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Irán 03

 Diciembre de 2003

 Esta es mi segunda visita a Irán. La primera fue en el año 1975; la situación económica ha mejorado muy sensiblemente. Aunque he oído quejas de la clase media, acostumbrada a los grandes márgenes comerciales y a tener sus trabajadores como auténticos esclavos, la gente humilde no muere en las calles como ocurría en la época del Shah y tienen un lugar donde dormir; no se ven apenas pobres pidiendo, ni tampoco se ven tantos lisiados, ciegos, etc. como se veían antes.

 El consejo de la Revolución, presidido por Alí Jamenei, controla al partido del presidente del gobierno, el reformista Jatami. Es inconcebible que el clero esté por encima del gobierno elegido por el pueblo pero aquí las cosas funcionan así. La gente es muy agradable y serían incapaces de molestarte por más que pudieras ser americano y oponerte a su sistema. Digamos que están atemorizados y no se atreven a hacer nada que no les hayan dicho que hagan.

 La renta ha aumentado porque también lo han hecho las exportaciones de petróleo y porque su precio ha aumentado considerablemente. Las fábricas y tiendas de alfombras están por doquier al igual que otras industrias textiles pues son grandes productores de algodón cuya producción exportan. El caviar del mar Caspio tiene fama de muy bueno y barato pero a mí nada me dice puesto que no me gusta. El transporte público es muy malo y aunque las carreteras han mejorado considerablemente los autobuses son horribles. El analfabetismo es palpable como lo es también el alto paro.

 Además de las ruinas arqueológicas de Persépolis, visita más que obligada, la ciudad de Isfahan es encantadora por la belleza y cuidado de sus mezquitas, sus bazares, los puentes antiguos sobre su río, prácticamente casi seco, llamado Zayyandeh, el barrio viejo en el entorno de la famosa plaza rectangular del Imam, en la que se contemplan dos hermosísimas mezquitas, además del palacio de Ali Ghapoo, también está la catedral armenia, etc. Recorrer los bazares es un grato e interesante entretenimiento para el viajero. Tienen de todo y muy barato para nosotros; yo me pasé un poco comprando jarrones. Todos eran preciosos pues, con un alma de cobre, son revestidos con una capa de una especie de caolín sobre la que dibujan en colores pastel y labran figuras históricas o coránicas.

 La ciudad de Shiraz, cuna de los poetas más famosos de su historia, está sucia pero he de reconocer que su preciosa mezquita Vakil es una muestra arquitectónica de arte en la que la bóveda es la protagonista del esplendor y dimensión de la edificación. Los bazares de Vakil, siguiendo el nombre de la mezquita arrancan, precisamente, al lado de la mezquita y recorren varios km con una sección amplísima y cargados de tiendas y más tiendas en las que las alfombras son lo más relevante. A mí no me gustan mucho pues abusan de tonos rojos muy oscuros, de negros…, con diseños clásicos pero feos…difíciles de soportar en nuestros apartamentos pues no encajan ni con nuestros muebles ni con nuestros colores. Así que rechacé la tentación de comprar.

 Otros lugares visitados han sido Qom, cuna del chiismo, y Kashan ambas de no mucho valor. Pernocté en una fortaleza circular en el desierto, convertida en hotel, llamada Karavan Zein y resultó interesante.

 La mujer que visita Irán debe de ir preparada para cubrir su trasero, para cubrir también su cabeza, los dedos de los pies si decide llevar sandalias, en fin una lata. En uno de los hoteles que estuve, vi como a una chica la llamaron la atención por no llevar la cabeza cubierta en el comedor del  desayuno.

 Los iraníes, chiitas o chiíes, en su práctica totalidad, son muy dados a los rezos frecuentes, lo que supone parar su trabajo y buscar un rincón donde extender su alfombrilla y ponerse mirando al Este mientras, ínclito, hace sus piadosos rezos.

 A los iraníes les encanta hablar, hablan que no paran, ellos y ellas, al saludarse se dan siempre la mano y a continuación se ponen a hablar sin parar por un buen rato. Gesticulan, hablan muy alto y por supuesto o bien no hay una sola mujer entre ellos o no hay un solo hombre entre ellas. Son mundos totalmente distintos y por separado. Ellas, cuando están agrupadas y con sus negros atuendos, dan la impresión de ser un grupo de monjas.

 La visita a la tumba de Sayyed  Mi, dentro del bazar de Shah-e Cheragh, hermano del imám Reza, no parece obligada para el visitante dada la solemnidad religiosa de la misma.

 Irán es el mundo de la Pepsi. Quizás, ya en época del Shah, no le dieron la oportunidad. Se ve cocacola solo de vez en cuando y hasta puede que se haya hecho como protesta política para ir contra las inclinaciones “cocacoleras” americanas. Su afición al futbol es impresionante y son muchos los partidos retrasmitidos; siguen las ligas europeas, conocen varios jugadores del Real Madrid y del Barca y les encanta hablar de futbol todo el tiempo.

 Detalles asturianos en el país: sus canciones populares suenan a canciones asturianas y, curiosamente, un canal iraní de deportes transmitió una vuelta ciclista a Asturias que se había celebrado varios meses atrás.

 Por cierto, en Irán hay muy pocos fumadores. Volveré próximamente y seguiré contando cosas.

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