demasiado atrevido.

Me parece que no fue hasta 1989 que pasó a llamarse Myanmar. En mi segundo viaje, en diciembre de 2006 la dictadura, observada entonces por el resto del mundo, había aflojado mucho pues ya en 1991 la famosa Aung San Suu Kyi había conseguido el Premio Nobel de la Paz. Por supuesto, la intrépida mujer, seguía bajo arresto domiciliario. Finalmente, su partido ganó las elecciones, ella pasó a ser presidenta del gobierno y promovió una moderna Constitución con su referéndum en el 2008. La antigua capital Rangún ha dejado de serlo y además ha pasado a llamarse Yangón. El puerto principal es precisamente Yangon que es donde está también el aeropuerto internacional. La diferencia horaria con España es de +5,5 horas. Poco puedo contar de este viaje que no conozcan un amplio número de viajeros españoles pues ha sido, durante más de una década, un destino atractivo.

 Ahora en 2018 la famosa pacifista, tras llevar años ostentando el poder de esta República, ha pasado a la reserva, pero sigue controlando su partido: Liga Nacional para la Democracia. La superficie del país es un 30% superior a la de España y su población ya remonta los 52 millones. Naypyidaw la nueva capital un tanto artificial, tiene una aglomeración urbana de más de 1,2 mill. Siguen utilizando el kyat como moneda, dividido en 100 pyas. El cambio oficial es el de 1 euro = 1.560 Kyats. Rechazan billetes de dólares emitidos hace años y hay que llevar cuidado con los billetes que llevan las letras AB y CB, al lado del número de serie, pues son falsos. Apenas aceptan tarjetas de crédito y por supuesto no hay cajeros automáticos. Mejor llevar efectivo en abundancia. La pena de muerte  está en vigor. Existen unos movimientos budistas nacionalistas que, en la provincia de Arakan, frontera con Bangladesh, atacan, matan o expulsan a los habitantes musulmanes provenientes, hace muchos años, de Bangladesh, llamados Rohingyas. En cuanto a religión son 75% budistas, 11% animistas, 8% musulmanes e hinduistas y 6% cristianos. La lengua oficial es el birmano y se habla algo el inglés. El birmano es una lengua monosilábica.

 Hay muy poco paro, pero su renta anual por habitante es muy baja: 1.300 dólares por habitante y para colmo tienen inflaciones superiores al 10% anual. La esperanza de vida anda por los 60/65 años y como se jubilan a los 60 pueden fácilmente pasar, lamentablemente, del trabajo al más allá.

 Producen mucho arroz y mucha caña de azúcar y cereales como el maíz, el mijo, etc. Hay zonas con plantaciones para opio en las fronteras con Laos y Camboya. Exportan un poco de petróleo y tienen bastante gas natural, plomo y estaño; también tienen algo de caucho y piedras preciosas como zafiros y rubíes. Exportan mucha madera de teca que por cierto es la mejor del mundo. Hay mucho bosque tropical y muchas centrales hidroeléctricas. El transporte fluvial es muy importante y disponen de 8.000 km navegables. Reciben 3,5 millones de turistas o visitantes al año, aunque este año, debido al tema de los Rohingyas, se ha reducido un 70%.

 Son muy pobres, pero, al igual que en otros países de nivel muy bajo, 7 de cada 10 adultos tiene móvil...se trata, tristemente, de una miseria “modernamente globalizada” ...se puede uno morir de hambre, pero jamás incomunicado...por otra parte hay solo un 7% de analfabetismo lo que, en cierto modo, habla bien del anterior sistema radical comunista. Hay, tristemente, solo 0,6 médicos por cada 1.000 habitantes, cuando España se acerca, creo, a los 3; así que cinco veces más.

 En 1976, año en que tuvo lugar mi primera visita, el país tenía 30 millones de habitantes y ahora ya tiene 52. En aquel entonces no había ni una sola tienda privada, por pequeña que fuera; todo era del estado, de un estado militar comunista. Por supuesto no había bares ni restaurantes. La gente estaba muy sometida y a disgusto. Recuerdo que soporté un temblor de tierras en Bagan, a unos 1.000 km de Rangún y que era entonces la zona más interesante a visitar y en donde fueron muchas las pagodas afectadas. Algo bueno había entonces: la mujer estaba emancipada y su salario era igual que el del hombre. Mandalay, a unos 180 km al norte de Bagan, fue otro de los lugares de interés que visité en el que, recuerdo, había templos por todos los rincones. Por cierto, los pagos en hoteles eran y siguen siendo siempre en efectivo pues no usan tarjetas de crédito.

 Esta vez, y tras una escala en Dubái, por fin llego a Yangon, la antigua Rangún, y me encuentro con un aeropuerto nuevo, amplio y moderno, y lo mismo me ocurre con los coches de la ciudad que veo más nuevos y cuidados que hace once años cuando estuve la última vez. Tráfico denso y lento; me alojo en un hotel a 20 km del aeropuerto y para llegar necesito 1 hora de taxi.

 A las 6 de la mañana regreso al aeropuerto, ya que dado lo extenso que es el país y sus horribles carreteras, debo moverse en aviones pequeños de hélice y, de  camino al aeropuerto, me tropiezo con la típica fila de monjes que, antes del amanecer y con cuencos en la mano, van recogiendo la comida que la gente les quiere dar. Embarco para la famosa, antigua y cultural ciudad de Bagan. Decidí tomar un avión para evitar tener que hacer 14 horas de coche por una carretera muy mala para cubrir los 650 km que me separaban de esa ciudad situada en el centro del país. Sobrevolando el mencionado centro, se ve todo muy árido pues estamos en temporada seca; los ríos también están secos del todo y la poca vegetación esta polvorienta.

 Llego a Bagan, situada al lado del río Irrawaddy, que es una ciudad con un entorno agrícola muy desarrollado. Fue capital del imperio birmano y tiene miles de templos dispersos en unos 40 km cuadrados; está solo a unos 200 km al sur de la importante y turística Mandalay. Dicen existir unas 2.500 pagodas en la zona. Visito la pagoda de Shwezigon y después el templo de Ananda, con sus 4 budas y un monasterio, y el templo de Thatbinnyu. Curiosamente, los dos choferes que tuve, tanto en Yangon como en Bagan se llamaban Comió. El país está lleno de motos y sin apenas bicicletas, salvo en la ciudad de Yangon donde las motos están prohibidas. Lo que he comido con más frecuencia han sido: fideos muy finos fritos y acompañados de verduras, pollo al curry, tempura de verduras, papaya, etc. Compruebo que tanto las niñas, las chicas y también sus madres, han vuelto a ponerse la crema en la cara, que ya usaban en el 1974, la cual está hecha con polvo de madera de teca y con el propósito de proteger su cara del sol y no ponerse morenas ya que, según ellos, la piel morena es sinónimo de campesinado y, por supuesto ellas quieren tener el cutis blanco que indique una clase social más alta o bien que son de ciudad. A los orientales les gusta tener la piel blanca. En sus casas cocinan con el fuerte y peligroso aceite de cacahuete que, si bien puede ser sabroso, origina problemas de corazón. Toman arroz 3 veces al día lo que hace que, a pesar de que lo producen, se vean obligados a importarlo lo que, curiosamente, resulta más caro que en España. Presumen de tener un aceite de coco extra virgen…

 A los turistas, que son muy pocos debido a los graves y violentos problemas surgidos con los rohingyas, los llevan en un carrito, tirado por un pequeño caballo, a ver la puesta de sol sobre una colina desde la que se contemplan miles de pequeñas pagodas y estupas. Los nativos apenas emplean el término pagoda: todo se reduce a templo grande o pequeño o bien a estupa que contiene reliquias... lo que no ocurre en otros países budistas. Hay muchas motos pequeñas movidas con batería y un 80% de los coches llevan el volante a la derecha, a pesar de que conducen por la derecha, y ello supone un grave problema en el momento de adelantar. El motivo se debe a que son los fabricantes coreanos y japoneses los que les venden los coches y serían más caros si tuvieran que cambiarles el volante a la izquierda. Curiosamente, algunos coches japoneses llevan un espejo retrovisor especial para que la gente que se sienta atrás pueda también mirar lo que hay por detrás del vehículo.

 Entre los mercados públicos de Bagan, el más importante es el de Nyaung Oo; he visto muchas verduras y especias desconocidas; además tienen frutas preparadas y adornadas para sus tradiciones religiosas como es el caso del coco junto con tres plátanos... he visto mucho pescado de río con especies de peces desconocidos para mí. Al ser pobres no tienen nevera así que, dadas las altas temperaturas, se ven obligados a hacer la compra diariamente.

 Además de los templos mencionados anteriormente en Bagan, visité los conocidos de Damayangyi y Sulamani. En su interior, repito, suelen tener forma de cruz con lados iguales, por los que se accede, y al fondo de cada lado hay una enorme estatua de Buda. Por el campo se ven muchos árboles de teca con sus típicas hojas grandes. Por cierto, me dijeron que un maestro cobra normalmente solo 150 euros al mes. Cuando recorres los pueblos te muestran, y tratan de venderte, objetos lacados que fabrican ellos mismos y que dicen hacerlos con laca hecha de resina de árbol y bambú molido...claro que si miras detrás de la puerta ves una lata grande de latex de 5 kg. Fuera de las ciudades la gente lleva puesta el longyi que es la falda típica que utilizan tanto hombres como mujeres y que está formada por una tela fina, de unos 2 metros de longitud, que se enrollan a la cintura.

 Sigo en Bagan y navego unas horas remontando hacia el Norte el rio Ayeyarwady el que además de ser muy caudaloso aparece en esta región enormemente ancho, casi 1 km, dada la casi carencia de pendiente.

 Mandalay es mi segundo salto y lo hago desde Bagan tras un vuelo de solo 20 minutos, pues no hay más allá de 180 km (aunque unidos por una carretera infernal); al salir del aeropuerto, que está a más de una hora de coche de Mandalay, veo mujeres trabajando en una carretera de nueva construcción haciendo labores de hombres: picando, rompiendo piedra, cargando camiones…Por cierto, en mi primer y segundo viajes me enteré de que había casi un millón de monjes budistas que visten de color rojizo; pues bien ahora apenas llegan a 500 mil. Por otra parte, hay unas 30 mil monjas que visten de color rosa. Así que, de camino a Mandalay, hago que el coche pase por la zona de Amarapura, antigua capital real, donde vuelvo a recorrer el famoso puente antiguo de madera de teca, llamado U Bein, construido hace unos 200 años, pero esta vez no había agua bajo él por tratarse de la época seca del año. Fue una desilusión. En fin, después pasamos por un pequeño templo, todo él en teca y finalmente visito también la pagoda dorada de Khaung Mu Daw con forma de pecho femenino incluido su pezón. Después me detengo en el monasterio de teca de Maha Aungmye y en la Torre del Reloj. En el día de hoy he recorrido: Amarapura, Ava y Sagaing y, finalmente, llego a dormir a Mandalay.

 Mandalay es otro interesante lugar en el que comienzo el día tomando un barco, siempre por el río Ayeyarddy, que me llevaría a un lugar llamado Mingun para visitar la Pagoda inacabada de Pahtodawgyi y la enorme campana de bronce de 90 toneladas que, según ellos, es la más grande del mundo que no está ni rota ni fisurada. Me doy una buena comida a base de tempura de verduras, pollo a la plancha y los consabidos fideos muy finos acompañados de verduras. Después, ya por la tarde, visito un templo circular blanco cuyo exterior imita las olas del mar y cuyo nombre no recuerdo y después visito el precioso monasterio de teca del XIX llamado Shwenandaw y finalmente la maravillosa pagoda llamada kuthotaw rodeada de unas ochocientas pequeñas pagodas blancas formando innumerables pasillos. Detrás de la misma hay una bellísima estupa dorada.

 Los monjes, en general, y sea cual sea su monasterio, viven y comen de las donaciones de la gente: si no hay donación no comen. Habitualmente salen a las calles de las respectivas ciudades antes del amanecer y, en fila, caminan llevando cada uno un cuenco que la gente va llenando de comida. Los lamas y teólogos budistas emplean un idioma exclusivo de ellos llamado Palí y que para ellos es como el latín para los sacerdotes cristianos. Me he asomado a algunos de los comedores de sus monasterios y he podido ver que, dado que las aguas del país son tan malas, todos beben agua mineral embotellada. Los niños pueden ser novicios de monje a los 10 años, yo los he visto y fotografiado.

 Así que, al día siguiente, dejo Mandalay y tomo mi tercer vuelo a Heho, a solo 250 km, pero unidos por otra horrible carretera, mientras que el vuelo ha durado 40 minutos. Después otra vez 2,5 horas de coche para llegar al lugar a visitar: el interesante lago Inle, muy conocido por las etnias que alberga, por la edificación a base de palafitos, por los pescadores, por los mercados, sus templos, etc. etc. Esta era es mi tercera visita al lago en 40 años. Por el camino me paro a visitar un monasterio de novicios, construido en teca, donde hace años, recuerdo, hice fotos a novicios asomados a sus ventanas.

 Finalmente llego a orillas del lago y tomo una canoa muy estrecha, pero de unos 9 metros de eslora y con motor fuera borda, capaz para solo 4 pasajeros y con ella dirigirme al hotel que había reservado. Para ello tuvimos que atravesar el enorme lago, lo que nos llevó casi una hora. Por supuesto, me crucé con muchas embarcaciones similares que llevaban pasajeros locales, con múltiples pescadores solitarios con diminutas canoas que remaban con los pies, al tiempo que tiraban sus cónicas redes y otros artilugios de pesca muy característicos y típicos de esta zona. Fue muy interesante. El lago, sobre el que flotan millones de jacintos de agua flotantes que dan flores, tiene un denso tráfico también de mercancías, pasajeros y hasta materiales de construcción. Dado que la gente vive en palafitos, que son casas construidas sobre pilotes de madera que van clavados bajo el agua, la gente sale de su casa siempre con su canoa, tanto si van al templo como al trabajo o al médico o a la tienda. No hay otra forma de desplazamiento. No hace falta coche, pero sí una canoa. Hasta se ven niños de menos de 10 años remando con su canoa o bien utilizando un motor fuera borda. Al parecer, me dicen, esos jacintos de agua hervidos son buenos para el riñón.

 Mi hotel también estaba formado por palafitos, así que heme aquí en una cabaña, sustentada por pilotes de madera, en la que había una habitación y un baño y en la que, por cierto, las camas tenían mosquiteras pues al parecer en el lago hay toda clase de insectos. Las bajas temperaturas de las noches, unido a la alta humedad hacían que se notara bastante el frío y eso a pesar de tener dos mantas en la cama.

 Visito la pagoda Phaungdawoo en cuyo interior hay unos lugares especiales donde los creyentes pegan pan de oro; se trata de unas finísimas láminas de  unos 3 cm de longitud que les venden a la entrada de la pagoda por un precio equivalente a 1,5 euros. A continuación, también entro en el interior del interesante Monasterio Ngepachaung. Se puede decir que los pueblos que rodean el lago son flotantes pues todos ellos son palafitos y hasta comí en un restaurante, sin grandes pretensiones, que flotaba sobre el lago. Por cierto, las embarcaciones navegan por la izquierda.

 Da pena ver tantos puestos de venta para turistas cuando, realmente, no hay turistas debido al violento o cruel tema de los rohingyas masacrados. En los pueblos del entorno del lago Inle mastican hoja de betel mezclada con cal liquida para compensar la acidez, y debido a ello tienen los dientes y las encías rojas. Visité un amplio mercado central al aire libre al que acudían de todos los pueblos de los alrededores y en él pude ver, por la forma de vestir, las diferentes etnias que componen la población.

 Yangon, la antigua capital, fue mi siguiente y último destino tras dejar el lago Inle y la ciudad de Heho.  Curiosamente, los taxistas no ponen taxímetro y tienes que discutir el precio cada vez que tomas uno. Hay algo muy bueno en esta ciudad: están prohibidas las motos. La gente cuenta que se debe a que, en una ocasión, un motorista mató a un importante militar…claro que fue durante la dictadura militar… Yangon es la auténtica capital del país, aunque, oficialmente, lo sea la recién y artificialmente creada ciudad de Naipyido. Fotografié una pintura naïf que me gustó mucho y cuyo motivo era los famosos campos de sésamo que tienen. He tomado su cerveza popular, llamada Myanmar, que es una lager muy suave y también otra lager de Singapur que también beben con mucha frecuencia. Aquí ni ellos ni ellas llevan el longyi y visten siempre a la europea.

 Recorro el mercado, que no vale nada, y al día siguiente comienzo con la visita al famoso, y quizás el más bello e interesante templo que tienen: Shwedagon, del que tomo muchas fotografías y después la obligada visita al templo del buda yaciente de 72 m de longitud. Uno de los más largos del mundo. Más tarde, y desde el exterior, contemplo el palacio dorado flotante Karaweik, que es un restaurante en forma de pato, copia de un antiguo barco real. También coincidí, por casualidad, con la celebración de una boda en mi hotel. Resulta muy desagradable ver cómo, al lado de algunas calles, se ven canales que llevan las aguas residuales de la ciudad sin haber pasado por tratamiento alguno.

 Los birmanos, ellos y ellas, son demasiado serios, demasiado tristes...no aportan nada de alegría ni nada de optimismo. En mi primer viaje, hace nada menos que 40 años, pensé que su comportamiento podía tener que ver con la dictadura que estaban sufriendo; en mi segundo, hace 12 años, seguí pensando lo mismo, incorporando además el misticismo y la vida reflexiva del budismo...ahora, que ya llevan años en libertad y no han cambiado para nada, pienso que son tal cual y no le doy más vueltas. Así he visto a lo largo de muchos años a las gentes asiáticas, tales como las de Taiwán, Indonesia, el resto de Indochina...hasta China, Singapur etc....en fin, podían ser la gente más feliz del mundo, pero, al mismo tiempo, incapaces de exteriorizarlo...a los occidentales nos cuesta mucho entender sus comportamientos. Por otra parte, ellos nos contemplan como a bichos raros cuyo comportamiento y reacciones no logran entender tampoco. Por tanto, es algo mutuo. Así el mundo, así sus gentes, así los comportamientos del ser humano. Siempre hay algo contradictorio entre Oriente y Occidente.

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