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Afganistán(el) 01

Agosto de 2001 

 El Afganistán era el último país que me quedaba por visitar para completar el mundo entero. No solo hablo de los países que están en la ONU sino, también, de todas las naciones del mundo y de todos cuantos territorios autónomos existen. Por ejemplo, aunque solo existe una nación llamada REINO UNIDO, yo he visitado todos sus territorios autónomos y aquellos que pertenecen a la Corona Británica. Cito por ejemplo: Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte, País de Gales, Isla de Man, Gibraltar, Islas Falklands, Islas del Canal, Territorios británicos de la Antártida, Islas de Turk y Caícos, Isla de Montserrat, Isla de Anguila ... Islas Vírgenes Británicas ... etc. Casi todos los territorios mencionados tienen su propio parlamento, emiten su propia moneda, etc. y solo forman una nación: Reino Unido; pero yo he visitado todos esos territorios, uno a uno. Así pasa con Francia y sus territorios de ultramar (Isla Reunión, Guadalupe, Guayana, etc., etc.) los cuales he visitado todos. Y lo mismo con los de USA, Dinamarca, Holanda, Países Nórdicos, Colonias, Archipiélagos del Pacifico, del Indico, del Atlántico, etc. Paso a paso todos los estados en los que se descompuso la URSS, otros como Groenlandia, Islas diminutas en medio del Pacífico como Nauru, Tuvalu, Christmas, etc. Así años y años y años y años... Pues bien aquí lo completo. Me aplaudo a mi mismo por todo lo conseguido y, sobre todo, por llegar vivo, aun cuando he sido arrestado y/o encarcelado alguna vez y he pasado por bastantes situaciones de peligro, lo que quiere decir: MIEDO. ¡Han sido 243 países! Por supuesto voy a seguir viajando y no pararé jamás. Prometido.

 Volviendo a Afganistán, el viaje fue así : Primero entré en contacto con la única embajada que tiene Afganistán en París pero, para mi sorpresa, se trataba de la embajada del Afganistán que perdió la guerra y que, ahora, solo controla el 10% del país, la zona norte del mismo, frontera con Uzbekistán y Kirguistán. Al ver que era imposible conseguir el visado llamé a nuestra embajada en Islamabad, Pakistán, para pedir información y me dijeron lo poco que sabían. Más tarde pude comprobar que su información estaba equivocada. ¡Así estamos!

 Decidí intentarlo cerca de la frontera. Para ello a mi regreso de EAST - TIMOR (LOROSAE) me detuve en PESHAWAR, Pakistán, ciudad a 70 km. de la frontera con el Afganistán. Aquí esta el único consulado que tiene el Afganistán en el mundo. Inmediatamente después de mi llegada, a las 9 de la mañana, estaba solicitando el correspondiente visado: Alá sea contigo, habibi, etc., etc., cacheo a fondo con medio despelote, fuera todo lo que llevaba como la cámara y demás. Después, descalzo, entré en el sucio y desordenado despacho del secretario del Cónsul. Le entregué cuantos "certificados preparados" tenía para ayudar a conseguido. Me dijo que no había problema pero que debería esperar unos 10 días. Le dije que no disponía de tanto tiempo y me fui hacia la frontera con la esperanza de poder solucionarlo "in situ".

 Salí zumbando hacia la frontera en un taxi, no sin antes tomar un guardia del ejército que me fue asignado para acompañarme hasta la frontera pues, el Paso del Khyber que debía remontar, era una zona peligrosa y el gobierno de Pakistán exige ir acompañado de un guardia armado. Un día del guardia solo vale 2 dólares. El taxista vino acompañado de un chico que conocía que hablaba algunas palabras de inglés y me hacía de intérprete La oficina llamada Agencia Política del KHYBER fue a la que tuve que acudir para solicitar el obligatorio guardia de seguridad que me acompañó por el paso del KHYBER. Hoy en día el paso ha sido convertido en una carretera, bastante aceptable, que remonta unos 1100 m. para entrar en el Afganistán. Los componentes de las ONG y los periodistas nunca vienen por este camino, ni atraviesan Afganistán para nada. Ellos, ¡que listos!, vuelan con un avión de las Naciones Unidas, desde Peshawar a Kabul, que parte todos los domingos. ¡Así cualquiera!

 Efectivamente en la zona del KHYBER existen tribus musulmanas que golpean la zona de vez en cuando. Así que en unas 2 horas llegaba, tras atravesar la cordillera del Solimán Range, al pueblo frontera con Afganistán, llamado Torkham. También existía, hace algunas décadas, un ferrocarril que remontaba el paso. Finalmente llegamos a Torham: en medio de la calle principal había una horrible y maciza puerta de hierro: La frontera con Afganistán. A través de ella, como un cuenta gotas, entraba o salía alguien. La oficina de fronteras de Pakistán estaba justamente al pié de la puerta pero, al estar en un primer piso se podía ver, perfectamente, lo que ocurría al otro lado de la puerta, en el lado afgano. Cuando, por fin, el oficial de fronteras se quedó solo en su despacho le presenté mi pasaporte para solicitarle que me dejara pasar. Dentro de él, 3 billetes de 20 dólares. El oficial los vio, justamente, cuando mis dos acompañantes metieron la nariz en su despacho. Se mostró muy ofendido y me acusó de intento de soborno. Me dejó allí, retenido, hasta su vuelta. Se fue a comer, a rezar, etc. Durante el tiempo que permaneció fuera estuve contemplando, desde el balcón, el aspecto dantesco que ofrecía la frontera de Afganistán: los talibanes, armados de palos, fustas o látigos, flagelaban a los afganos hasta hacerlos sangrar. Les gritaban: ¿Por qué os vais?, ¿Por qué dejáis el país? Y venga palos y latigazos. Algo muy duro de contemplar. Como la puerta divide, también, el pueblo en dos, cuando los que viven en un lado y trabajan en el otro y viceversa deben cruzar, lo hacen a unas horas establecidas, lo que supone un paso apelotonado y violento de la gente, que cruza con mucho miedo pues se dan muchos casos de gente retenida a uno y otro lado.

 Cuando, finalmente, llegó el oficial me dijo: todo está listo, mañana habrá otro oficial y lo arreglaremos. Así que tuve que regresar al hotel y volver al día siguiente, yo solo, con otro taxi. De regreso me detuve a ver un campo de refugiados afganos. Daba pena ver las condiciones en las que vivían. Sobre las 12 de la mañana ya tenía una "carta de visita de cortesía", que me permitiría permanecer en Afganistán 3 días, y que tenía que mostrar cada vez junto con mi pasaporte. Cuando pasaba la maldita puerta todo parecía estar en calma a mí alrededor. Los talibanes fueron fríos pero correctos conmigo.

 Pues bien, allí estaba yo, con más moral que el Alcoyano, cruzando la frontera, la puerta negra de hierro, para después caminar calle abajo en busca de alguien que me quisiera llevar a Kabul. Se corrió la voz y, unos minutos después, apareció un chofer y un Lada de gasoil de la época en que los soldados hacían la mili con lanza. La aventura comenzaba.

 Afganistán, montañoso, seco y con poca vegetación, tiene una superficie algo mayor que la de España, de forma que el área tomada por el gobierno Talibán (el 90% del país) viene siendo la de España. En la actualidad tienen un gobierno de unidad nacional, en el que se agrupan todas las etnias, pero su fundamentalismo radical es el que impera. Desde el lanzamiento de misiles americanos sobre Afganistán en el 98, para tratar de matar al terrorista millonario OSAMA BIN LADEN, la situación de aislamiento ha sido mayor.

 Este estado islámico tiene, ahora, unos 20 millones de habitantes. (Pues escaparon 2,5 ), y su capital oficial KABUL tiene unos 800.000. La moneda que emplean es el afgani. Soportaron la presión soviética varios años hasta que Rusia, cansada de los ataques de las guerrillas afganas, se fue y el régimen que dejó en su lugar duró muy poco. Se juntaron todas las etnias: tayicos, afganos, uzbecos, etc. y lucharon contra ellos. Dejaron a un lado sus diferencias religiosas, sunitas y chiitas, y lucharon juntos. Los soldados fueron llamados milicianos del régimen talibán. La justicia la administra un tribunal religioso que aplica, literalmente, la ley coránica a la que se añaden los castigos públicos. Afganistán es el único país que he conocido en el que el hombre vive algo más que la mujer: 46 él y 45 ella.

La riqueza principal  es el opio que sacan de contrabando, lo que supone una fuerte entrada de dólares. Otra riqueza es la oveja KARAKUL, cuya lana llaman astrakán. El problema de este país es la subida del precio del petróleo de estos últimos años, lo que les impide todo desarrollo industrial. Los afganos, como etnia, solo son un 50%; los tayicos un 25%; los uzbecos un 10%, los turkmanos un 5%... etc. El idioma oficial es el parsi y el pasto. El analfabetismo es muy alto: 70%; tienen un médico por cada 8.000 hab., y un teléfono por cada 2.000.

 Debía de haber unos 40º a la sombra y, seguro, más de 45° al sol, así que no resultaba muy agradable caminar por la calle o llevar la ventanilla del coche abierta. Era algo insoportable por ser, además, mediodía. Así que dije al chofer en árabe: Iala, Iala (vamos, vamos) a KABUL. No pudimos tratar el precio pues todo lo que él sabía en inglés era: hotel, stop, tea y coffee. Por el camino fui enseñándole: chicken, chips y rice, y aquí se acabaron mis lecciones de inglés. El resto fue mímica y dibujos. Increíblemente, nos entendimos muy bien y sin equivocaciones. Mi chofer, llamado Yaseem, odiaba a los talibanes pues había perdido dos hermanos en la guerra y me ayudaba, constantemente, a infringir la regla de no hacer fotografías. Hasta me escondía bajo el asiento trasero del coche los carretes que iba terminando: un verdadero cómplice. No sé lo que los talibanes le habrían hecho si nos hubieran pillado.

 Antes de llegar a JALALABAD, donde pasamos la primera noche, tuvimos que hacer unos cuantos Km por una carretera llena de enormes agujeros. Paramos un par de veces para hacer fotos del paraje y de algunas personas a quien Yaseem se encargaba de convencer, pero jamás se lo proponía a las mujeres pues eso sí que estaba prohibido y penado. Sus casas, según las zonas y niveles de las gentes, pueden estar hechas, simplemente, con paredes gruesas de arcilla o con paredes de piedra. También hay soluciones mixtas. En los pueblos agrícolas más pobres solo hay de arcilla y alguna que otra en piedra. El lugar donde pasé la noche en JALALABAD fue horrible; tanto fue así, que pensé que Yaseem me llevaba a un sitio barato en donde le daban una buena comisión. El era el que siempre pagaba pues yo no había cambiado ni tampoco hablaba el idioma; así que el pagó durante todo el viaje. El sitio era asqueroso y, lo malo, es que tenía que decirle a Yaseem que estaba muy bien, pues él me lo preguntaba dando por sobreentendida mi respuesta afirmativa. Tan guarro era el aseo común que no me atrevía a entrar en él y desde la puerta apuntaba a la taza y disparaba, el resto tenía que hacerlo al aire libre, más limpio y más sano.

 JALALABAD, era una ciudad o un pueblo muy grande en el que hay industria de tejidos, al mismo tiempo que es un centro comercial para la zona llamada el valle o cuenca del Kabul, nombre del río que atraviesa esta comarca. Mi chofer llamaba a esta zona "el Nelem", o eso creí yo entender. Salimos de esta ciudad y continuamos por la misma horrible carretera a una velocidad media de unos 30 Km. hora. Bueno, aquí incluyo mis paradas por los pueblos y mis fotografías. Los agujeros eran enormes y estaban por todas partes. Yo estaba agotado por el calor y me sentía sucio al no poder ducharme ni afeitarme. La verdad es que el calor era soportable, pues era seco.

 Las gentes del campo no siguen, exactamente, las normas dadas por las autoridades talibanes, como las siguen en KABUL y en KANDAHAR, la segunda ciudad política del país. Se dice que en esta última el famoso mulá: Mohamed Omar, dicta las normas que han de constituir la SHARIA, ley islámica, y que rigen los destinos de todos. Parece ser que él ha sido el que decidió la destrucción de las efigies budistas de BAMIYAN, donde no pude acudir por falta de tiempo. De acuerdo con lo que he visto parece que la tendencia de este islamismo sunita radical es, además  de seguir el Corán al pié de la letra, que la gente se comporte de acuerdo con una vida natural : que los hombres se dejen la barba de forma natural (sin arreglar ),que utilicen la chilaba o el chaleco, procurando que sean blancos o de tonos marrones o negros; que lleven turbante para cubrir su cabeza; que las mujeres vayan completamente cubiertas con la BURKHA, (rejilla a través de la que respiran y miran), y que los colores de sus trajes sean : Azul, negro o naranja,(de este color apenas he visto). Todos llevan manga larga para ocultar los brazos.

 La verdad es que en los pueblos pobres, agrícolas y miserables las normas no se llevan tan a rajatabla. Por supuesto las autoridades y las milicias taliban las cumplen a rajatabla, pero la población las modifica un poco: en lugar de turbante, que es muy incómodo y caluroso, se ponen un gorrito blanco que parece hecho de ganchillo para que respire el cuero cabelludo; la barba se la arreglan y no la dejan crecer mucho, el bou-bou o chilaba lo transforman en un muy holgado pantalón con un también muy flojo camisón o camisa grande, sobre la cual, en ocasiones, colocan un chalequillo marrón o negro. La policía de la frontera y la de los controles van como auténticos talibanes: barba descuidada, turbante y chaleco oscuro o negro y gorra de plato

 Dispuse de casi todo el día para llegar a Kabul, llegando a primeras horas de la tarde. Pude hacer fotografías por los pueblecitos, a las gentes y a las montañas. Por el camino cruce un control policial donde me pusieron mala cara por llevar la carta de ''visita de cortesía" no el visado. Mi chofer Yaseem me contaba que les está totalmente prohibido tener fotografías en casa, aunque sea de la familia, ver la televisión, (que no tienen), hacerse fotografías o tener figuras o esculturas...  en general todo lo que parezca venerar a algo o  alguien. La gente, que no quiere desprenderse de las fotos de sus familiares muertos, desaparecidos o huidos, está obligada a esconderlas, junto con otros recuerdos.

 En el último control policial, a la entrada de Kabul, me retiraron las 2 máquinas fotográficas que llevaba. En cualquier caso ya no podía hacer fotos pues caía la tarde. Tampoco podía quedarme mucho tiempo pues al siguiente día  quería llegar a la frontera, de regreso, por la tarde, ya que era mi tercer día. Como bebida consumía una especie de Mirinda de color naranja y unas botellas de agua preparada. Cuatro consumiciones, 2 para mi y 2 para Yaseem, costaban unas 50 pesetas(0,30€). Por las mañanas bebía bien te o bien café con una torta de pan y un poco de mermelada horrible. Como almuerzo o cena siempre igual: pollo frito con arroz cocido o patatas fritas y a correr. De postre tomaba uvas blancas, que abundan, o una manzana o un plátano. Aunque decía que no quería especias en el pollo, me las ponían igual.

 Aunque una buena parte del recorrido desde la frontera a Kabul es un altiplano, no demasiado accidentado, lo cierto es que está uno rodeado de montañas y bastante antes de llegar a la capital hay que empezar a remontar seriamente hasta llegar a Kabul, rodeada de montañas escarpadas. Algunos rincones son muy pintorescos pero, en general, predomina el paisaje seco con montañas peladas de caliza gris y pizarra. Parece que emplean carbón mineral y leña para cocinar y calentarse en invierno. El viento por esta zona dura 120 días.

 Al entrar en Kabul comencé a ver milicianos talibanes por todas partes, además de una seriedad y un miedo que no vi por los pueblos. Aquí, como pasaba en Moscú, al ser la capital de la revolución, todo es más vertical, más radical, mas militarizado, más controlado... Sobre mi carta de visita todos hacían un pequeño garabato y yo me preguntaba si la entendían pues estaba escrita en urdu, idioma de Pakistán, y ellos emplean el pasto y los parsis idiomas que, aunque son de la familia del árabe, no creo que cualquiera pueda entenderlos. La verdad es que al ser español no me ponían muy mala cara. Yo les pedía que me pusieran algo en una esquina del pasaporte pero se negaban. Creo que hicieron bien pues cuando regresase, al siguiente día, a la frontera podría tener problemas. En cualquier caso si regreso a Afganistán lo haré con el visado, pues la carta solo permite una estancia muy corta y, además, da cierta inseguridad al viajar.

 Kabul ofrece un aspecto dantesco: edificios ametrallados, bombardeados, completamente derruidos, dinamitados, sin techos, sin puertas ni ventanas... Me recordó la ciudad de Monrovia, capital de Liberia, que cuando la visité acaba de salir de una guerra civil. Se ven bloques de apartamentos del estilo de los países comunistas. Autobuses sin colores ni dibujos. No hay ninguna imagen, ningún anuncio, ninguna pintura, etc. Es muy austera. Se ve a todos los hombres con manga larga, pelo corto, sandalias... y, por supuesto, todo el mundo con barba. Las calles sucias, sin aceras, la gente guarra, triste y asustada. Los talibanes altivos y auténticos dictadores son el azote de la sometida población. Da pena verlo.

 En lo alto de una de las muchas lomas que tiene la enorme ciudad de Kabul (800.000.- hab.) y sus alrededores, estaba el palacio gubernamental, totalmente bombardeado y destruido. Bien podría ser el anterior palacio presidencial que ha sido destruido por los talibanes. También pasé cerca del Hotel Intercontinental, bombardeado y restaurado, con piscina y todo. Más tarde mi chofer Yaseem me daría unas postales muy antiguas de este hotel, quizás con más de 25 años, las que utilicé para mandar a los amigos pues, actualmente, están prohibidas. Las tuve que echar al correo en Pakistán. Dos horas me bastaron para visitar la ciudad. La noche empezaba a caer y debía pensar en mi regreso ya que al día siguiente tenía que estar en la frontera, al empezar la tarde.

 Paré en el control de policía y retiré mis cámaras, entregando un papel de estraza sobre el que escribieron, en números árabes, la cifra 501 y comenzamos el regreso pasando la noche en el primer pueblo decente que encontramos llamado SUROBI. El “hotel” aunque muy humilde, estaba menos asqueroso que el de Jalalabab de la noche anterior pero no pude ducharme tampoco. Por supuesto las sábanas habían sido usadas. A la mañana siguiente otra vez a la carretera para poder llegar pronto a la frontera. En el desayuno igual: te con tortas de harina y mermelada. las tortas planas, típicas en Oriente Medio y demas paises árabes, saben muy bien. Podía haber tomado yogurt, pues en estos lugares suele ser muy bueno, pero no me atreví. El recorrido de regreso fue más rápido y pudimos pasar al lado del río Kabul, afluente del Indo de Pakistán. Los pueblos del altiplano parecían ocupados cosechando. El calor era soportable durante el día y por la noche refrescaba mucho. Pude, nuevamente, hacer fotos del paisaje y de las gentes.

 Pasado Jalalabab, donde comimos algo cerca de la carretera, mi chofer detuvo el coche y se hizo a un lado. Me dio a entender que solo faltaban unos Km. para la frontera y que era la hora de hacer cuentas y de despedimos, pues en la frontera todo sería mas complicado de hacer. El había pagado todo: hoteles, bebidas, gasoil, propinas, comidas, frutas, etc. Me pidió 20 dólares diarios más otros 20 por el combustible que en Afganistán está muy caro. Me pareció muy correcto y le di 40 dólares de propina. El hombre se emocionó tanto que estuvo  a punto de llorar. Me pidió un papel y me escribió en parsis (que yo conseguí me tradujeran, una vez llegado a Pakistán) lo siguiente: YO SOY EL AFGANO MOHAMED YASEEM Y SABINO ES MUY MUY BUENO Y ES MUY MUY AMIGO MIO. Me guardé la nota como recuerdo. Me regaló algún dinero afgano y alguna moneda, al igual que las postales del hotel de Kabul.

 El duro chofer afgano, con dos hermanos muertos en la última guerra, y el también duro viajero, se despedían con un cierto sentimentalismo. Nada podía hacer  por él, pues no estaba decidido a dejar su familia y emigrar. Aquello fue el final y tras el último control en la frontera, en el que los talibanes retuvieron mi carta, entraba en Pakistán, donde no quisieron ni siquiera mirar mi pasaporte. Esta vez no vi escenas violentas. Dos horas después llegaba a Peshawar y me disponía a buscar un vuelo, a través de Islamabad, para regresar a España vía Londres. El antiguo avión de la Pakistaní no tenía ni TV, ni auriculares, ni aseos en condiciones. El viaje fue diurno y se hizo largo. Las temperaturas en Islamabad llegaban a 45º a la sombra, y no se permitía repostar el avión, lo que nos originó retraso.

 Otros pequeños detalles: Traje algunos afganis en billetes y monedas. Creo que volveré para intentar recorrer el sur del país, KANDAHAR, y visitar Bamiyán (s. VII). En la zona del valle del Kabul sopla un viento durante 3 meses; yo tuve suerte y no tuve demasiado polvo en mi recorrido. Al parecer hay una mina de rubíes en Khaybar. También he visto algunos arados de madera al igual que camellos bactrianos. Cómo pájaros, creo que sólo vi cuervos. Ni los niños ni los pobres afganos pedían dinero. A pesar del calor, todo el mundo llevaba manga larga. Justo al llegar a España me enteré que en Kabul habían sido detenidos algunos miembros de una ONG que quería extender la religión por allí. ¡Los católicos siempre montando el espectáculo! ... claro que es la religión "verdadera”... Sin más comentarios.

Hasta otra.

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