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USA-Nueva Orleans 93

 Diciembre de 1993


 Vuelo a N. Orleans a través de Atlanta con la compañía Delta y curiosamente un asiento de cada tres lleva teléfono incorporado. Al llegar a Atlanta me viene “el recuerdo del  Sur” debido a la enorme población negra. Volvemos a los restaurantes en los que ningún camarero blanco sirve a clientes negros. ¡Qué gran diferencia entre norteamericanos y sureños!


 Finalmente llego a N.O. donde todo tiene un toque francés, aunque sólo sea  porque resulta más comercial o vendible, sin que la mayor parte de la población sepa a qué se debe. El negro de N.O., distinto del de otras partes del estado, es dulce, mundano, sensible, bohemio, gordo, sonriente y feliz a quién le encanta la música propiamente suya, la comida y la indolencia.


 Hay que decir que la población blanca es extremadamente obesa hasta el punto de que no recuerdo ningún otro país con una población similar, lo que posiblemente deben a su horrible alimentación: patatas fritas, hamburguesas, pizzas, etc.


 La ciudad tiene una doble imagen. Por un lado ofrece la de cualquier otra ciudad americana con sus rascacielos y por otro, el barrio francés, la imagen de una ciudad franco-española del siglo XIX con su particular forma de vida y sus edificaciones de época. Las calles, de esta zona, llevan nombre español ya que N.O. fue española de 1.770 a 1.804, fecha en la que los franceses la recuperaron y decidieron vendérsela  a los americanos. Esta zona de la ciudad es la realmente atractiva y turística, donde se come bien y se escucha buen jazz, al tiempo que se disfruta de un buen vino o de un buen café o de una buena cena, todo ello muy difícil de conseguir en EE.UU. porque, entre otras razones, no sabrían apreciarlo.


 El Misisipí, como todo rio de esas dimensiones que atraviesa una ciudad, le da una marcada personalidad  a Nueva Orleans, y ya no digamos las réplicas de las embarcaciones de paletas que le dan el aire que tenía hace 100 años. La desembocadura del río, gigantesca zona pantanosa en la que se ruedan numerosas películas, está llena de caimanes y vegetación de gran desarrollo y sirvió de cobijo a miles de franceses que no quisieron irse, lo que hizo que se mantuviera su cultura culinaria y  folclórica y que, por otra parte, supieron transmitirla cuando fueron, finalmente, absorbidos por el resto de la población de N.O. Tal es el caso del famoso carnaval orleanniano que no es otro que el  famoso martes de carnaval francés.


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