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Mongolia 98

 Junio de 1998

 ALGUNOS DATOS SOBRE EL PAÍS:

 Mongolia, pais que tiene una superficie que equivale a tres veces la de España no tiene, sin embargo, más que 2,2 millones de habitantes. Dicho de otra forma: equivale a una España poblada, solamente, con 700.000 habitantes; o a la inversa una Mongolia poblada con 120 millones de habitantes. Menos mal que, al menos, todos hablan la misma lengua, el mongol, y todos son de la misma etnia, mongola.

La capital  es Ulan Bator que, situada a 1.400 m de altura, tiene la tercera parte de la población del país: 700.000 habitantes. El clima es continental  extremadísimo. La temperatura media de enero es de -30ºC y la de julio +30ºC. Esta diferencia de 60ºC no la había visto nunca. Teniendo en cuenta que muchos días de invierno la temperatura baja a -40ºC y que en verano sube a 40ºC la diferencia ente la máxima y la mínima puede llegar a 50° C. ¡Insoportable! En cuanto a su religión hay que decir que son budistas y en cuanto a su divisa, sin valor ninguno en el exterior del país, es el Tugrik que equivale a unos 40 céntimos de peseta(0,0024€). Debido a que llueve poco, unos 250 l al año por metro cuadardo, y a las temperaturas,  no se ven ni árboles frutales ni verduras. En el verano hay cereales. En la zona norte  hay algunos bosques de cedros y abedules.

 La economía está basada  en la ganadería y la minería. Tienen 3,5 millones de cabezas de vacuno, 14 millones de ovejas, 5 millones de cabras, 3 millones de caballos y 0,5 millones de camellos bactrianos, los de dos jorobas. Esto equivale a unas 14 cabezas de ganado por persona. En cuanto a los recursos minerales cuenta con  bastante carbón, un poco de petróleo, un poco de uranio y un poco de molibdeno. Algo de industria textil y de cemento.

 La renta per cápita es bajísima y parece, más bien, la de un país africano pobre: 300 dólares USA. (España tiene 14.000 dólares USA.), la mitad que China y la tercera parte que India. Recibe la visita de unos 15 extranjeros de media diarios, ¡ojo! no turistas. Su analfabetismo ronda un 20%, lo que me extraña debido a que han sido comunistas durante 70 años.

 En el año 1992 decidieron abandonar la aventura comunista, emprendida en 1924, y, en 1996, realizaron sus primeros comicios electorales en los que ganó un partido democrático. "Paradójicamente" eligieron como presidente de la república al que fue su líder comunista durante muchos años y que es el secretario del Partido Revolucionario del Pueblo Mongol (PRPM).

 Mongolia es el país de Gengis-Khan, de la Horda Dorada, de los hombres que obligaron a los chinos a levantar la Gran Muralla, de los guerreros nómadas que en el siglo XIII llegaron hasta las puertas de Viena y hasta Vietnam, de los fundadores de Beijing, etc., etc. Por supuesto la cerveza así como  el vodka del país se llaman Gengis- Khan.

 El 11 de julio es su fiesta nacional: luchas, tiro de arco y carreras de caballo que son los deportes que les gustan. Siempre hay carreras de caballos. Así es este pueblo de guerreros y pastores. Los mongoles odian a los rusos pero más aún a los chinos. Debido al fomento de la natalidad de los últimos años, los mongoles son un pueblo joven. Los taxistas de Ulan Bator son particulares y te ofrecen sus servicios en su "tartana" privada. Así fue como nos trasladamos del aeropuerto a la ciudad.

 Al mongol le encanta vivir en su Ger, que es una especie de jaima árabe, y el 95% de ellos, incluidos los barrios de la capital, viven en ellas. El éxito de las tropas de Gengis-Khan radicaba en que sus guerreros avanzaban con su Ger, su familia, sus vacas y sus caballos. Era un ejercito nómada pero con el confort que le proporcionaba todo ello. Sin problema de sexo y sin tener que violar mujeres ni hacer prisioneros. Eran una especie de caballeros. En cualquier caso hay que decir que sus caballos son pequeños y feos, aunque hayan conseguido un señalado lugar en la historia. La verdad es que son caballos muy corredores.

 En la actualidad hay mucha población dedicada al pastoreo y actuando como nómadas que desplazan 29 millones de cabezas de ganado. ¡Casi nada!

 Al parecer, pues yo no los he visto, en el desierto del Gobi abundan los restos de saurios  y  hasta se pueden adquirir huevos. Claro que al pasar la policía, al salir del país, se notaría mucho el ''paquete''. En cuanto a la fauna tienen: linces, osos pardos, leopardos de las nieves, armiños, martas, nutrias y marmotas. De la flora tiene muchas florecillas, aun sin catalogar, abedules, cedros, pinos, etc.

 En la capital hay una central térmica cuyas aguas, una vez utilizadas para producir energía eléctrica, son conducidas por medio de tuberías, a las casas para que puedan sobrevivir durante el crudo invierno.

 Mongolia es como un país de vaqueros de ganado, a cuyos hijos les enseñan a andar al tiempo que a montar a caballo.

 EL VIAJE:

 Apenas llegados a Ulan Bator, mi hijo Agustin y yo, comenzamos a preparar nuestro viaje que, durante una semana, nos llevaría al desierto del Gobi en el sur y al Karakórum, cuna del gran imperio de Gengis-Khan, en la parte centro-oeste. Pudimos encontrar un jeep de fabricación rusa y un chofer que decía conocer aquello. Tras los preparativos oportunos salimos zumbando, de buena mañana, hacia el Gobi. La idea era hacer unos 300 Km. diarios por un desierto en el que no había carretera ni pistas. Todo lo que se ve son las rodadas de otros vehículos y que, no siempre, van en la dirección que tú quieres ir. También teníamos el problema de una posible avería, ya que el jeep  había "envejecido" un poco. El futuro que se nos presentaba no era nada halagüeño pero así son las cosas v las aventuras. Tampoco pensamos que podíamos pasar días enteros sin ver un solo vehículo, como así fue, ni que los 300 km. se convirtieran, a veces, en 400. Además el polvo, el calor, el alojamiento, la comida, etc., etc.

 SEGUNDO DÍA:

 Comenzamos a recorrer el desierto, siguiendo la rodada o rodera de otros vehículos, adentrándonos unos 300 km dentro del mismo. No hemos visto un solo pueblo salvo al final de ese trayecto en el que había cuatro casas con el nombre de Mandolgobi (centro del Gobi). El recorrido lo hicimos a una media de 31 km. /h lo que no está mal. Por el camino veíamos, a lo lejos, los rebaños de caballos, ovejas, cabras, vacas y algún que otro pastor nómada cerca de su Ger, o Yurta. Nos detuvimos a pedirles agua caliente para poner en los spaghettis, ya preparados, que llevábamos. Fueron muy amables y nos invitaron a comer sopa y té con leche de yegua que todo el mundo toma, al menos cinco tazones diarios, en esta parte del país. También nos vimos obligados a tomar un queso muy fermentado de yegua. Fuera llovía y hacía frío. Dentro del Ger la estufa-cocina estaba en marcha y hacía un calorcito muy agradable.

 La gente es muy hospitalaria, abierta y simpática. ! Que orgullosos estaban de tenernos en su Ger! Además lo tienen todo muy limpio y ordenado. La cocina-estufa está siempre encendida: día y noche, invierno y verano. Ésta la alimentan con la boñiga de las vacas y de los caballos como único combustible.

 El Ger tiene forma circular y la cubierta acaba casi en punta. Está formado por un esqueleto de ramas o listones de madera, recubierto con una especie de manta de lana de oveja, como aislante térmico, y después lleva una especie de toldo por encima, dejando una puerta de entrada, que siempre mira al sur, y un orificio en el techo para sacar la chimenea y para ventilación. El poste central del Ger no debe de tocarse mucho pues trae mala suerte. A la puerta  siempre están atados los caballos de cada miembro de la familia, incluidos los de los niños. La superficie  es de unos 15 a 20 m2 y en ella ha de caber toda la familia.

 El desierto del Gobi no es lo que la gente piensa; tiene una vegetación a base de hierba muy cortita, especie de estepa, y preciosas y suaves colinas en forma de ondas muy tendidas como en el Kalahari, de color verde. No hay ni un solo árbol, como es de suponer, pero si muchos rebaños de camellos, cabras, vacas, ovejas y caballos. También se ve algún Ger de tarde en tarde. Existen algunos pozos de agua para el ganado, la cual sacan a mano pues están a muy poca profundidad, además no hay corriente eléctrica. Las verdes praderas tienen distintas tonalidades y el cielo un tono azul claro pastel. La mezcla de estos colores suaves resulta muy agradable.

 Hacer 300 km. sin cruzarse con un solo coche y sin pasar por un solo pueblo te hace pensar en el problema que supondría una avería. Se ven cuervos gigantes, vencejos de tono marrón con manchas blancas, ratones, liebres, martas, saltamontes voladores que cubren grandes distancias, gacelas de cola negra, etc.

 Por supuesto hay águilas de color marrón y buitres gigantes de color negro. De tarde en tarde, aparece en lontananza un jinete montando uno de sus pequeños, pero fuertes, caballos. Entonces el jinete decide presumir de caballo y se pone a galopar, a todo lo que da el animal, para intentar correr o ganarle al jeep. Los caballos son muy veloces y podrían hacerlo  en algunos momentos. Después nos saludan desde lejos como diciendo hasta otra. ¡Como se tienen que aburrir por aquí, solos! Siempre llevan una larga pica en cuyo extremo tienen un lazo. Parecen gauchos.

 A la entrada de nuestro primer pueblecito, situado en medio del desierto, nos invitó una familia a entrar en su Ger a tomar un té con leche. La familia comenzó a sacar las ropas de fiesta y disfrazaron a mi hijo Agus poniéndole, también, un largo cuchillo de fabricación casera decorado con adornos de plata. Agus estaba muy chulo. Yo hice como que comía su fuerte queso para no desairarlos.

El pueblecito tenía una especie de "fonda" para que pernoctaran los que atraviesan el desierto. Aquello era horrible y asqueroso pero conseguimos conciliar el sueño. Nos lamentábamos de no haber podido quedarnos a dormir en algún Ger con los pastores, pues habría estado más limpio. El pueblo parece fantasma: nadie por la calle, las casas vacías, viento del desierto constante, nada de iluminación,... etc., etc. La "fonda" parecía haber sido la casa del pueblo en época comunista. El frío y el viento de arena duraron toda la noche.

 Las gentes que nos vamos cruzando me recuerdan las del Tíbet o las del altiplano Andino: ojos rasgados, pómulos prominentes, y muy enrojecidos, ropas coloridas, timidez frente al extranjero, etc., etc. También me recuerdan los gauchos, la Tierra de Fuego de Argentina, los nativos de Groenlandia, o los esquimales de Alaska. Parece que algo tienen en común.

 ¡Que sorpresa me he llevado con el Gobi! Solo un 3% es de arena... El resto está cubierto de un manto de hierbecilla y algún que otro pequeño arbusto. Después, al ver los rebaños pastando, te parece Australia. Es una suave estepa o pradera muy dulce y acogedora.

 De tarde en tarde aparece algún pequeño oasis que permite la vida de los rebaños y de los pastores nómadas. Hay un agradable olor a hierba y a plantas aromáticas con florecillas. ¡Me encanta la llanura, las tonalidades de los colores, el silencio, la inmensidad, las colinas, etc.!

 TERCER DÍA:

 A las 5 h de la mañana en pie. Fue Agus el que insistió en madrugar para evitar el calor. Desayuno a base de verdura con carne. Otras veces tomamos unos fideos con carne. Todo lleva carne de cordero con trozos de grasa. Buscamos las roderas del desierto que más nos convenían, tras preguntar a un mongol que nos orientara. Esperábamos tener 40° C pero tuvimos suerte porque el día estaba cubierto y acabó lloviendo.

 En el desierto también llueve de tarde en tarde. Ahora, es precisamente, la "temporada de lluvia".

 No pude tomar ni un café por la mañana. El café es algo extraño y difícil de encontrar en Mongolia. Ellos toman siempre té. Por otra parte el café hay que importarlo y ellos son muy pobres y no se lo pueden permitir. Hoy recorrimos según el mapa y el cuenta-kilómetros del jeep, 360 km. Atravesamos parte del Sur del Gobi que es diferente al centro y norte. La hierba es menos densa y menos verde y, por ello, hemos visto menos rebaños. Apenas hay charcas u oasis. Ahora ya es el camello y la cabra los animales que predominan, debido a la escasez de agua. Tengo que decir que nuestro jeep es ruso de fabricación pues ellos hacen esta puntualización ya que hay otros jeeps chinos que, segun los mongoles, no son tan duros y seguros.

 Hemos visto algún buitre gigante negro. Honestamente son tremendamente huidizos y no pude fotografiarlos. También hemos visto miles de ratoncillos y corrimos tras una gacela de cola negra que huía como alma que lleva el diablo. Llegan a coger una velocidad parecida a la del guepardo.

 En todo el día no encontramos ni un solo vehículo. Miento, encontramos una vieja moto rusa, en la que iba el padre la madre y el hijo. Nos pidieron algo de gasolina. ¡Que cosas se pueden encontrar en un desierto! También nos paramos para saludar a una niña que iba a caballo y que vivía con su familia de pastores en un Ger que no llegamos ni siquiera a divisar de lo lejos que estaba. Por esta parte del sur del Gobi vive muy poca gente.

 Llegamos, finalmente, a Dalandzadgad, pueblecito totalmente al sur del Gobi y al pié de una cordillera de montañas muy pintorescas. Como dijo Agus: “De aquí hasta la frontera con China sólo quedan unos 80 Km.”. El gobierno de Mongolia tiene, por esta zona, un camping de Gers para los visitantes que vuelan en avioneta, desde Ulan Bator, para visitar las zonas donde se encuentran los restos de los saurios. Alquilamos un Ger para nosotros. Tras comer algo, cordero con patatas fritas y té mongol, seguimos hacia una zona montañosa que teníamos a una hora más de jeep. Tomamos un desfiladero muy estrecho de unos 5 km. de longitud, llamado Jolyn según los mapas, pero al que nosotros llamamos ''Wooly-Wooly'' en plan de cachondeo. Finalmente el jeep no pudo seguir y tuvimos que continuar a pié. De repente se puso a llover con mucha fuerza y con aparato eléctrico. Agus fue el primero en llegar y cogió una buena mojadura. Recorrimos una serie de cañadas muy verdes, con su pequeño arroyo y, finalmente, llegamos a un glaciar de pequeñas dimensiones. Resulta paradójico, como puede verse en las fotografías, encontrar unas montañas tan verdes y un glaciar en un desierto que llega a 40ºC. Pero así es de sorprendente el Gobi.

 Pasamos la noche en nuestro Ger no sin antes cenar... Cordero con yogur de yegua. Pusimos en marcha la estufa, pues hacía frío al llegar la noche. Agus se encargaba de enredar con el fuego. Sobre las 10 de la noche salí a fotografiar una puesta de sol y, también a las 5.30 de la mañana tomé el amanecer, justo antes de desayunar algo y partir.

 CUARTO DÍA:

 Nos levantamos con un bonito amanecer sobre los Gers. Un aseo de gato, un desayuno típico y al jeep para retomar nuestra ruta en el desierto.

 Hicimos unos 100 km por una zona seca y áspera y al final de los cuales encontramos unas preciosas dunas llamadas Hongorin Els que se elevaban sobre una zona algo verde, por lo que las dunas no encajaban allí. ¡Que maravilla! Me recordaron mi viaje por Namibia, claro que éstas no son ni tan grandes ni tan numerosas. Subimos y bajamos alguna. El viento borraba rápidamente las huellas o cualquier cosa que escribieras como hacía mi hijo. Hicimos un rato el tonto caminando sobre la cresta de alguna de ellas y observando el desplazamiento que hacían las dunas en dirección norte-sur. La arena era finísima y se metía por todas las partes incluida la boca y cámara de fotos.

 Continuamos hacia Bajan Zag, en dirección norte para recorrer la zona donde suelen encontrarse restos de saurios. Ello se debe a que hay un enorme bosque de arbolitos, similares a los tarajes del Mediterráneo, que parece ser era un buen alimento para los saurios y, de ahí, que se hayan encontrado los restos en la zona próxima al bosque. Por toda esta zona las rocas y el suelo tienen un color marrón-rojizo lo que constituye otro paraje diferente en el Gobi.

 Dejamos esta zona y seguimos nuestra ruta. Nos detuvimos en un Ger para pedir agua caliente que añadir a la comida de fideos preparada que llevábamos; las gentes fueron muy amables y, como nos ocurría siempre, nos invitaron a entrar. El amo dejó que Agus se montara en su caballo. Tenía gracia verlo porque Agus parecía más grande que el caballo mongol que montaba.

 Por supuesto tuvimos que beber leche de camella, yogur de yegua y galletas de mantequilla... de yegua. Yo bromeé con el amo preguntándole cuantos camellos quería por su hija, de unos 20 años, para casarla con mi hijo. El se lo pensó y dijo: “¡No quiero camellos, quiero un jeep!” Nos reímos muchísimo.

 Dejamos a esta gente y seguimos Gobi arriba dirección norte y, como siempre, siguiendo las roderas marcadas por los escasos vehículos de cuatro ruedas que circulan por el desierto. En muchos casos no hacíamos caso de ellas y circulábamos campo través, siguiendo nuestro propio instinto. Tuvimos que hacer unos 250 km hacia el norte buscando los restos de un pequeño monasterio budista, demolido por los comunistas en los años 30, abandonado en medio del desierto. En un par de ocasiones creímos habernos perdido. Tuvimos que desviamos de la ruta varios km. para buscar un Ger. Cual sería nuestra sorpresa al comprobar, a lo lejos, la existencia de un grupo de mongoles, provenientes de distintos Gers de la zona comprendida en muchos km. a la redonda, que se habían reunido para celebrar una típica lucha mongola. Los contendientes llevaban una indumentaria especial. Después de ver a varios luchadores enfrentarse, Agus luchó contra uno de ellos, al que ganó. Todo fue tan rápido que no le pude fotografiar. Después, como muestran las fotografías, otro luchador quiso pelear contra él. Convencí a Agus de que lo dejara pues no quería que surgieran problemas. Nos reímos mucho.

 ¡Tanto ayer como hoy no hemos visto ni un solo vehículo de cuatro ruedas! Hoy ha sido nuestro día de espejismos pues, al menos, durante 100 km los hemos tenido de toda clase: oasis, montañas, islas, etc. Creo que se debía a la poca vegetación y a la temperatura alta que teníamos.

 Finalmente, tras preguntar otra vez a una anciana que vivía en el único Ger que vimos en 50 km., llegamos exhaustos y polvorientos al dichoso monasterio. Todo lo que quedaba de él eran tres casetas de piedra en las que vivían un lama, dos monjes y un viejo lama de unos 90 años casi ciego. La mujer que los cuidaba nos ofreció dormir en una de las tres casetas todos juntos, preparándonos por supuesto cordero con fideos, leche de yegua y quesos de cabra y camella. Estos últimos tenían un sabor horrible. También nos puso sobre la mesa nata de camella y yogur de yegua. ¡Todo un manjar! Bebíamos té todo el tiempo. Le pedimos hervir agua para beberla una vez se hubiera enfriado, lo que llevó un par de horas dado el calor que hacía.

 Nos dimos un paseo por las ruinas hasta que el sol decidió dejarnos. Al regresar, Agus charló con el lama que le preguntaba cosas sobre nuestro país y sobre la iglesia católica. Asistimos a sus oraciones nocturnas dentro de la otra caseta en la que dormían ellos. Tuvimos que seguir algunos de sus ritos durante los rezos y, además beber leche de yegua de un tazón que se va pasando de unos a otros. A mi hijo le impresionó todo muchísimo. Fue muy interesante.

 En el Gobi es costumbre que los hombres tomen rape. Todos llevan una botellita de rape y de vez en cuando lo inhalan. Los lamas también lo hacen. Por lo que respecta a las mujeres, estas, se acicalan y se preocupan de causar buena impresión. Las mujeres van siempre mejor vestidas, arregladas y aseadas que los hombres. La ropa de cama está siempre limpia.

 Hoy hemos visto miles de grullas con sus polluelos y, al ver que no vuelan ni huyen, hemos pensado que en el Gobi no hay mamíferos depredadores que pudieran atacarlos; de ahí que se paseen tranquilamente por la estepa con sus crías.

 QUINTO DÍA:

 A las 5.30 h en pie tras haber dormido bien en una cama incomodísima. ¡Lo que hace el estar agotado! A las 6.00, tras llenar varias botellas de agua hervida, tomamos un desayuno típico: carne de cordero con fideos. Agus se comió dos tazones que le supieron buenísimos. Hoy comenzamos a salir del Gobi. Es muy difícil saber donde está la salida pues no se produce un cambio claro y, además, los rebaños son siempre de los mismos animales; quizás va terminando donde empiezan a escasear los camellos y aumenta el número de Yaks.

 Comenzamos a ver oasis y caballos bañándose en ellos. También vemos zonas más verdes. El Gobi se acaba. Hoy hemos visto un camión viejo por la pradera. Hacía tiempo que no veíamos un vehículo de cuatro ruedas.

 Los colores de la pradera son de verde pastel, como el azul del cielo. Hoy vimos unos Gers y más ganado; nos estamos acercando a zonas más pobladas.

 Hemos tenido una nueva experiencia: desde el jeep, vimos un grupo de gente, a lo lejos, y allá nos dirigimos. La sorpresa fue que había muchos niños, con sus correspondientes caballos, preparándose para la salida de una carrera. Éstas, las luchas de hombres y el tiro con arco, son los deportes de los mongoles y provienen de época medieval.

 Pues bien, los niños-jinetes se alejaron tanto que no los podíamos ver de lo lejos que estaban y, tras una media hora de galopar, llegaron nuevamente donde estábamos nosotros, la meta. Nunca habíamos visto tantos mongoles juntos, posiblemente unos 40. Tampoco habíamos visto niños cabalgando con tanta soltura. La gente, con sus pómulos prominentes y enrojecidos, parecían  habitantes del altiplano andino.

 Finalmente llegamos a Karakórun, (Jarajorin como dicen los mongoles) tras un largo día de Gobi y de pradera. Seguimos sin ver un solo árbol. Mongolia tiene bosques en la parte norte donde llueve más. Hoy cruzamos una carretera asfaltada que va desde Moscú a Ulan Bator. Que pena que no pudiéramos tomarla pues iba de este a oeste y nosotros de sur a norte. De todas formas era muy mala y con muchos agujeros. Hoy hemos tenido un tramo atroz, además yo iba atrás y se notaban más las ondulaciones.

 Por fin hoy entramos en la legendaria ciudad (pueblo) de Karakórum. Llegamos, justo a tiempo, para poder visitar el interior del famoso templo budista de la época de Gengis Khan. Ésta fue la capital de su enorme imperio.

 Ya dentro del pueblo tuve que ir al servicio de un bar y, nuevamente, encontré la existencia de un único water para los dos sexos. Resulta raro que cuando estás contra el muro de las lamentaciones, entren las mujeres, a las que no parece importarles que tengas tu herramienta fuera. Ellas dejan sus ensangrentadas compresas dentro de un cubo de plástico, abierto, el cual no se retira hasta que no está lleno. Estas son reminiscencias comunistas de la falsa igualdad del hombre y la mujer. ¡Un poco desagradable!

 A las afueras de la ciudad, y en medio de la pradera había unos Gers de propiedad estatal, que se alquilaban. Tomamos uno. Yo hice una buena colada pues me lavé hasta los pantalones, que se secaron sobre las 10 de la noche, cuando hacía mis fotografías de la puesta de sol. Agus también hizo una buena colada ya que llevábamos un par de días sin poder lavar por falta de agua.

 En el siglo XIV los japoneses atacaron esta ciudad y en el siglo XVII lo hicieron los manchurios.

 SEXTO DÍA:

 A las 5.30 h en pie. Sorpresa, hoy comemos verduras para el desayuno; claro está con carne de cordero. También hemos comido una especie de buñuelos. Salimos pitando hacia las "montañas de arena" como las llaman ellos. Realmente son una extensa zona de dunas. Por esta parte, más verde que por el Gobi, hay muchos rebaños de ganado.

 Es raro que en un país con tanta carne no hayamos podido comer nunca un bistec. La carne siempre la preparan cocida y cortada en trocitos pequeños. Posiblemente maten animales viejos que ya no tienen utilidad y por ello la hierven, para ablandarla, y la cortan en trocitos, con lo que puedes comerla con cuchara y en un tazón. De esta forma tanto la vajilla como los cubiertos no son necesarios. Siempre que nos han dado de comer en un Ger ha sido en un tazón y con una cuchara. Bueno 1.200 millones de chinos hacen igual, solo que cambian la cuchara por los palillos.

 Por los alrededores de las dunas fuimos invitados al interior de un Ger muy humilde. Vimos como ordeñaban las yeguas. Las engañaban haciéndoles creer que era su potrillo quien les mamaba las tetas. Nos invitaron a té con leche de yegua, como siempre. Nos comentaron que se tomaban unos seis tazones diarios de esa mezcla.

 Después tomamos la carretera que conduce a Ulan Bator, asfaltada en algunos tramos, y que era la primera con algo de asfalto tras un total de unos 2,000 km. recorridos.

 A lo largo de 400 km. no  encontramos ni un solo pueblo, ni un solo bar, ni sitio alguno donde poder beber agua. Hacía un calor horrible y no parábamos de sudar.

 Por cierto: Agus bromeaba con todos diciendo que yo me llamaba "cojones" y se lo hacía decir a todos varias veces. Nos reíamos mucho. El recorrido de hoy ha sido pesadísimo: sin agua, con el Sol dándonos de frente, sin poder parar a comer algo... ¡Horrible!

 Cada hora, más o menos, nos cruzábamos con un vehículo. Veíamos muchos averiados en la cuneta. Todos sus coches son viejos y mal cuidados y al tener que hacer malos caminos,  con calores sofocantes, se averíaban con facilidad.

 Hay algo curioso en los caminos del país: de vez en cuando te encuentras un montón de piedras en medio del mismo con un trapo azul encima. Esta especie de ofrenda a Buda sirve para pedirle que llueva. Al llegar a él tienes que dar al menos una vuelta alrededor con el coche. Así que eso es lo que hacíamos siempre.

 Para escribir su idioma, los mongoles emplean los caracteres rusos, más bien griegos. ¡Si además de no conocer su idioma te lo escriben en griego….!

 Llegamos finalmente a Ulan Bator, donde bebimos cantidad de líquido. Agus se colocó dos jarras grandes de cerveza negra. A continuación seguimos ruta para llegar a una montaña, alejada unos 60 km, donde encontramos un Ger en el que dormir. Se trataba de unos Gers del gobierno. No vimos turistas por ninguna parte. Miento, en Karakórum vimos unos americanos.

 En este viaje nunca llegamos a ver un ibex, leopardo de las nieves. Parece ser que para poder matar uno hay que pagar un permiso que cuesta unos dos millones de pesetas (12.020€)

 En este campamento de Gers había un bar en el que tenían un billar tipo americano que, en cuanto a dimensiones, era gigantesco. Agus y yo jugamos una partida y acabamos en empate. Lo pasamos bien. Los Gers estaban situados sobre un bonito valle muy verde y pintoresco rodeado de montañas, llamado Undurdov. El calor que hemos pasado hoy, en casi 500 km., ha sido "horrible". Todos nos dicen que en julio y en agosto es mucho peor.

 SÉPTIMO DÍA:

 Temprano en pie y desayuno de ensalada con café de sobre. Bueno al menos ha sido diferente. Hoy hacemos un recorrido de antiguos monasterios. Salimos en dirección oeste y tras atravesar unos cuantos valles verdes, plagados de rebaños, pasamos por un pueblecito bastante aceptable. Después seguimos una pista de tierra y finalmente llegamos a un monasterio de muy poco valor llamado Manzshir.

 Por los caminos y desde el jeep vemos, constantemente: martas, águilas, aguiluchos, grullas, etc., los mismos bichos que por el Gobi. Nunca vemos gallinas pues como creo haber dicho, las pobres no soportan estas temperaturas tan bajas de 40° C bajo cero. Por tanto nunca se comen huevos en este país.

 Más tarde descendimos de la montaña y nos fuimos a visitar el monasterio de Gandan Hiid, formado por varios templos. El calor de hoy es también sofocante.

 Lo recorrimos detenidamente, parándonos a ver y escuchar a los lamas y monjes en sus rezos y cánticos. No pudimos hacer fotografías del interior pues estaba prohibido.

 Después entramos en Ulan Bator donde acabaríamos nuestro viaje pernoctando, por fin, en un hotel limpio con baño. ¡Qué felicidad! Atrás dejamos, con tristeza, el Gobi que tanto nos había entusiasmado. Todo lo bueno se acaba.

 Hemos visto muchos hombres borrachos por las calles. Le pegan al vodka, como ocurre en Rusia. El trazado de las calles de Ulan Bator es muy bueno: amplias avenidas, al estilo imperialista soviético, todas dispuesta en paralelas y perpendiculares, alguna amplia plaza con edificios gubernamentales de típico estilo neoclásico, también ruso, etc.

 También hay muchos bloques de viviendas sin identidad alguna y de arquitectura fría, como ocurre en todos los países socialistas; las aceras son horribles y están todas destrozadas.

 Las mujeres de Ulan Bator, como comenté en párrafo anterior, van bastante arregladas, pero los hombres van bastante sucios. Ellas parecen ocupar más puestos de responsabilidad que los hombres.

 Hay un grave problema en la ciudad: el de los niños-lobo. Se trata de niños o chicos que o bien han huido de casa o les han echado. Son muchos y viven escondidos entre las tuberías de agua caliente que alimentan la ciudad.

 OCTAVO DÍA:

 Desde temprana hora, comenzamos a patear la ciudad dándonos una buena paliza bajo los rayos de un caluroso sol. Llevamos unas postales a correos y yo aproveché para comprarme unas monedas de curso legal.

 Después, al mediodía, fuimos al aeropuerto, cerca de la ciudad, para volar a Beijing. Por el camino paramos por una verde explanada donde se celebraban las competiciones de caballos, lucha y arco, precisamente el día 11 de julio, coincidiendo con su fiesta nacional.

 Pudimos constatar que salvo las cuatro calles o avenidas principales, el resto de los barrios de la ciudad están compuestos por millones de Gers, como si fuera el campo. Siempre es mejor un Ger que el horrible chabolismo que tenemos en los países occidentales.

 Adiós Mongolia, volveremos.

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