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Corea del Sur 98

 Mayo de 1998

 Llegué a Tokio procedente de París en un confortable vuelo de Air France y enlacé con otro para Seúl en un día  cubierto pero con una temperatura muy agradable. He podido constatar que los conocimientos de inglés de los japoneses, incluido el personal de las compañías aéreas, siguen siendo muy pobres. Su pronunciación es terrible. Es el problema de los orientales: hablar un inglés que sea entendible. Me pregunto como hablará japonés o chino un americano. La verdad es que resulta muy difícil saber lo que dicen, aun cuando estén hablando de algo relativo a su trabajo y, por tanto, estén habituados a decirlo. A cambio suelen ser dulces y amables.

 La contaminación cubre Tokio y se ve gente usando mascarilla. Desde el avión se observan las ciudades pegadas, unas a otras, y así viven unos 130 millones de japoneses hacinados en unas pequeñas islas y en mini apartamentos. Aun siendo fantásticos en equipo, individualmente me parecen lentos y sin la agilidad mental del occidental.

 La capital Seúl es una ciudad enormemente grande y alberga unos 11 millones de habitantes. Toda ella resulta paradójica: conviven  los grandes rascacielos junto a autenticas chozas. La construcción está en un auge impresionante y tengo que reconocer que la ingeniería civil y la edificación están por encima de las nuestras,quizá con la ayuda de Japón o USA. Disponen de medios muy modernos y de  mano de obra especializada.

Lo paradójico es encontrar, al lado de un restaurante de lujo,  un cuchitril de comidas chinas a base del típico tazón con arroz y verduras.

 No hablan ni una palabra de inglés y, lo que va más lejos, no entienden nuestros números ni tampoco nuestra escritura. Preguntar algo en la calle, aunque muestres un plano de la ciudad, es perder el tiempo, pues ni siquiera son capaces de saber que es su propia ciudad pues no están habituados a ver mapas ni a turistas. Así que hay que andar con ojo y no tener problemas de ningún tipo.

 La comida es muy buena, del estilo de la de Taiwán, Vietnam, etc., y siempre acompañada de gambas, almejas y de no sé cuantos moluscos más, que ni conozco su nombre ni he visto en mi vida.

 El país tiene ahora 46 millones de habitantes aunque su superficie sea solamente la quinta parte de la de España. Hay algo singular y único en Corea y que en los demás países ya casi no existe: todos sus habitantes son de origen coreano y todos hablan un solo idioma: el coreano. La renta per cápita anda por los 10.000 US$, parecida a la de Taiwán e inferior a la de España. En cuanto a la religión hay un 45% de budistas, un 25% de protestantes, un 25% de confucionistas y el 5% restante, católicos. La moneda es el Won y vale aproximadamente unos 12 céntimos de peseta(0,0009 €).

 Los hoteles en Seúl son tan caros, que aún tuve que hacer un esfuerzo económico para alojarme en un Holiday Inn. En la ciudad, la gente  va con mascarilla y son tan sensibles a la contaminación y al polvo que, hasta en las obras urbanas, ponen alfombras y telas viejas sobre el suelo para que al paso de los camiones no se levante más. También la seguridad en el trabajo se ve más cuidada que en España, que se toma a chirigota, y son más serios y fríos que la madre que los parió. Me recuerdan a los taiwaneses. Sin embargo, siempre te hacen reverencias. Cuando no entienden lo que les dices creo que aún te hacen más. En la ciudad van todos muy cuidados y bien vestidos, siempre llevan traje y corbata.

 Las calles están muy limpias y no hay en ellas ni un solo papel ni una sola colilla. Hay papeleras y ceniceros por todas partes. No he sido capaz de ver ni una sola pintada, ni en la calle, ni en el metro. Tampoco tienen carteles pegados en las paredes como en nuestras ciudades. La verdad es que son ciudadanos modélicos.

 A lo largo de estos días me he estado desplazando en metro. He de decir que es fantástico. Muy limpio, muy amplio, muy silencioso, muy rápido, etc. El interior, el suelo, las paredes, etc., brillan. Tanto los trenes como las escaleras, pasamanos, señales, etc. están hechos en el mejor de los aceros inoxidables... y sólo vale 50 pesetas(o,30€) a cualquier destino que vayas. ¡Igual que el de Madrid o Barcelona! Casi todos los pasos de peatones son subterráneos y a nadie se le ocurre cruzar la calle por encima ¡Qué palizas me he dado recorriendo la ciudad! Por cierto, pasé por la oficina de turismo para pedir alguna documentación y no fueron capaces de hablar ni una palabra en inglés ¡Qué difícil es para esta gente!

 De su comida diría que hacen buenas compotas, sobre todo la de fresa.  Productos a la vinagreta como pepinillos, zanahorias etc., hechos con vinagre muy suave de manzana u otros frutos. Los dulces de arroz así como las mazorcas de maíz dulce son exquisitos. Tienen enormes sardinas, grandes calamares y muchas clases de almejas; toda clase de algas raras y mil clases distintas de pepinillos verdes, calabacines y setas.

 Los mercados públicos están muy limpios y ordenados. Se ve mucha soja, pequeñísimas cebolletas, que venden sin raíz, y especias de todas clases. No hay patatas en su cultura culinaria, tampoco emplean el pan que supongo se ve sustituido por el arroz. Salvo las verduras, que he comido muchas y muy buenas, lo que creo haber comido más es el típico burgogi que son diminutos y finísimos bistecs, acompañados de arroz, de unas placas finísimas y asquerosísimas de algas marinas y de varios trozos de col empapada en un picante fortísimo, de color rojo, que te hace saltar las lágrimas. Por supuesto la segunda vez dejé a un lado la col. Visitando uno de los parques de la ciudad, en cuyo interior había un templo, pude ver cientos de parejas que acababan de casarse pues estaban todavía vestidos de novios y con fotógrafos haciéndoles fotos en poses ridículas. Lo más curioso del tema es que en las noticias de la televisión de la noche salió un reportaje del parque y las parejas, y allí estaba yo,  paseándome con mi cámara en la mano.

 En ningún momento he tenido la sensación de que alguien podría robarme o tirarme de la bolsa o de la cámara, cosa rara en los días en que vivimos. Mi única mala experiencia, después de recorrer más de cien países, la tengo en mi propio país ¡Qué vergüenza! Puede que el hecho de que en el país no haya paro, contribuya a que haya tan poca delincuencia. Los surcoreanos parecen honestos y disciplinados.

 Los váteres están a ras del suelo y al ser su tamaño más pequeño que el de un bidé has de ponerte en cuclillas y llevar mucho cuidado de no errar. Del mismo tipo los vi en Japón, en mi visita del año 1975, y veo que no han cambiado. Los norcoreanos ni están calvos, ni pesan más de 45 kg., ni tampoco miden más de 1,65 m.

 El día primero de Mayo, a pesar de que todo está abierto y se trabaja, se manifestaban los estudiantes, las centrales sindicales y algunos trabajadores en paro. A continuación hay, de forma tradicional, un enfrentamiento con la policía. No me lo quise perder así que me fui al lugar de la manifestación. En el metro me encontré con los manifestantes que portaban, no sólo pancartas sino otras "herramientas" especiales para el enfrentamiento. Cuando llegué a la zona de la contienda, un gran parque, observe algo inaudito: las fuerzas de seguridad, armadas hasta los dientes, estaban ya preparadas en compañías y pelotones especiales. Creo que había, fácilmente, unos 5.000 agentes preparados para intervenir, con sus escudos protectores, sus porras especiales, sus hombreras, sus pectorales, y hasta una pieza especial con almohadillas que les protegían las piernas y el cuello. Si los manifestantes lanzaban gritos de ataque, los guardias contestaban con los suyos, que eran más bien gritos militares, pero aun más fuertes. Así estuvieron un buen rato ¡Ese fue mi momento de hacer fotos delante de sus propias narices! Al final comenzó el ataque... y pies "para que os quiero". Entré a toda velocidad en la primera estación de metro que había por allí y conmigo otros cobardicas como yo que no querían jugarse el tipo. Por la noche salió en la televisión de Corea y en la CNN asiática

 Es curioso como esta gente que da cada día una lección de civismo puede, fríamente, enfrentarse a la policía casi de forma medieval. Cuando los policías, con ropa y demás indumentaria de color negro, gritaban antes del enfrentamiento, me recordaban a los jugadores "All Black" maories de Nueva Zelanda.

 Atravesé el país en tren expreso, lo que me llevó unas cuatro horas: ida, vuelta y visita a Kyongju. Pues bien, en esta ciudad están los más famosos templos de Corea. Lamenté que, después de tanto tren, no pudiera fotografiar el precioso templo de Bulguksa, debido a la gran cantidad de lluvia. El campo no tiene mucho arbolado pero si es muy accidentado. Se observan algunos robles y castaños propios de un clima frío como el de aquí. Los pueblos no tienen tipismo alguno. La temperatura media durante los meses de invierno es de -6° C.

 Pude visitar, con mucho detalle, los templos y palacios de Toksugung, Kyongbokkung, Changdeokgung, Piwon Secret Garden, Jongmyo, etc. y tuve la suerte de estar en el Palacio de Jongmyo el primer domingo de mayo, justamente el día que anualmente se manifiestan todos los miembros de la antigua familia real coreana.

 El enorme río Hang-gang, que atraviesa Seúl de Este a Oeste, tiene la friolera de un km. de ancho y esta atravesado por inmensos puentes, alguno de ellos con ingeniería muy particular.

 Encontré a los surcoreanos muy sensibilizados con la idea de su posible unificación con Corea del Norte, hasta el extremo de tener un ministro en el gobierno dedicado exclusivamente a este asunto.

 El desarrollo industrial desde el final de la guerra (año 1953) hasta hoy ha sido impresionante: tiene mucho carbón, hierro, oro, plata, plomo, molibdeno, amianto, zinc, una fuerte industria textil, cemento, aluminio, níquel, estaño, fábricas de vehículos, etc. Me imagino que el famoso coche Hyundai estará construido por ellos ya que es el coche que más se ve por las calles.

 No me importaría volver a Corea pasado algún tiempo.

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