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Yibuti

 Febrero de 2000

 Llego a Yibuti, procedente de Yemen, al amanecer de un día en el que el famoso HARMATAN, el viento del desierto, cubre de polvo todo el ambiente, como si de una neblina se tratara. Me recuerda Mauritania, Gambia, Senegal, etc., incluyendo el CHAD donde he estado hace sólo un par de semanas.
 
 Sobrevolamos el estrecho de BAB AL-MANDAB entrando en el golfo de Adén y dejando el MAR ROJO a un lado.
  
 YIBUTI, GIUTI, D'JIBUTI, etc. es una diminuta república con una superficie de sólo 20.000 km2 (25 veces menor que España) en la que viven unas 600.000 personas. Su capital, del mismo nombre, tiene unos 200.000 habitantes y no tiene mucho interés, se mire por donde se mire. La moneda es el franco de Yibuti y vale, más o menos, 1 Pts (0.01€). El clima es caluroso, pero seco.

 Fue una colonia francesa, con el nombre de Costa de Somalia hasta el año 1967, fecha en la que les otorgan la independencia. La población está formada principalmente por dos etnias: AFAR e ISSA, las cuales estuvieron en guerra civil a finales de los años 80. Ahora la situación parece calmada, pero hace sólo unas semanas hubo un conato de rebelión y el gobierno actual tuvo que nombrar unos ministros de la etnia AFAR para calmar los ánimos.
 
 El sistema judicial se basa en el derecho francés, la ley coránica y el derecho consuetudinario. La pena de muerte está en vigor. 
 
 El 40 % de la población es AFAR, el 50 % ISSA, el 6 % árabes y el 4 % europeos. Las lenguas oficiales son el árabe y el francés y sus religiones son: 95 % musulmán sunita y el 5 % cristianos. Los ISSA, de origen somalí, están en el sur y en la capital. Los AFAR, de origen etíope, se concentran en la región norte, al lado de la frontera con Eritrea.
 
 Son muy pobres: 800 US$ de renta per cápita; tienen un 40% de paro y un 55% de analfabetismo. Su esperanza de vida es de 50 años. Una buena parte de los ingresos del país provienen del alquiler de una  base a los franceses, de la utilización de su puerto por Etiopia, que no tiene salida al mar, de las limosnas de las Naciones Unidas, de los países árabes y de las ayudas de las ONG al tercer mundo., etc.
 
 Los AFAR, a quienes tuve que soportar durante mi estancia en Etiopia, son violentos y basta con hacerles una fotografía a ellos o a uno de sus camellos para que te tiren piedras al coche y te rompan un cristal. Hay muchas zonas del país en la que ellos son la etnia dominante y es mejor no visitarlas pues puedes perder la vida. Concretamente las áreas que ellos emplean para el pastoreo de sus camellos y que son  las zonas montañosas del norte del país

 En Yibuti todo debe ser importado, pues no tienen nada, y debido a ello todo es caro, muy caro: una cerveza vale 1.000 Pts (6€); un cuchitril donde dormir cuesta 15.000 Pts (90,15€); un desayuno 1.500 Pts (9,02€) y así todo.
 
 Algunas zonas del golfo de Adén tienen aguas verdes y son fantásticas para bucear pero las aguas del puerto de Yibuti están guarras y sucias aunque llenas de pelícanos, flamingos, sandpipers, etc. 
 
 El centro de la ciudad tiene algunos edificios de la época colonial, pero en estado decadente: poca pintura y ninguna restauración. Los vehículos que se ven son viejos y las calles están guarras y malolientes. Curiosamente la gente de la ciudad va bastante bien aseada. El pan es como el francés y hay algún que otro pequeño restaurante con “cocina francesa” para la gente de la base militar y sus familiares.
 
 Estuve un par de días recorriendo la parte menos peligrosa del país con un coche y chofer. Visité el lago ASSAL, a unos 150 k. de la capital, situado a 150 metros bajo el nivel del mar, que contiene tal cantidad de sal que se exporta a otros países. También anduve por zonas de mar y montaña. Vi camellos, gacelas, monos, etc., pero el paisaje es seco, árido, polvoriento, oscuro, etc. y no vale nada pues apenas crecen matorrales y diminutas acacias espinosas. Feo, muy feo. Las playas también son feas y las montañas negras y peladas. Hay zonas muy volcánicas pero poco atractivas.

 La carne de camello joven es aceptable para comer. Tienen buen pescado del mar Rojo: dorada, mero, barracuda, etc.
Me encontré, en un bar, con un marino australiano que estaba llevando un yate desde Australia a Inglaterra, me invitó a su barco a tomar una cerveza. Era un precioso yate de dos palos, moderno y muy bien equipado. Hablamos sobre las islas Cocos, en Australia, y me animó a visitarlas. Allí, me dijo, había pasado un invierno y conocido a una nativa. La casualidad hizo que, un par de semanas mas tarde, volviera a verle a él y a su barco, justamente, cuando yo estaba sentado a la orilla del Canal de Suez viendo pasar los barcos que pasaban del Mar Rojo al Mediterráneo. Nos saludamos.
 
 Creo que no volveré a este horrible Yibuti.