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Dominica 95

 Mayo de 1995

 Llegué a la isla Dominica saltando desde la isla Guadalupe en una pequeña avioneta de hélice. Tiene unos 700 Km2, lo que equivale a una longitud de unos 40 Km por unos 18 Km de ancho. Es una montaña toda ella, cuya falda penetra en el mar.

 La exuberante vegetación es maravillosa pues, a pesar de su densidad, dado que las zonas selváticas tienen: árboles frutales vírgenes, palmeras, árboles con flores, etc. resultan muy atractivas y, en absoluto, te da miedo penetrar en ellas. Se podría decir que toda la isla es selva agradable. Jamás recuerdo haber visto una isla tan verde en mis viajes.

 Otro punto de gran interés en Dominica es la interesante reser­va de los caribes que habitaban la isla en los tiempos de Colón; man­tienen todos los rasgos puros de los indios y no se han mezclado con otras razas. Un parte de la población  habla un francés criollo de la época de la dominación francesa.

 Las fantásticas bananas grandes, como en Canarias, las exquisitas papayas, la fruta del pan, etc. componen la comida más típica de la isla. También he comido buena carne y buen pollo guisado al estilo criollo. La isla, que solo tiene 70.000 habitantes y su capital Roseau 15.000, constituye un estado independiente perteneciente a la Commonwealth desde los años 60. Visité en un detenido recorrido en  4x4 los cráteres, convertidos en lagos situados en las cotas mas altas. Uno de ellos con el agua hirviendo. He visto preciosas cascadas, valles y montañas. Se ven colibríes por to­das partes y son tan pequeños que uno los confunde con moscones.

 VARIOS Y ANÉCDOTAS

 Los aviones de AIR FRANCE que tomé en este viaje y que fueron unos 6, estaban muy sucios, como estaba el aeropuerto de Orly, el de Point a-Pitre, Cayenne, etc. De poco les vale a los franceses mejorar su nivel de vida, si son incapaces de mejorar su limpieza. Jamás había visto "roña" y oxido en aviones nuevos como en los de AIR FRANCE. Igual ocu­rrió con el hotel que me ofreció la compañía en Paris. (Hotel IBIS).

 Curiosa oferta de una negrita en un mercado de frutas en Guada­lupe. Encantadora cena en un restaurante en Roseau, Dominica. Tanto en Guadalupe como en Dominica se observan bastantes rastafaris.

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