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Dominicana,República(la) 80

Agosto de 1980

 En junio de 2010, cuando habían pasado 30 años, coloqué en mi página web el texto íntegro de los comentarios que hice en su día: agosto de 1980, y que aquí transcribo. Sea indulgente el lector con las fotografías y con lo que ocurría en aquel entonces.   

  Estaba visitando Colombia, y más concretamente la zona de Santa Marta y Cartagena,  cuando decidí saltar a Santo Domingo. El vuelo desde Barranquilla comenzó con una espera de una hora, con todo el pasaje dentro del avión, bajo un sol abrasador.Cómo no se podía encender el aire acondicionado, un par de personas se desmayaron debido a que la temperatura  debió de acercarse a los 45º. Yo iba acompañado de mi pareja, sentada a mi lado y, del otro, tenía a un mulato boxeador, todo magullado, que me dijo 200 veces que había ganado un combate, el día anterior en Barranquilla. Si con la cara machacada él era ganador… ¿cómo estaría el otro? Empecé a pensar que él era el perdedor. No paraba de hablar y gesticular, al tiempo que me llamaba “hermano”. Entre el calor y su verborrea yo estaba mareado. No servía de nada callar, mirar hacia otro lado, o hablar con mi chica; el tipo seguía hablando sin parar, y así lo hizo todo el vuelo. ¡Increíble!

 Al llegar al aeropuerto de Santo Domingo, se las arregló para colarse en nuestro taxi y empeñarse en llevarnos al mejor hotel donde, por supuesto, decía, le conocían muy bien. Cómo por el camino siguió llamándome “hermano” y diciendo que pasaría a buscarnos al hotel para enseñarnos la isla, los restaurantes, etc. decidimos, una vez que nos dejó en el hotel (donde no le conocían), abandonar el mismo, irnos a otro, y plantar a “mi hermano”.

 A la mañana siguiente, recorrimos la capital visitando con calma la zona residencial que nos pareció muy bonita. Llegamos a un acuerdo con un taxista, que tenía un viejo coche americano de grandes dimensiones, para recorrer la isla durante 4 días. Así que comenzamos el recorrido partiendo hacia Puerto Plata. Visitamos el puerto, la fortaleza española, las calles, etc. El viaje siguió y conocimos a un chico americano, ingeniero agrícola, que trabajaba para la FAO, quien nos explicó la desesperación suya y la de sus compañeros de equipo al no ser capaces de convencer a los campesinos de que siguieran los consejos que les daban en unas charlas sobre el propio terreno.

 Tiene una extensión de unos 50 mil km2, vez y media Cataluña, considerando que es una parte de una isla caribeña. Pueden hacerse bien 300 km. sin caerse al mar. Es larga y las distancias también se hacen largas. Su nivel de vida es bajo, comparado con otras islas del caribe, y se observa mucha injusticia social. Es una especie de democracia que oculta una autocracia. Están manejados por una oligarquía que ignora al paisanaje de a pié. El níquel, el turismo y las divisas enviadas por los emigrantes salvan las humildes cuentas del país.

 Continuamos nuestro recorrido y visitamos Montecristi, La Vega y, finalmente, la romana. Una buena paliza de kilómetros. Decidimos regresar. A la mañana siguiente, cuando estábamos a punto de partir, mi compañera se dió cuenta de que, durante la noche, nos habían robado. Volvimos al hotel y comprobamos que la puerta de nuestra habitación tenía la típica cerradura americana Yale, (la que en las películas americanas vemos que se abre con una tarjeta de crédito); la que se emplea en los Moteles de carretera. Habían entrado, mientras dormíamos, y se habían llevado su bolso en el que no solo había dinero sino, también, su buen reloj de pulsera.

 Yo me indigné ante la falta de seguridad en el hotel y creo que, debido al cabreo y a los nervios al cerrar, desde fuera, la pesada puerta del taxi, dejé el dedo pulgar de mi mano izquierda dentro del marco. Lancé un grito de dolor y yo mismo tuve que sobreponerme y abrir de nuevo la puerta para liberar mi dedo que aparecía aplastado y con la uña colgando; a punto estuve de desmayarme por el horrible dolor. ¡Vaya mañanita!

 En el desaparecido bolso de mi pareja estaban, además, 2 carretes de fotografías hechas durante los últimos días. Así que solo se salvaron de este país las 2 ó 3 fotos últimas del carrete que traía de Colombia.

 En fin, tendré que volver algún día y repetir el viaje. Hasta otra.

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