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Bermudas-cruzando el Atlántico

 Año 1983 

 De Madeira a Bermudas

 Para un viajero, cruzar el Atlántico en un yate es toda una aventura. Si, además, ese viajero es navegante, patrón de yate, y le apasiona navegar...¡ya no digamos! Todo comenzó cuando mi único amigo rico: americano, concesionario de la distribución de un coche japones para los estados de Nueva York y New Jersey, y persona encantadora, necesitó de mi ayuda para completar la tripulación que tenía en su precioso y lujoso yate y poder así cruzarselo al otro lado del Atlántico y llegar a tiempo para presenciar la regata de la Copa de América. Horas después de nuestra conversación, volaba yo a Lisboa para después saltar a Madeira donde el barco esperaba por mi. Tuve que turnarme con otro patrón de yate y también encargarme de la supervisión de los motores.

 Miércoles 31.08.1983

 Salida a las 15:45 h de Madeira.

 Jueves, 1 de septiembre, a las 15:15 h.

 Ya llevamos casi 24 horas de navegación. Por fin dejamos la Isla de Madeira, tras una larga espera para que los papeles y el pa­go del puerto estuvieran arreglados.

 Nos alejamos por el Oeste ­rumbo a Bermudas. Partimos con rumbo 282. Dos horas más tarde concretamente, nos adentramos en el Océano Atlántico ­donde estaríamos sin ver tierra durante 9 o 10 días.

 Al salir, la mar estaba calmada. Poco después aparecieron vientos de fuerza 5 y el barco comenzó a “moverse", aunque suavemente. Durante la noche la mar se calmó y hoy por la mañana apareció una mar azul celeste totalmente calmada y un día muy soleado.

 Estoy trabajando mucho y apenas dispongo de tiempo, pues estoy encargado de la vigilancia de los motores desde las 04:00 hasta las 08:00 y desde las 16:00  hasta las 20:00 h Por si fuera poco tengo entre 2 y 4 h  de guardia en el puente de mando durante el día.

 La vida en el barco es agradable: buena comida, buen vino y la gente es amable. Llevamos recorridas 250 millas a una media de 10,8 ­nudos. La distancia a navegar es de unas 2.200 millas, lo que supone más de 4.000 Km.

 Una corriente del Norte nos está haciendo caer ligeramente de nuestra ruta.

 Todo está en calma, de vez en cuando pasa algún barco que parece un petrolero. Ayer por la noche, estando de guardia pasó relativamente cerca un gran carguero.

 El barco no está pensado para cruzar el Atlántico. Lo demuestra: su forma que es como la de una lancha motora; sus motores que no pueden superar la velocidad de crucero de 11 nudos; la capacidad de los depósitos de gas-oíl y su alimentación a los motores etc. Fue Pensado para navegar por el Mediterráneo. Se mueve muchísimo, aún con pequeñas olas, no tiene nada de quilla y a proa, por cierto elevada, el pantoque ­es plano y golpea las olas grandes; es decir un yate para navegar en un ­lago, pues además los estabilizadores no resultan efectivos.

 Me contaron, al incorporarme yo al barco en Funchal, Madeira, que, en el trayecto anterior, de Gibraltar a Funchal, se marearon todos, permaneciendo tirados en el salón devolviendo, incapaces de poder hacer trabajo alguno. Dos miembros de la tripulación del yate (uno ­de ellos mecánico) se bajaron en Madeira y se fueron horrorizados, no queriendo continuar por nada del mundo. De ahí que me necesitaran y tuviera que trabajar tanto.

 La navegación se hace vía satélite que quiere decir que la ­situación del barco la da el satélite cada vez que pasa por las inmediaciones y que viene siendo cada media hora. A continuación se pone la situación en la carta y se corrige ligeramente el rumbo si se cree necesario.

 La ruta que elegimos fue la ortodrómica, es decir la que corresponde al circulo máximo y que es la mas corta.

 Viernes, 2 de septiembre, a las 12:30 h.

 Seguimos teniendo un tiempo maravilloso. Mar azul, como si ­tuviera "azulete", peces voladores alrededor del barco y delfines jugando por delante y detrás.

 El calor aumenta en la sala de máquinas 420, pero ­de todas formas lo paso bien.

 La gente del barco, compañera de tripulación, está formada por  2 franceses, 3 ingleses, 1 canadiense, y 1 americano.


 Sábado, 3 de septiembre, a las 19:30 h.

 Hemos tenido mala mar toda la puñetera noche, pero esta ­mañana las olas se han ido calmando y la mar ha quedado plana como un ­plato. No hay viento. Decidimos parar los motores durante 1 hora y bañarnos.

 Yo fui el primero en saltar al agua, y aunque había uno ­vigilando por si venían tiburones, sentí algo de miedo. Al cabo de un ­rato nadábamos todos confiados.

 Alguien echó hoy un caldero de agua a un compañero mientras descansaba tumbado en cubierta (fue Herve, francés cachondísimo), ­ el cual cogió un cabreo impresionante.  

 Se tomaron medidas para no gastar mucha agua. El calor en la sala de máquinas se hace insoportable llegando a  44ºC.

 Domingo, 4 de septiembre, a las 17:30 h.

 El tiempo ha cambiado. Nos rodean grandes nubes de formación vertical y cilíndrica con pequeños tornados, según se aprecian a ­simple vista y por el radar. Tenemos la tormenta entre 2 y 4 millas. El  viento con fuerza 5 se ha puesto de Sur, lo que supone tenerlo por el ­través y ha levantado la correspondiente marejada.

 Ya hemos hecho apuestas sobre el día y la hora de llegada a las Bermudas. Hoy el encargado de la cocina nos ha sorprendido con paella valenciana. Los motores funcionan a la perfección. Sigo pasando un calor horrible en la sala de máquinas.

 Lunes, 5 de septiembre, a las 08:00 h.

 Desde ayer a las 18:00 h estamos atravesando tormenta tras tormenta. Olas de 6 metros y viento de fuerza 8 a 9. El barco se ­mueve como una veleta. Mis 4 horas de maquinas del turno de la noche se ­han hecho insoportables e interminables.

 La cocina del barco, el salón, etc. están hechos un ­Cristo, pues tienen todo por el suelo. Las olas echan espuma y cubren el barco. Bajamos la velocidad a 8 nudos, pues el yate queda frenado.

 Lunes, 5 de septiembre, a las 15:30 h.

 El tiempo ha mejorado un poco y he conseguido dormir algo (1 a 2 horas), lo que me permite seguir adelante con mi trabajo, ­pues entro a trabajar dentro de media hora,

 Todavía hay cosas por el suelo ya que  el barco sigue “bailando”  cosa fina.

 Martes, 6 de septiembre, a las 11:30 h.

  Por fin las tormentas han ido pasando y el tiempo pasa a marejadilla, lo que quiere decir casi bien.

 Me acabo de levantar, pues trabaje la madrugada de hoy hasta las 8 de la mañana. A esa hora me fui a la cocina, me preparé 2 huevos con bacon y 2 tostadas con mantequilla. A continuación me fumé 2 cigarrillos, que serían los últimos pues había tomado la determinación, ­durante mi turno de la noche, de dejar de fumar. Hecho que ocurrió, por casualidad, en el momento en que nos encontrábamos justamente a la mitad del viaje, es decir en la mitad del Océano Atlántico.

 El tiempo continuo bueno y las corrientes que vienen del N.E. nos empujan; estamos haciendo 11,5 nudos, ganando 0,7 nudos por la corriente.

 Miércoles, 7 de septiembre, a las 07:00 h.

 Estoy haciendo el turno de la noche en el puente de mando. Todo está tranquilo llevamos viento y olas en popa con lo que ganamos en este momento 0,8 nudos. Según los cálculos que acabo de hacer podríamos ­llegar a Bermudas el viernes sobre las 4 de la tarde.

 La vida a bordo se desarrolla con normalidad y cierta rutina. He tenido problemas para dormir en las últimas 24 horas. ¡Dejar de fumar no es fácil! He aprovechado para leer un libro de Graham Green y comienzo otro de García Marquéz.

Miércoles, 7 de septiembre, a las 17:00 h.

 Hoy he hecho mi colada para tenerla lista al llegar a ­Bermudas. Se ha secado todo en 15 minutos.

 Jueves, 8 de septiembre, a las 11:00 h.

 La mar sigue en muy buenas condiciones y navegamos rápidamente. La pasada noche tuvimos alarma, precisamente mientras yo ­estaba de guardia, y ésta se originó debido al mal estado de un extintor que se abrió, extendiéndose el gas por toda la parte superior del barco. Tuve que cogerlo y sacarlo a la cubierta de popa.

 Sigo sin fumar. Mi estómago esta algo sucio y creo que se debe a que el cocinero pone mucha cantidad de especias, ajo, perejil etc. en todas las comidas, incluso en el puré de patata.

 He recogido "SEA-WEEDS" que son pequeñas plantas que se ­desarrollan en la superficie del mar, especie de sargazo. He hecho fotografías de ellas y he tomado muestras.

 Viernes, 9 de septiembre, a las 11:30 h.

 Acabo de levantarme, pues acabé mi trabajo a las 9 de esta mañana y me metí en la cama un ratito. A esta hora estamos a 10 millas al Este de Bermudas y más concretamente de la isla de St. Jorge. La mar sigue muy calmada. La gente está deseando llegar.

 Hervé, nuestro cocinero, dice “que se va a ligar a la primera negra que encuentre por vieja y gorda que sea”.

 Son las 13:00 h, nos quedan unas 3 horas para llegar a los peligrosos corales que rodean las Bermudas. Estamos en contacto por radio con el puerto. Más tarde cuando lleguemos hemos de tomar un canal muy estrecho entre los corales. Hoy ya no tengo servicio, sólo el trabajo en el atraque.

 El sistema de navegación por radio faro no funciona, pero el de satélite es tan perfecto (da un error de 1 milla) que el primero no hace falta. También existe el sistema Decca y el Omega que funcionan con una base por todo el mundo (sistema de radio) y existe el combinado de los dos, es decir el de satélite + Decca (u Omega) que acoplado por medio de un ordenador los coordina y combina. En este caso el error es de 1 metro. El pobre sextante y sus tablas están quedando olvidados.

 Acabo de ver una gran bandada de pájaros (gansos, creo) que formando una flecha parecen emigrar de Canadá hacia Puerto Rico.

 Sábado, 10 de septiembre

 Ayer, a las 4 de la tarde llegamos a la isla de Sr. George. Esta isla, de 2 Km. de longitud, al igual que las del resto del archipiélago ­que constituyen las Bermudas (GB) son verdes, con vegetación tropical, pequeñas, coquetonas, con palmeras, playas, coral, etc. ¡Una maravilla del trópico! Independientemente de esta belleza natural, las edificaciones son de ­hace al menos 100 años, con lo que el aire colonial británico (me recuerda Singapur) se ha mantenido con todo su encanto.

 Tiene una población de unos 40.000 habitantes (yo diría que el ­90% son negros) y aunque políticamente pertenece a la Gran Bretaña económicamente pa­rece una provincia o estado americano, pues las empresas americanas y la ­base americana de La Navy dominan los negocios y los establecimientos públicos.

 Así termina mi primera travesía en el Atlántico. A continuación volé a Palma de Mallorca, vía New-York y Madrid.

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