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USA-California-Nevada 74

Diciembre de 1974
  

 Estaba en mis primeros años de viajes transoceánicos y decidí visitar esta parte de USA que no conocía. California(Los Ángeles y San Francisco) y Nevada (Las Vegas y El Cañón del Colorado) me despertaban cierto interés. Quizás porque había algo de español en ellas, quizás por el glamur de Hollywood o de Las Vegas, quizás por la belleza indescriptible del Gran Cañón, quizás por San Francisco…

 LOS ANGELES, CALIFORNIA

  Jamás había pisado un aeropuerto totalmente alfombrado y lujoso como el de aquí. La ciudad al tener 100 km de longitud, el mencionado aeropuerto estaba condenado a estar en medio de la misma. ¡Sorprendente! Por si fuera poco, la zona urbana estaba dotada de 1.400 km de autopistas, cuando en toda España no había ni la cuarta parte.

Estuve alojado nada menos que en el hotel Beberly Hilton aprovechando una oferta de temporada baja. Así que lo primero que hice fue disfrutar de un largo paseo por la urbanización de Beberly Hills, observando las lujosas mansiones de las celebridades cinematográficas. Como no tenían cerramiento de pared ni seto alguno uno podía, desde la acera, acercarse a las mansiones caminando sobre el césped que las rodeaba. Cosa que por discreción no hice.

La enorme ciudad está formada por casas unifamiliares de una o dos plantas, con aire español, de ahí que resulte tan extensa la ciudad. Solamente el barrio de los negocios, el Downtown, estaba formado por bellos rascacielos que daban un aire emblemático a la ciudad. Pude constatar que los hormigones vistos de los edificios modernos, habían sido encofrados con madera para conseguir una atractiva terminación.

Tomar un taxi era como gastarse el presupuesto del viaje de una tacada pues eran mas caros que en España y, además, los recorridos eran muy largos. Por ello visité la ciudad a base de tranvías y pude ir por todas partes porque había 39 líneas que cubrían la totalidad del centro. Hice la visita típica de Hollywood, los estudios Universal, Disneylandia, el teatro Chino, etc. etc. Por supuesto me entretuve viendo las manos y los pies de los famosos del cine, marcados en las baldosas. Fui testigo del rodaje de una película de la serie “Perry Mason” en unos estudios cinematográficos.

  Nuestro querido Fray Junípero Serra, héroe de los californianos, fundó 21 misiones que cubrían 450 millas cuadradas. En el tiempo de mi visita, Los Ángeles (L.A), tenía 3 millones de habitantes.

 SAN FRANCISCO, CALIFORNIA

  Nuevamente me esperaba un aeropuerto de lujo: una gigantesca cúpula, apoyada sobre un muro circular, dejaba una amplísima zona despejada en la que, otra vez, las alfombras y la decoración con cuidadísimos detalles, daban sensación de amplitud y lujo. Esta vez mi hotel, de 46 pisos, era carca, con servicios mediocres y con unos precios en el restaurante, tan elevados, que se parecían más a los de trasplantes de órganos.

 La ciudad, tremendamente turística y atractiva, dejaba entrever un aire español y sus conocidos tranvías añadían un adorno viajero a la misma. Sus 29 colinas, subidas y bajadas por sus 39 líneas de tranvías, los más viejos del mundo, dan lugar a un sinnúmero de cuestas de hasta 40º de pendiente. Las calles, con mucho carácter, llevan un toque latino-americano y si, además, tenemos en cuenta que muchas casas son de madera, no cabe duda de que hay un marcado tipismo en la ciudad.

 Chinatown, barrio chino, situado en medio de la ciudad y al lado de Union Square, te hace recordar el ferrocarril que unía el Este con el Oeste pues de ahí vienen los chinos ya que unos 100 mil fueron empleados en su construcción…y decidieron quedarse. También el puerto resulta típico por estar ocupado por auténticos pescadores. Se pueden tomar, por un módico precio, buenos cangrejos típicos de San Francisco. Por supuesto la visita al enorme puente, bajo el cual entran los barcos en la bahía, el conocido Golden Gate es también una visita obligada. Contemplar la isla de Alcatraz, famosa penitenciaría, al igual que cruzar la bahía para visitar la universidad de Berckley son además otras visitas de interés.

 Entre los habitantes están las gentes americanas, los chinos y algunos negros. Muchísimos homosexuales. Caso insólito: vi un tipo  caminando con el culo al aire.

 En San Francisco hay, además, un bosque de secuoyas, un área urbana de alto standing llamada Saosalito (con un microclima especial), un museo chino muy bueno, y un Downtown con edificios singulares,  uno de ellos  famoso por su forma triangular. Durante mi estancia vi en la TV la película Último Tango en París lo que me pareció el atrevimiento propio de una ciudad avanzada que admite la tolerancia en la sexualidad. La ciudad tiene unos 800 mil habitantes, pero la bahía alcanza los 4,5 millones.

 LAS VEGAS, NEVADA

  Otro aeropuerto alfombrado y de lujo. Máquinas tragaperras desde que sales del avión para ir poniéndote a punto para el juego. Me hospedo en el hotel Flamingo a cuya recepción llegué saltando por encima de tragaperras y mesas de juego. Hotel viejo y con mal servicio.

 La ciudad, situada en medio del desierto de Nevada, fue una construcción artificial que ahora dispone de una población de 300 mil habitantes, con cientos de hoteles en cuyo interior, además, hay casinos abiertos las 24 horas del día y los 365 días del año. En ellos hay buenos shows en marcha. Yo pude asistir al de Shirley Mclaine, al de Paul Anka y al de Tony Benet. Con este último compartí barra y conversación por una media hora, resultó ser un tipo agradable. También charlé, mientras cenaba, con una negra muy atractiva que trabajaba en el show del hotel. La gente solo acude a este lugar a divertirse, jugar, asistir a espectáculos, casarse. Puedes contratar un matrimonio por 2.000 pts.(12 €), incluidos el juez, la limusina y los testigos.

 El mejor de los hoteles, en este momento, es el de la M.G.M con unas 2.500 habitaciones. Por supuesto jugué a la ruleta y al bacarrá; empecé ganando unas 20.000 pts.(120 €) pero, lamentablemente, no supe retirarme y lo perdí todo. Por supuesto, cuando querías un bocata te lo traían a la mesa de juego y no te cobraban; lo mismo ocurría con el tabaco y bebidas. Se trataba de evitar que te levantaras y dejaras de jugar, no querían que nada te distrajera o alejara del juego. Sabían muy bien que a la larga te ganarían; así son los casinos.

 En una de las mesas de juego, conocí a un piloto de avioneta turística, recién llegado del frente del Sudeste asiático, algo bebido, quién me ofreció llevarme al día siguiente (a pesar de la nevada), al Cañón del Colorado. A la mañana siguiente, tras tomarse dos cafés para levantar la resaca, salimos zumbando para allá. Nunca olvidaré que aterrizamos sobre la nieve y que ponía la avioneta de costado para que yo tomara fotos del profundo cañón. Todavía se me pone la carne de gallina.

 Conocí una pareja de Barcelona muy agradable; él tenía una fábrica de ropa vaquera y ella, su segunda mujer, le ayudaba en el negocio. Ambos, conocedores de ese mercado, andaban comprando camisas vaqueras por las tiendas que les sirvieran de patrón para su fabricación en Barcelona.

 En un coche, típicamente americano, que se muestra en las fotos me fui, a través del desierto de Nevada, a visitar la Presa y Embalse de Hoover, desde la que se suministra el agua y la electricidad a Las Vegas. Se trata de una interesante obra de ingeniería y disfruté con ciertos detalles vanguardistas. El río, por supuesto, es el Colorado.

 Viaje, en general, muy agradable. ¡Volveré!

 Nota: Lamentablemente las fotografías por ser del año 74, no se han mantenido en buen estado.

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