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Brasil(el)-Nordeste-Fernando Noronha 08

 Febrero de 2008                                              

 El objetivo de este viaje al Brasil no era otro que el de visitar parte del NE del país y hacer una recalada en la isla Fernando de Noronha. Esta parte del Brasil no es tan tropical como la Amazonia ni tampoco como otras regiones más al sur pero, tiene playas exclusivas, hermosas y vírgenes a lo largo de un amplio litoral.

 

La ciudad de Natal, capital del Estado de Río Grande Do Norte, apenas merece la pena ser visitada. No obstante hay algunos hoteles muy agradables  y confortables para el reposo del viajero, en la “Vía Costeira,” construidos sobre una enorme playa.

 Pipa es, quizás, el área turística mas atractiva, incluyendo también el estado de Pernambuco (capital Recife). Cuatro preciosas y abruptas playas conforman su litoral. El turismo que se observa por estos lugares esta formado en un 90% por brasileños, el resto son americanos y europeos que se alojan no solo en hoteles sino en “pousadas”, que son instalaciones familiares humildes y económicas.

 Había estado anteriormente en Salvador de Bahía, estado de Bahía, y constatado que su población era totalmente de origen africano, ya que su puerto fue el destino de muchos barcos negreros. Ahora,  la población de los estados situados más al norte, que he visitado en este viaje, son de población blanca en su totalidad.

 El nivel de vida ha ido mejorando durante los últimos años en Brasil y, ahora, ha pasado claramente a ser el país mas desarrollado de Latinoamérica. Su crecimiento industrial, el aumento de los yacimientos petrolíferos, su ingeniería civil etc. son una muestra de su avance.

 Pasé unos días en la isla de Fernando de Noronha, que solo tiene unos 10 Km. de longitud, en donde abundan las pequeñas y coquetonas playas, los acantilados agrestes, etc. y que casi toda ella está incluida en un parque nacional, Patrimonio de la Humanidad. Entrar en la isla supuso pagar un impuesto de 20 dólares diarios, además de tener que ocupar una habitación en una pousada con poco confort y a precio muy elevado. En fin: las exclusivas son así y hay que pagarlas. Supe que Penélope Cruz y Barden habían pasado una semana de incógnito en esta isla hacía poco tiempo.  

 El visitante o turista  es, casi, en su totalidad autóctono. Nadie habla otro idioma que no sea el brasileño ni se emplea ni cambia otra divisa que no sea el real. Se trata de visitantes jóvenes, no más de 35 años, quizás de familias de clase media alta, que acuden en parejas (hasta puede que como destino de viaje de novios), que aman el buceo o simplemente toman el sol sobre las arenas blancas de una playa virgen. Suficiente.

 Para mí, lo más remarcable fue nadar alrededor de una buena treintena de tortugas y con rayas bajo mis pies.    Alquilé un buggy, vehículo idóneo para las pistas de piedra, con el que me trasladaba a todos los rincones. 

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