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Guatemala 16

 Enero de 2016

 Con una superficie equivalente a una cuarta parte de la de España continental, Guatemala, ya anda cerca de los 17 millones de habitantes y recuerdo muy bien que en mi primera visita en el año 93 solo tenía 10. Son fanáticamente católicos o protestantes (además de otros muchos fanatismos que tienen) y quizás sigan la antigua máxima de tener los hijos que Dios nos dé.

 En el momento de mi visita, acababan de elegir el cuarto presidente en los últimos 3 meses: inaudito. Es más, el presidente justamente anterior al actual estaba todavía en la cárcel acusado de corrupción. Política muy convulsa, enorme pobreza y un 50% de los niños que pasan hambre en la América latina están precisamente aquí en Guatemala: palabras que oí del propio Presidente Sr. Morales.  Con un 40% de población maya son muchos los que no hablan español; su moneda, el quetzal, no la quieren ni sus vecinos de frontera, ni tampoco en algunos lugares del propio país, que lo que quieren son dólares.  Con esta situación la gente emigra hasta el punto de haber más de un millón de ellos en Estados Unidos. El dinero que envían los emigrantes es un capítulo muy importante en su economía. Hay una mortalidad infantil cercana al 3% lo que les aproxima al continente africano. Un 25% de analfabetismo… en fin, no quiero seguir. Sus exportaciones se ciñen al café, el azúcar, las patatas y los textiles; el turismo supone también una fuerte entrada de divisas.

 Pesado y largo vuelo de 12 h con una Iberia que sigue siendo cara y mala; la comida que da no es mala, no, es pésima. Al transcurrir más de una hora con las sobras de la comida delante de uno y sin pasar a recogerla, una azafata veterana me comento: “primero nos bajan el sueldo un 15% y después reducen la plantilla en dos azafatas por vuelo y por eso tardamos tanto…”

 Aquello de Ciudad de Guatemala de antaño ha pasado a ser Guatemala City y así aparece hasta en los buscadores de vuelos y hoteles. Como dicen ellos, influencia gringa. La capital está a casi 1.200 metros de altura y son muchos los montes que tienen de 4.000 metros. Las 7 horas de diferencia horaria con España se notan en el cuerpo.

 Te reciben, te tratan y te despiden con frijoles: en el desayuno, en el relleno de las tortitas, mezclado con arroz (gallopinto) etc. Los cocinan muy bien y como además son de buena calidad pues resultan muy ricos de sabor. A las chabolas, que son muchas, les llaman asentamientos y es mucha la población que vive en ellos. Hay unos diez millones de mestizos y los niveles más bajos de la sociedad están ocupados por la población maya. Curiosamente, llaman ladinos a los mestizos que trabajan en puestos administrativos como por ejemplo la gente que está en las recepciones de los hoteles.

 La capital es extremadamente peligrosa a nivel de robos y secuestros. Las ventanillas de los coches van siempre cerradas y los cristales polarizados para que no se sepa quién está dentro. Está dividida en zonas entre las que destacan las 13 y 14, Avenida de Las Américas, que se consideran residenciales y es en ellas donde se ubican las embajadas. Hay otras zonas, la 9 y la 10, llamadas Viva, que también son residenciales y es donde se encuentran los hoteles; estos son muy caros y en muchas ocasiones son viejas glorias con habitaciones sin rehabilitar lo que supone que en sus baños no puede tirarse el papel al retrete sino colocarlo en una cesta al lado, como en África. La zona 1 corresponde a la vieja ciudad colonial. No hay rascacielos debido a los frecuentes movimientos de tierras. Muchos ciudadanos viven en el extrarradio y trabajan en el centro así que a partir de las 5 de la mañana ya salen de sus casas para llegar a las 7 a su trabajo.La contaminación es muy alta pues hay unos autobuses, llamados chiken-buses, que queman un gasoil de muy baja calidad; hasta las jacarandas de las calles han cambiado el color de sus flores debido a esa contaminación y al cambio climático. No hay mucha diferencia entre las temperaturas del verano y las del invierno. Siguen llamando a los americanos gringos y al hormigón concreto. Es muy conocido y visitado el llamado Paseo Callalá que es una pequeña ciudad comercial con cientos de tiendas, restaurantes y lugares de ocio, que aparenta ser poco peligrosa pero que es bastante cara debido a la calidad de los productos y a las marcas que se venden. El nivel de los productos y los precios mucho más altos que los de cualquier otro centro comercial. No hay corridas de toros. La gasolina cuesta 0,50 euros el litro, lo que resulta muy cara para ellos dada su pobreza.

 La gente con la que voy charlando por el país: en taxis, hoteles, restaurantes, bares, etc. me cuentan sobre la enorme delincuencia que tienen, sobre todo la de la capital, y me dicen que la propia policía se dedica al robo de coches o a los secuestros exprés y que ven muy difícil que pueda solucionarse. Al parecer las mafias pagan mordidas a la policía para dejarles actuar. No se suelen ver turistas caminando por la calle y menos llevando una cámara.

 Hay muchos coches de alta gama y un tal Tony me contó que ello se debe a que traen en barcos los coches americanos con siniestro total y aquí, con mano de obra muy barata, los dejan nuevos. El parque de vehículos es muy joven, los coches están limpios, cuidados y sin golpes; envidia de muchos países. Son muy manitas y muy capaces de arreglar cualquier cosa. Además arreglan motos destrozadas, zapatos viejos, etc. todo lo arreglan y nada tiran, son listos, constantes e ingeniosos. Por supuesto he vistos muchos niños de no más de 10 años limpiando zapatos por las calles.

 El cambio de su divisa en estos días era de 8 quetzales por 1 euro. El paro oficial es del 8% pero en la calle dicen que es del 16%. Mantienen bien el valor de su divisa y su cambio con el dólar. He recorrido muchos km a través de frondosos bosques de cedros. Toda la isla está llena de plantas de café. Tienen teca, palo blanco, caoba y palo rosa. También muchos tipos de flamboyanes y por encima de 2.000 m tienen muchas coníferas. En su música típica y maya aparecen siempre las flautas de caña y hueso, sus famosos tambores tunkules y la dulce ocarina.

 Paso por los volcanes de Agua, Fuego y Acatenango y visito nuevamente la conocida ciudad llamada Antigua Guatemala, o simplemente Antigua, visita obligada para cualquier viajero y que ya me encantó en mi primera visita. Fue la antigua capital del país en la época de la conquista. Aquí se dieron cita, sobre todo, las órdenes religiosas más remarcables de aquella época y aquí dejaron iglesias, monasterios y catedral de aquellos tiempos y que fueron castigados muy seriamente por los terremotos. Concretamente de la catedral solo ha quedado una especie de capilla.

 Recorrí tranquilamente toda la ciudad y sobre todo la Plaza de Armas de época española, el edificio del gobernador convertido en el ayuntamiento y también la catedral de Santiago. Desde aquí se ven los  volcanes Fuego y Agua. Entre las iglesias destaca la de Nuestra Señora de Las Mercedes de un estilo barroco muy primario que no creo hayamos tenido jamás en España. Por la ciudad se ven muchas araucarias. Me tomé unas chelas, que es como llaman ellos las cervezas en guatemalteco,  y la marca que más me ha gustado es la Gallo. Un nativo de Antigua, llamado Sergio, me puso al corriente de algunos “guatamaltequismos” como por ejemplo: pantoja, que es como llaman a la novia; también a los niños les llaman pantojos y tal que así continuó contándome los nombres particulares que usan los guatemaltecos; un jalón es una calada dada a un cigarrillo, champurradas son galletas…siguen empleando las varas, las leguas, el quintal, la arroba, etc. Hablándome del paso de los años en los hombres, me quedé con su frase: “viejos, los caminos, aún echan polvo”. Me reí. También me hizo saber que las grandes plantaciones de tabaco, producto que antes exportaban, han sido sustituidas por plantaciones de melones.

 Por cualquier carretera que circule del país, sé que he de  pasar  de una manera obligada  por cotas de dos mil y tres mil metros de altura y que me voy a cruzar con muchísimos autobuses de línea pintados a rayas en bonitos y llamativos colores, que son todo un espectáculo, así que me fui a visitar  el famoso Chichicastenango, por supuesto un jueves que era día de mercado, y estuve conduciendo montaña arriba durante más de 4 horas. Aunque ya había estado aquí volví a disfrutar del tipismo de su mercado, visita que encanta a los turistas, en el que ves a los mayas, propios de este pueblo, con su ropa típica (hay 22 etnias de mayas y cada una tiene su comarca y una ropa diferente  y por supuesto con diferentes colores y rayas).  Visité otra vez la famosa iglesia de Sto. Tomas construida por los conquistadores en 1543 y en cuyo interior se celebran actos y servicios mezclando el paganismo con el cristianismo y la brujería. En el mercado lo que más abundan son los vendedores de medicinas mayas; los nativos los escuchan atentamente y se creen las bonanzas de sus pócimas.

  Anduve también un par de días por la zona del lago Atitlán donde un tal Julio Pérez, de origen maya, me contaba que en la escuela aprendían maya y español y que en sus iglesias no era el párroco el que mandaba sino los cofrades que eran los que decían al cura lo que había que hacer en cada caso y que por ello tenían cultos paganos mayas en su interior. Por cierto éstos consisten generalmente en encender velas, dispuestas en triángulos o cuadriláteros, que ponen en el suelo de la iglesia y que representan los puntos cardinales y, a continuación y en cuclillas, rezan sus plegarias. La biblia de los mayas es un libro llamado Popolvuh. En ocasiones las iglesias son las antiguas españolas, totalmente derruidas por los terremotos, pero reconstruidos siglos después.

 El pueblo de Panajachel, no tiene más importancia que la de ser la población mayor de la ribera del lago Atitlán y un maltrecho puerto en donde pequeñas barcas se alquilan para saltar a visitar los otros pueblos del lago.  Frente a esta ciudad está el volcán Tolán y detrás el Atitlán. Todos los pueblos que rodean el lago tienen triciclos para el servicio de taxis o el transporte de mercancías pequeñas.

 En una pequeña barca de motor recorrí el lago atravesando hasta el pueblo de Santiago de Atitlán, de poco interés turístico, habitado por otra etnia maya diferente; con una iglesia católica de 1547, una de las más antiguas del país. Dentro de ella hay pequeñas estatuas de barro que representan a los cofrades los que, como contaba anteriormente, son los que mandan en las iglesias de las áreas mayas.

 El lago no es muy grande y puede cruzarse en lancha rápida con 12 pasajeros en menos de una hora. Navegando a Santiago de Atitlán, al lado opuesto del lago, a la izquierda queda el volcán Atitlán y a la derecha o de frente está el volcán Tolán, ambos inactivos. El volcán Fuego, situado aún más lejos, tiene un lago dentro y es uno de los 3 activos del país de un total de 37 volcanes.

 Los buses entre pueblos y ciudades, antes llamados guaguas, debido a la gran competencia en el transporte, circulan muy por encima de la velocidad permitida adelantando a todos los coches y camiones. Cuando tienen un accidente en el que hay muertos, lo que ocurre con cierta frecuencia, el chofer desaparece para que no lo capture la policía. Tienen una puerta atrás y bromeando dicen "coger" al bus por detrás...

 Las carreteras han mejorado muchísimo en estos últimos años. Ahora es el tiempo del fruto de la pasión, de las chirimoyas-que ellos llaman anonas-, de las manzanas, mandarinas y por supuesto melones, fresas, sandias, etc. El pan es malo y la leche que utilizan es casi siempre en polvo. Tienen buen café de montaña y suelen preferirlo flojo, tipo americano. Comen mucho pollo y arroz, tamales, emparedados de chivito y por supuesto los riquísimos frijoles a todas horas. Tienen una tarta, llamada de 3 leches que está buenísima.

 Son obligadas las visitas a Flores, sin dejar de ver las maravillosas ruinas del período clásico maya de Tikal y también, a ser posible, atravesar ligeramente la frontera con Honduras para contemplar las ruinas mayas de Copán. También visitar Cobán, etc. Había recorrido estos lugares en mi anterior visita por lo que decidí dejarlos para otra vez y mejor saltar a Nicaragua.

Hasta otra.

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