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Indonesia-Bali 74

 En junio de 2010, cuando habían pasado 36 años, coloqué en mi página web el texto íntegro de los comentarios que hice en su día: Agosto de 1974, y que aquí transcribo. Sea indulgente el lector con las fotografías y con lo que ocurría en aquel entonces. 

 Agosto de 1974

 Disponía de un par de meses sabáticos, así que decidí irme lejos. Con el millaje Madrid-Bali pude intercalar, como stopover, varias escalas a coste cero. Yo mismo construí el billete a base de sumar millas parciales tras marcar en el mapa el itinerario más adecuado. Podía hacer las paradas tanto a la ida como a la vuelta, en ningún caso, pasarme del millaje. Así que elegí Sri Lanka (Ceilán), Malasia y Singapur. Volé con la confortable Garuda y sus dulces y bellas azafatas.

  Indonesia es uno de los viajes más sustanciosos del sudeste asiático. Tiene mucho que ver y hay que venir varias veces: quizás una media docena. Es el país de las mil islas. Muchas de ellas misteriosas, primitivas, con grandes escultores en piedra y en madera, con dioses y volcanes, con frondosa vegetación o con áridas y volcánicas islas, con dragones y templos, con leyendas, trances y baile…País de supersticiones, de lujosas incineraciones con bellos cantos funerarios mientras las cenizas se esparcen por el mar…; país con millones de bicicletas y rickshaws, otros tantos de taxistas y prostitutas que no paran de insistir en que “los montes” por un buen precio. Tiene ya sus 120 millones de habitantes.

 En Java visité una interesante fábrica de batiks y, por supuesto, hice varios recorridos en rickshaw  y, en ocasiones, hasta carreras. El nivel de pobreza, mas bien el nivel de miseria, es impresionante. Abundan mucho los ciegos y tullidos que orientan sobre el nivel de desamparo social y sanitario. Hay muchos pobres pidiendo por todas partes. Sus habitantes son todos musulmanes, salvo el caso de la isla de Bali que son hindúes. El indonesio es pequeño y delgado, ellos suelen llevar una especie de bonete y ellas no  suelen cubrirse. Son musulmanes muy moderados y fácilmente adaptables a la vida de los occidentales. Lamentablemente son auténticos depredadores de comunistas a los que persiguen y acosan. Es una obsesión de sus dictadores militares que temen algún tipo de revuelta.

 Yakarta, la capital, tiene una frenética actividad en las calles pues dado que una buena parte del transporte de personas y mercancías se hace con el rickshaw humano, ello conlleva un denso tráfico de estos triciclos que driblan, entre si,  a bicicletas, taxis y peatones. Hay que vivirlo para creerlo. Acudí a un restaurante flotante lleno de turistas europeos llamado el floating-restaurant. No me gustó verme como un turista aunque, he de decir que el servicio, formado por chicas guapas de belleza oriental, fue muy bueno. El mal olor es una nota predominante por estas islas debido a que las basuras se amontonan por doquier y a que las temperaturas son altas. Las indonesias, al ser musulmanas, tienen muchos hijos; estuve en una agencia y la chica con la que traté tenía 5 hijos.

 Los templos, se comenta, llegan a 10.000. El caso es que yo solo citaría el de Borobudur (budista del siglo IX) interesante por estupas y grabados en piedra y los templos de Candy Mendut y de Prambanan por la belleza de sus esculturas y edificaciones. Por otro lado, la gente mastica una especie de betel por lo que su boca está rojiza. Son algo sucios y abandonados.

 INDONESIA-BALI

 Esta es la isla más agradable y dulce de las miles que tiene el archipiélago de Indonesia. El hecho de ser hindúes añade a la isla más atractivo y belleza. Sus ritos, templos y costumbres resultan interesantes y misteriosos para los extranjeros que la visitan. Hay colorido y dulzura. Amabilidad y hospitalidad. Sonrisa e incienso. La isla, mayor que Mallorca, tiene la friolera de 2,5 millones. Toda ella tiene una vegetación exuberante, grandes plantaciones de arroz, palmeras cocoteras, ríos y puentes, plataneros, casitas de una planta, hoteles modernos pero con estilo oriental y bien adaptados al medio,    

 Hay algunas playas muy tropicales, peligrosas y con enorme oleaje, en las que pasean mujeres extranjeras semidesnudas y duchas conjuntas. Europa trata de liberarse fuera de sus fronteras…topless en playas y por el campo. Dado lo barato que era la isla me permití alojarme en el Bali Beach Intercontinental y acudir a la discoteca del Hyatt donde entablé amistad con una  italiana muy agradable.

 Alquilé una moto y recorrí parte de Bali. También alquilé una canoa con vela y outrigger y me fui a la isla de las tortugas donde recogí miles de conchas. El sol es tan fuerte que produce quemaduras. Sin embargo el tiempo fue algo cubierto y lluvioso. Por cierto, las viviendas familiares tienen varias casitas pequeñas y, en una de ellas vive el marido.

 Trabajan la madera como nadie: esculturas con motivos religiosos como Garuda, Visnú, la Tortuga, etc. Hay mucha fruta tropical y en el hotel te ponen en la habitación una hermosa cesta de bienvenida para que la disfrutes. Hay muy buenos platos de arroz, cómo el caso del GORENG, que constituyen la alimentación típica del país. Sus dulces de arroz son deliciosos.

 Volveré, hasta otra.

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