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Puerto Rico 13

 Febrero de 2013

 En abril de 1987, hace ya la friolera de 26 años, visité Puerto Rico y su capital San Juan, En aquel entonces la población total de la isla era de casi tres millones y ahora se acerca a los cuatro. Sigue considerado como País Libre Asociado a EE.UU. Si en nuevas elecciones decidieran lo contrario pasarían a ser el estado americano número 51.

  De superficie equivalente a Asturias, la capital tiene unos 350 mil habitantes y es su barrio antiguo, llamado El Viejo San Juan, el único lugar de interés…por no decir de la isla. Hay escasos viajeros españoles. Desde España no hay paquetes turísticos, a pesar de que Iberia vuela a diario. Es, frecuentemente, escala para saltar a las islas o cruceros por el Caribe.

 Tuve el placer de visitar el Museo de Pablo Casals, el fantástico pacifista y músico catalán que elevó el violonchelo a nivel de instrumento de concierto. Dio muchos y con mucho éxito y, al haber huido de la dictadura de España y refugiarse en Puerto Rico, le fueron concedidas medallas y, finalmente, el honor de estar en un museo. También visité la pastelería mallorquina, como en mi anterior viaje, y tomé alguno de sus insípidos pasteles con un café con leche, éste último si que era bueno.

 La muralla que rodea casi todo el Viejo San Juan es de la época española y tiene en su parte norte un castillo llamado de San Luis, que protegía la entrada al puerto natural. Ha sido restaurado y, en su interior, fue construido un faro que orientaba a la navegación para su entrada en el puerto.

 Hablan indistintamente inglés o español pues ambos son oficiales; son un tercio protestantes y dos tercios católicos, aunque no parecen ejercer de nada. En las calles se ven gatos por todas partes pero apenas perros. El nivel de vida es el de una renta de 25 mil dólares, una de las más altas del Caribe. No obstante se ve mucha gente colgada por las calles.

 El Viejo San Juan, formado por casas de dos o tres plantas, ha sido restaurado hace ya años: las fachadas pintadas, las ventanas y balcones arreglados y barnizados, las calles empedradas, los tejados rehechos, las fachadas alisadas, etc. Los colores de las fachadas, más bien en tonos pastel, son de diferentes tonalidades y componen un mosaico que parece tener su origen e influencia española.

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