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San Kitts y Nevis 91

 Junio de 1991

 Tras haber disfrutado de mi estancia en Santa Lucía, me desplacé en una pequeña avioneta de hélice a este estado (reconocido como tal en 1983, si recuerdo bien) formado por una diminuta confederación de 2 pequeñas islas que dan el nombre al país, antigua colonia británica y miembro, como ocurre siempre, de la Commonwealth. Son muy pobres y su aeropuerto no es más que una casetita.

 Su única riqueza, aparte de algo de turismo, es el azúcar que producen y el ron que fabrican. La isla, que recorrí con un vehículo de alquiler, está llena de plantaciones de caña de azúcar; corté algunos tallos y mastiqué la más deliciosa de las cañas de todos mis viajes; recordaré siempre el sabor de esta melaza tan dulce y deliciosa. Una enorme fábrica situada a las afueras de la capital, Basseterre, se encarga de triturarla, convertirla en melaza y hacer más ron que azúcar.

 La vuelta a la isla, en total unos 40 km en redondo, fue muy agradable: me crucé varias veces con el pequeño tren que utilizan para transportar la caña, contemplé la abrupta costa, al igual que sus cientos de iglesias y el encuentro del mar Caribe con el océano Atlántico. La gente, en su mayor parte negros, me pareció muy amable pero lamentablemente muy pobre. Recorrí, con ciertas precauciones, su pequeña capital, donde comí pescado en un pequeño restaurante regentado por un matrimonio inglés, y me compré una camiseta con el dibujo de las islas. Su población no llega a 20 mil habitantes y esta enormemente subvencionada por la corona británica. La  suciedad y los vertidos de basuras dan un pestilente olor en las zonas próximas al puerto del cual parte un pequeño ferry que lleva a la isla de Nevis, la que no pude visitar por no disponer de suficiente tiempo. Me dijeron que no era tan tropical, sino más seca. Hacía calor, no llovía, y estaban en lo que ellos llaman verano lo que, en cierto modo quiere decir que puede surgir un huracán en cualquier momento. Tuvimos vientos fuertes en un par de ocasiones.

 Durante mi corta estancia algunas piñas-coladas, bien preparadas, “cayeron”…y me dieron un poco de “marcha” para hacer frente al calor que había en este mes de junio.

Volveré.

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