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Sudán (el)

Febrero de 2001

 El Sudán, el país más grande de África y 5 veces mayor que España, lleva varias décadas en guerra. Tras su independencia de Egipto e Inglaterra, en 1.956, nada le ha sonreído: la guerra de secesión en el Sur del país, confronta a los árabes y musulmanes del Norte y Centro con los sudaneses y cristianos del Sur. Esta guerra no parece acabarse nunca. EE.UU. apoyó y sigue apoyando al Sur y el país es objeto de un embargo americano. No sirve la tarjeta de American Express ni los cheques de viaje.

 Situado en el trópico de Cáncer y con una población de 30 millones de habitantes, tiene su capital en JARTUM, ciudad que sobrepasa el millón y en donde confluyen el Nilo blanco con el Nilo azul. Después el Nilo sigue hasta Alejandría. Un dólar USA equivale a 257 dinares sudaneses. Debido a la inflación las monedas escasean por su poco uso y valor. Tiene climas muy diferentes pues mientras en el Norte está el  enorme desierto de NUBlA, en el Sur todo es verde y con densa vegetación. Hay algo que sin duda une al Norte y al Sur: el Nilo, el río más largo del mundo.

 El régimen de gobierno es islámico y bastante socialista y fundamentalista. Son muy amigos de China, país que ha invertido mucho en sectores como: petróleo, obras públicas, etc. La esperanza de vida es de 54 años para el hombre y 56 para la mujer. La renta per cápita es de 350 US$. El 50 % de la población es árabe y los Dinka, Nubios, Beja, etc. con un 10% cada uno componen el resto. De religión el 75% son musulmanes tradicionalistas o fundamentalistas, el 10 % cristianos y el 15% animistas. Su analfabetismo ronda el 50%.

 Cultivan algodón (del que son un gran productor), sorgo, mijo, maíz, pomelos, dátiles, bananas, caña de azúcar, etc. También es uno de los mayores productores de Goma arábiga que  obtienen de una acacia llamada HASHAB. Entre los recursos mineros tiene: oro, petróleo, cromo y gas natural.

 Llegué en un vuelo de Lufthansa desde El Cairo, en el que íbamos 30 pasajeros, 2 de ellos blancos. El otro era un francés quien me puso al corriente de las posibilidades de hotel. En el aeropuerto, la Policía y la gente fueron muy amables, a pesar de la situación de guerra que atravesaban. Encontré la capital Jartum mucho mejor de lo que esperaba.

 Afortunadamente hallé un chofer con un 4X4 que me llevaría por unos días al Norte del país para visitar una serie de restos arqueológicos, el desierto, etc. Hicimos unos 2.000 Km, llenándonos de polvo y pasando unos calores terribles. Al ir descendiendo, Nilo abajo hacia Egipto, el calor aumentaba. Por supuesto tuve que perder mi primer día en JARTUM para conseguir, con ayuda de mi chofer, los permisos correspondientes: para viajar por el país, para cada una de las ruinas a visitar, para hacer fotografías y el registro oficial en la estación de Policía más cercana. Finalmente con los permisos en regla salimos a las 6 de la mañana del día siguiente. Mi chofer llamado Ramadán con su Toyota Land Cruiser ya había realizado varios viajes con arqueólogos y con visitantes alemanes a la zona. Estuve siempre muy tranquilo pues él conocía bien el desierto. Siempre íbamos siguiendo las roderas dejadas sobre la arena por otros vehículos y nunca nos perdimos. Nos dábamos una buena paliza cada día pues no  siempre el desierto es llano. Me acordaba cuando, con mi hijo, atravesé el desierto del Gobi siguiendo las roderas ya que, al igual que aquí, no había ni caminos, ni pistas ni nada.

 Los controles de Policía abundaban, pero siempre se portaban bien al igual que la gente del país que es muy agradable y hospitalaria, aún entre ellos mismos. Aquí todo se regatea: el precio del hotel, el de las postales, los sellos, el taxi, etc. Es un “deporte” que les encanta, como árabes que son. Sudán me recuerda Egipto en los años 60 y 70. No existe ni una gota de alcohol en el país, la ley lo prohíbe. Me cansé de beber Coca-Cola, entre otras cosas raras.

 La fruta es muy buena: el pomelo es dulce y sabroso así como la sandía. El HARMATTAN no se notaba mucho. El día que pasé en la capital conocí a un italiano que trabajaba para la agencia de viajes italiana KEL 12. También entré en contacto con gente que trabajaba en organizaciones de la ONU para el tercer mundo que llevaban su limusina y se alojaban en buenos hoteles; hay que ver cómo se gasta el dinero que se supone debería ir a parar a la gente que se muere de hambre.

 En las excavaciones arqueológicas de DAGA encontré unos alemanes encargados de todo: las financiaban de su propio bolsillo. Uno de ellos, de cierta edad, me dijo:” me gustaría morir aquí”. También encontré un todo terreno matrícula de Barcelona. Se detuvieron y comieron con nosotros la comida que llevábamos. Ni dieron propina al chofer ni nos ofrecieron nada de lo suyo. El era argentino y creo que la iba chuleando a ella. Habían perdido la tapa del filtro del aire y destrozado el motor. Les costó la reparación 3.000 US$ y un mes de espera.

 Entre las cosas curiosas recuerdo: cuando la gente se encuentra, aun sin conocerse, se preguntan mutuamente: “¿Tu familia bien?, ¿Tu salud bien?, ¿Tu trabajo bien?, etc.”; después puede que solo se pregunten:” ¿Qué hora es?”. Me recuerda el SAHEL. Al entrar por los poblados venía siempre el jefe de las tribus o del poblado a preguntar o a ofrecerse. Pasábamos horas sin pasar por un poblado. A veces hacíamos más de 500 km. y no veíamos más que algún camello o alguna cabra perdida.

 Quizás las ruinas más importantes que visité fueron las de MEROE, capital del antiguo imperio o reino de KUSH (800 años a.C. - 350 d.C.) Hay baños, casas.- etc. así como muchas pirámides funerarias reales.

 También bebíamos KARKADÉS que es una especie de infusión que se hace con la flor roja de un arbusto. Se puede tomar caliente o fría. Es muy rica, de color rojo y tiene un cierto sabor a arándanos.

 Los controles policiales eran muy frecuentes y recuerdo, un amanecer, a tres soldados con su sucio uniforme lavarse la boca con cepillo y pasta de dientes. Me costó trabajo creerlo pero, a continuación, se enjuagaron la boca con líquido de una acequia que  seguramente tenía agua de alguna cloaca. Así son las cosas por aquí.

 Por las noches podíamos elegir entre: dormir en una pequeña tiendecita de campaña con un saco de dormir o dentro del coche abatiendo los asientos posteriores. RAMADÁN acababa de poner cubiertas nuevas a su vehículo y sufría cuando entrábamos en terreno pedregoso, ya que el desierto de arena estaba salpicado por algunas colinas de piedras. Salvo algún aguilucho, los únicos pájaros que he visto han sido los tejedores, que anidaban en los matorrales.

 Visité algunos de los pozos de agua que encontramos en medio del desierto y que servían para el suministro a algunas tribus alejadas. El pozo lo construyen a mano y tienen que bajar a unos 80 metros de profundidad para encontrar el agua que viene estando al nivel del Nilo. Después la  sacan con una polea y una larga cuerda tirada por un camello cabalgado por un niño, que lógicamente no va a la escuela. Nos detuvimos en un pueblecito llamado BEN AROUS que quiere decir HIJA DE CASADO y me recordó un pueblo de Túnez con el mismo nombre. Algunas de las ruinas que visité no eran accesibles al público en general por lo que deduje que  el permiso que obtuve era “profesional”. Al mediodía, entre las 11 y  las 15 h, el calor en el desierto era sofocante.

 Al igual que en otros sitios de África, los hombres orinan en cuclillas  dando la espalda por discreción. Las mujeres orinan de pie, se corren la braga hacia un lado y lanzan lejos un potente chorro. Se dan, también, la vuelta por discreción.

 Durante estos meses secos, el Nilo y sus dos ramales no traen mucha agua, pero he visto la marca adonde llega durante las lluvias y resulta increíble el caudal tan inmenso que puede llevar. Lo he cruzado varias veces y he hecho cientos de km. en paralelo. El río une a Sudán, a pesar de la guerra con el Sur, de las religiones y de las etnias. Los árabes del Norte siempre han tenido sometidos a los cristianos del Sur. Ahora éstos, a pesar de su buena autonomía, son más fuertes y quieren la independencia. En las montañas del Sur hay tuaregs.

 El Nilo está presente en todas partes y todo gira alrededor de él. Pueblos, industrias, centrales hidroeléctricas, transporte, etc. No sólo es el río más largo del mundo es, también, el más mitológico. Sudán, palabra que quiere decir negro, sólo tiene árabes en la parte Norte, aunque muchos negros sean también musulmanes. Unas 500 tribus pueblan un país en el  se hablan 100 idiomas diferentes. Además del árabe, que no es muy fácil para ellos, hablan el dialecto CHAVIA que tiene mucho que ver con el árabe. El inglés, en teoría, es también su idioma oficial junto con el árabe.

 La inflación ha hecho que apenas se utilicen las monedas debido a su escaso valor. Tuve que dar muchas vueltas por sus pobres mercados para encontrarlas. Por cierto que éstos están llenos de charcos de agua sucias que salen de sus tuberías rotas. Las mujeres y algunos hombres no quieren ser  fotografiados.

 Entre la comida típica que recuerdo se encuentra: la carne de camello, que no está mal, los riquísimos borrachos en miel, los pomelos, las sandías, las guavas y sus respectivos zumos naturales, las tortas de pan, el calabacín a la plancha, etc. Los huevos tienen la yema tan blanca que las tortillas parecen hechas con claras. Por supuesto no tienen bacon, debido a sus creencias religiosas.

 Nubia, zona desértica al norte del país, formó parte del ejército faraónico. Hacia el año 800 a.C. se convirtió en reino independiente con capital en NAPATA y, posteriormente, en MEROE. El rey SHABAKO conquistó Egipto y fundó la XXV dinastía (715 - 656 a.C.) que recibió el nombre de "Etíope". En el siglo IV el reino meroítico sucumbió frente a ASKUM (al Norte de Etiopía). A principios del XIX los egipcios invadieron el Sudán y junto a los ingleses compartieron el poder hasta 1.956, año en el que consiguió su independencia. JARTUM fue fundada por los egipcios. El Norte del Sudán se dedicó, durante muchos años, a tomar prisioneros en la parte Sur y venderlos como esclavos. No es de extrañar que quieran ser independientes. Las lenguas sudanesas se han extendido por todos los confines de África. Creo que volveré al Sudán para visitar el Sur pues ahora es peligroso.

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