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India(la)-Sikkim 97

 Mayo de 1997

 Llegué a Calcuta, procedente de Bangladesh, con el fin de pasar unos días de vacaciones en Bután, país al que quería acceder por el norte de Bengala.

 Era mi tercera visita. Encontré la ciudad mucho más limpia y, quizás, con menos ciegos y tullidos que en los viajes anteriores. En cualquier caso siempre es la India y el hambre y la miseria están por todas partes. Me alojé una noche en el precioso hotel Taj Bengal, lo que suponía estar en un mundo totalmente opuesto.

 Salí de Calcuta en dirección  norte recorriendo zonas próximas a la cordillera del Himalaya como Darjiling, bonita población a unos 2.500 metros de altura, desde la que se divisan los nevados picos del Himalaya. Las gentes hablan nepalí y no bengalí y ello es debido a que a esta zona han llegado gentes procedentes del Nepal. También hay tibetanos huidos del Tíbet cuando, en 1.950, China lo invadió.

 La mayor parte de los pueblos de esta zona están a unos 3.000 metros de altura, con lo que el paisaje resulta muy pintoresco. Caminar cansa mucho debido a la altitud y a que las calles son muy empinadas.

 Resulta paradójico encontrar, aun dentro de la misma provincia, un pueblo que practica la religión hinduista y su vecino la budista; un pueblo que habla bengalí y su vecino nepalí. La fisonomía y las etnias son más de lo mismo: unos puramente bengalíes, otros puramente tibetanos. Ni el idioma, ni la nacionalidad, ni la religión, ni sus raíces étnicas impiden que sean felices juntos aun cuando van a iglesias distintas, hablan idiomas distintos y van a colegios distintos. Es el budismo el que inspira la paz que tienen.

 El espectáculo paisajístico de esta zona de Sikkim y del norte de Bengala es impresionante, tiene los picos nevados de la cordillera del Himalaya detrás. Por las noches hace frío y por el día calor. El monte Kanchenjunga de 8.600 metros me quedaba delante del hotelito en el que pernocté en Darjiling. A la mañana siguiente entré en Sikkim, pequeño estado de la India, de tamaño similar al de Asturias y con una población de 300.000 habitantes; lleno de valles verdes, altas montañas… ríos y arroyos por todas partes…me recordó, nuevamente, Asturias. Hay muchos tibetanos y nepalíes entre la población. Fue un reino independiente y, desde 1975, pasó a ser el estado número treinta de la India. Visité los monasterios de Rurntek y Rhudong y pernocté en su capital Gantok a 3.000 metros de altura donde tenía que hacer un gran esfuerzo para subir a mi habitación. Tuve que soportar un tiempo malo acompañado de tormentas y desprendimientos, lo que dificultó sobremanera la conducción por las estrechas carreteras de montaña.

 En Sikkim la mayoría son  budistas tibetanos. Pintan Tankas como en Tíbet y Nepal. De Gantok fui hacia Kalingpong. El recorrido es precioso, lleno de montañas y valles frondosos. Las carreteras las ensanchan y arreglan las mujeres, pues trabajan en la construcción. Ellas parten a mano la piedra para hacer gravilla de unos 2 cm., lo que supone un trabajo de "indios".

 También llama la atención, en las carreteras en obras, ver siempre dos mujeres, con bayetas empapadas en agua, limpiando constantemente los rodillos de las apisonadoras mientras compactan.

 Tanto en Sikkim como en el norte de Bengala, es agradable ver como la población está volcada en la educación de los hijos; van uniformados al colegio aún cuando los padres no tienen dinero para comprarse ropa para ellos mismos. De Kalingpong me dirijo hacia Bután para entrar por la ciudad de Phuntsoling. El camino esta bordeado por arrozales de verdes intensos. Entro en Bután.

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