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Namibia

Agosto de 1997

 Algunos datos: Namibia es un país que dobla, en superficie, a España pero tiene, solamente, una población de 1,5 millones. Dicho de otra forma: equivale a una España poblada, solamente, con 750.000 habitantes. Aunque el idioma oficial sea el inglés, los idiomas que más se hablan son: el Ovambo, debido a que un 60% de la población son negros de es­ta tribu, el Afrikáans, idioma hablado por los surafricanos que han dominado este país durante muchos años, el Alemán, también por los años de dominio alemán y, finalmente, el Inglés para que se entiendan a­quellos que no coinciden en ninguno de los dos de los idiomas anteriores.

 Un 60% de la población son Ovambos, un 10% Kavangos, y, otro 10% son Hereros y Damaras; todos ellos bantúes. Después vienen los blancos, los de color, etc. Como recursos económicos tienen: ganado vacuno, cereales, algunos minerales en pequeñas cantidades, muy poco oro y algunos diamantes cuya explotación comparten con Sudáfrica, país técnicamente muchísimo mas avanzado;  pesca abundante y un turismo que ha empezado hace poco pero que promete ser importante, pues ya en este momento es un factor muy considerable en su humilde  de economía.

 La energía eléctrica la consigue de un salto hidráulico que arranca en una presa situada en Angola; además disponen de una central térmica alimentada por un carbón, que los surafricanos se encargan de venderles. Su renta per cápita ronda los 2.000 US$, mientras que, España alcanza los 14.000. Los alemanes lo colonizaron desde mediados del s. XIX hasta la primera guerra mundial. A continuación los surafricanos los expulsaron y continuaron hasta 1.990, año en el SWAPO  logra la tan merecida independencia.

 En cualquier caso poco puede desarrollarse este país sin la ayuda de Sudáfrica, ya que de ella proviene el 75% de las importaciones y, también, la tecnología.

 El viaje: Volar con Lufthansa y con alemanes siempre es agradable: puntualidad, orden y aseos limpísimos todo el viaje…lo que no se puede decir de otras compañías y de otras gentes. Llegué a WINDHOEK, la capital, entrada la noche, en el momento en que estaba ca­yendo una helada tremenda: había pasado de 35 grados en España a cero grados en estas tierras. Afortunadamente encontré un hotelito familiar, regentado por un matrimonio sudafricano, en el que las camas disponían de mantas eléctricas. ¡Increíble en África! Así que pasé la noche calentito. Después del desayuno ya teníamos más de 30 grados y me asaba de calor. Es una pequeña ciudad de unos 100.000 ­habitantes, sin sabor africano alguno, pero limpia y ordenada, en la que los blancos dirigen todos los negocios y ocupan los puestos de responsabilidad.

 Dejo la capital y me dirijo hacia el oeste. La zona de SWAKOMUNT y WALVIS BAY. Visito el CABO CROS, una de las mayores reservas del mundo de lobos marinos, en ocasiones llegan a 120.000, lugar en el que al haber mucho plancton hay, por tanto, muchos peces, comida ideal para ellos. Recorrí unos 200 Km. de costa en la que hay grandes caladeros en los que faenan portugueses, españoles, etc. La corriente de Benguela trae grandes cantidades de plancton. WALVIS BAY es el puerto donde recalan los barcos de pesca. La niebla, que cubre habitualmente esta zona de costa en  invierno, me impidió ver el vuelo de los pelícanos y los flamencos. Curiosamente la pesca aporta al país más riqueza que los diamantes y demás minerales. Lo mismo ocurre con la ganadería pues, aunque se trata de un país extremadamente seco, al ser tan grande se permite alimentar una vaca con 10 ó 15 Ha, mientras   que en España con 1/2Ha. sería suficiente. Cualquier finca, por pequeña que sea, tiene una superficie similar a un término municipal en España Estos pueblos de SWAKOMUNT y WALVIS BAY fueron construidos por los alemanes y siguen el estilo de la arquitectura germana. Igualmente construyeron un ferrocarril atravesando el desierto hasta llegar a la capital WINDHOEK. ¡Que mérito, la friolera de 400 Km. en el siglo pasado! El primero en descubrir estas tierras fue un navegante portugués, Bartolomé Diez, 5 años antes de que Colon descubriera América. Me imagino que al desembarcar y ver tanto desierto debió de decir:” ni aunque me  lo regalen…”.

 Por un par de días, estuve recorriendo los puntos de mayor interés de la parte norte del enorme Parque Nacional de NAUKLUFT, de 50 mil Km2 (algo así como Cataluña).Forma parte del inmenso e interminable desierto de Namibia (1.800x200 Km.) ; aquí contemplé maravillosas y delicadas dunas de fina arena que se desplazaban con los vientos dominantes de  E y O,  según la época del año y que se extendían a lo lar­go de 250 Km. ; pasé por desiertos de roca, de arena, zonas de paisajes lunares, etc.; de vez en cuando crucé ríos secos o pasé por zonas con diminutos matorrales viendo extrañas plantas como la WELVISTCHIA, especie de árbol  enano de dos palmos de altura, sin ramas, pero con dos hojas(un autentico horror) y qué existen desde hace mas de mil años.

 Hay, también, enormes zonas de desierto con diminutos líquenes que apenas se ven y llevan unos 150 años desarrollándose. No se puede  caminar sobre esta parte del desierto pues se cree que sobre es­tos líquenes acabará creciendo alguna vegetación.

 Desde esta zona de la costa me traslado, y en una diminuta avioneta, hasta el Parque Nacional de ETOSHA. Volamos sobre el enorme desierto de Namibia y a lo largo de unos 600 Km. lo que nos supuso algo más de 2 horas de vuelo. Hacerlo a baja altura resulta un verdadero placer al poder contemplar el desierto de roca y de arena con distintas tonalidades. En ocasiones hay zonas con pequeños arbustos, en otros líquenes,

mas adelante aparece una suave pradera seca, especie de sabana y, finalmente, empiezan a aparecer, tímidamente, algunas acacias aisladas, las que poco a poco comienzan a abundar cuando ya nos acercamos al Parque Nacional de ETOSHA. Me alojo en el lodge MOKUTI, situado a la entrada E del parque; es agradable y se come buena carne  braseada de antílope. De él partía cada mañana para recorrer el parque durante 8 horas. Tiene una superficie de 22.000 Km2 lo que equivale a Galicia. Dentro de  la vegetación, en esta época del año, pueden verse: terrenos pedregosos sin vegetación; suelos terrosos secos y cuarteados, en los que apenas crece nada; praderas enormes de hierba seca de color amarillento; zonas de bosque bajo con arbustos, ambos de poco desarrollo; áreas de arbola­do más denso con hierba amarillenta y seca. El aspecto de la vegetación es algo deprimente. Abundan las acacias de distintas especies, los tarajes y, no se cuantos otros cuyos nombres desconozco. Una buena parte de la vegetación ha ido aclimatándose a las a­guas salobres del subsuelo. Hace 5 meses que no llueve. No obstante la baja concentración o densidad de animales que tie­ne el parque, he podido ver muchos de ellos pues hay unas charcas, bastantes saladas, a la que los animales se ven obligados a acudir para beber dado que, al no llover, no pueden tomar el agua de otras partes. Por  contra, durante la época de lluvias de diciembre a marzo, ape­nas pueden verse animales por estar desperdigados por todo el parque. Independiente de la cantidad de lluvia, las aguas del lago que hay en medio del parque están muy bajas y salobres. Los animales lo pasan mal. Al parecer hay: 1.500 elefantes, 300 rinocerontes, 2.000 jirafas, unas 6.000 cebras, 1.500 avestruces, 300 leones, etc. También dicen tener unos 300 tipos de aves, siendo las más características: pico zapato,  avutarda negra, piquirroja y flamencos.

 Entre los animales que recuerdo haber visto están los siguientes

ORIX, ORIX (MANCHADO SOLO EN LA CARA),SPRINGBUCK,  SPRINGBUCK ( DE CARA NEGRA),  ELEFANTES, ARDILLAS, CEBRAS, LEONES, DIK-DIK, ÑUS,  ÑUS NEGROS, KUDUS,  MONOS BABOON,  ZORRA OREJAS MURCIELAGO, MANGOSTA,  IMPALA,  FACOCEROS,  CHACALES, JIRAFAS,  RINOCERONTES NEGROS, ARDILLAS,  RED HARTEBEEST(ANTIL: CUERNOS ROSCA), PAPAGALLOS,  RACKET TAILED ROLLER, LILA BREASTED ROLLER,  AGUILA MARCIAL , TEJEDORES(TODOS LOS DEL MUNDO), BUITRES, AVUTARDA (KORI BUSTARD).

 Debido a la enorme sequedad de los árboles, los elefantes se ven obligados a comer ramas completamente secas y que, en ocasiones, se trata de ramas de árboles muertos; ello trae consigo que vayan desgastando sus dientes rápidamente y que al final acaben mu­riendo por no poder masticar. La esperanza de vida, en esta zona, para estos animales no sobrepasa los 60 años.

 Desde aquí, alquilo un coche y conduzco unos 800 Km. hacia el sur, adentrándome en el desierto del KALAHARI por donde paso unos días. Recorro zonas de dunas y tierras rojas. Se ven avutardas, zorros de orejas de murciélago, ardillas, orix y otros antílo­pes, algunas jirafas, la lila breasted roller, millones de tejedores con gigantescos nidos, etc. El KALAHARI no tiene muchos animales pero tiene una gran belleza y especial encanto. Las puestas de sol dan más belleza a las dunas rojas. Hay pocos arbustos pero muchas acacias de diversas especies cuyas raíces penetran en la tierra 15 ó 20 metros buscando el agua. Por aquí pueden pasan años sin llover, pero los orix y demás animales del desierto se las arreglan para sobrevivir. Paso un par de noches en unas cabañas y sigo comiendo antílope a todas horas, regado con un vino sudafricano "fleur du cap" que ya   tomaba cuando estuve en Suráfrica en 1.980. Por las noches hace un frío terrible. El coche patina en las pistas de arena roja del desierto y hay que empujar para atrás y volver a intentarlo. Hay que tomar velocidad e intentarlo de nuevo; justo lo contrario de lo que se hace cuando se trata de barro. Tomo fotografías de las puestas y salidas del sol desde las dunas y entre las acacias, lo que es todo un espectáculo.

 Un pequeño bosquimano, con el que solo podía intercambiar gestos, me guió durante un día entero a visitar las cabañas de su tri­bu. Lo único que pronunció fue su nombre. Por el camino, que nos llevó 2 horas a pié, tuvimos que subir y bajar no se cuantas dunas rojas. Esta zona del KALAHARI está formada por larguísimas  líneas de dunas estacionarias rojas, como formando líneas de olas. La altura de esas olas, dunas, vienen siendo de unos 15 m, y entre ola y ola, duna y duna, hay un valle, poblado de árboles, de unos 300 m, de ancho. Así que subimos y bajamos una veintena de ellos y, finalmente,    apareció una pequeña tribu con  sus correspondientes cabañas de paja, y ramas. Por el camino, mi "amigo", me mostraba las huellas de las jirafas, de los kudús, de los pájaros, de las ser­pientes, o  me decía  que   los enormes nidos de   los tejedores  se caían con el aire o que los escorpiones salían de noche. También me mostraba las cuevas de las ardillas o los huevos de las avestruces. Nos cruzamos con algunos animales y pájaros como kudús, avestruces, etc.

 Por otra parte mi colega bosquimano me dio a entender que ellos no tenían años, que no los contaban. Tenía 3 hijos. Al regreso, el sol se ponía y la luna estaba casi redonda. Mi guía me enseñada, con gestos muy simpáticos, que solo era luna llena cuando coincidía la salida de la luna con la puesta del sol… ¡cuanta gen­te culta de nuestro entorno no sabe esto! Sin embargo mi amigo  no sabía nada de dinero ni de números. Así es la vida, se puede ir por ella sin saber leer, escribir, contar y ni siquiera saber los años que tienes. Cuando hubo caído el sol detrás de las dunas mi colega me dejó, después de un saludo muy efusivo. Yo seguí caminando por ese encantador desierto durante casi una hora pudiendo ver, suficien­temente, con la luz del crepúsculo. Por el camino venía pensando que para haber sido el día de mi cumpleaños (18 de agosto) el día había sido maravilloso y que estaba en buena forma para los "tacos" que tenía.

 El poblado de los bosquimanos estaba repleto de niños que eran la alegría de la tribu. Lo primero que hicieron fue pedirme algo, pero nunca dinero: un peine, unas hojas, un bolígrafo y unos chicles... fue todo cuanto pude darles. Las mujeres se encargaban de las cabañas y la comida; preparaban huevos de avestruz, llenándolos de agua, que los hombres portaban, a modo de cantimplora  cuando salían de caza. Ellos llevan ar­cos, machetes, lanzas y trampas. Todos están secos, pequeños y chupados. Parecían felices. Me vi obligado a comer un trozo de avestruz cazada por un pariente de mi guía por medio de una trampa con la que  enganchan una pata al animal. La carne estaba sabrosa pero las especias eran muy fuertes. También tenían carne de antílope, que es otro animal que cazan con trampas. Parecían muy envejecidos. Emplean medicinas, a base de hierbas, distintas para cada dolencia. Tenían unos plumeritos hechos de pluma de avestruz para vender a algún visitante como yo y, para quedar bien, les compré uno. Esta gente vive como hace miles de años. Muchos de ellos han tratado de unirse o adaptarse al resto del país, pero las demás tribus los marginan y se ríen de ellos por retrasados; total que al final acaban con pro­blemas de alcoholismo o regresan a sus aldeas. ¡Pobre gente! En esta parte de África hay unos 60.000 bosquimanos. He leído que su lenguaje, que puede escribirse, (obra de un misionero)  es muy reduci­do e inculto.

 Dejé esta zona del desierto del KALAHARI y me pegué una buena paliza de Km. (unos 400) por polvorientas pistas de arena para llegar a las inmediaciones de las espectaculares dunas de SESRIEM y SOSSUSVLEI. Por la tarde el cielo se cubrió y una espantosa tormenta de desierto me llenó de arena por todas partes. Pasé la noche en una tienda de campaña sucia y polvorienta que daba asco. A las 5 de la mañana en pié para partir hacia las dunas que están dentro del desierto de Namibia y, mas concretamente, en el parque nacional de NAUKLUFT, en cuya parte norte había estado hacía unos días. Mi interés estaba en llegar al amanecer para ver la salida sobre las dunas pero, lamentablemente, el cielo estaba encapotado y no fue así. Mas tarde las nubes se fueron y quedó una mañana preciosa. Estas dunas, que se extienden a lo largo de más de 250 km., son una obra de arte de la naturaleza. Sus dulces formas, sus dimensiones y tonalidades  cambiantes forman un conjunto bellísimo y encantador. Algunas de ellas son autenticas montañas de hasta 400 m, de altura. Recorrí o subí a algunas de ellas y desde arriba pude observar la espectacular vista que ofrecía el conjunto.

 Continué mi viaje por las pistas de polvo habituales. Pase un altísimo puerto de montaña llegando a un altiplano a 1200 m, de altura. La verdad es que en mis elementales mapas de carreteras no figuraba este puerto de muy difícil conducción, arriesgado y con grandes pendientes. Llegué al anochecer, cansado y derrotado. Afortunadamente encontré una pequeña granja perdida en medio de una carretera en la que podían pasar horas sin que pasase un coche. Esto es algo habitual cuando conduces por Namibia: pasan horas y no cruzas un coche, lo que te crea un cierto desasosiego al pensar que puedes tener una avería o cualquier otro problema. Decidí pedir alojamiento en la granja y me encontré con que los dueños, un matrimonio mayor, blancos, de origen sudafricano, resultaron ser una gente encantadora. Me dieron una cena con velas, vino blanco afrutado de Sudáfrica muy bueno y una charla de sobremesa muy agradable. Su granja, me contaban, tenía la friolera de 15.000 Has. (15.000 veces mayor que un campo de fútbol).Tenían trabajando 8 hombres y 4 mujeres cuidando 600 cabezas de ganado vacuno para engorde.

 A las 6 en pié y tras un suculento desayuno, con huevos y buen café, nuevamente a la carretera, si es que puede llamarse así al polvoriento camino que tenía por delante. Los paisajes que se ven por aquí son, en ocasiones lunares, en otras es solo desierto o bien aparecen zonas de montes pelados que surgen en el desierto. En ocasiones, también, todo ello tiene el tono rojo de las tierras o el amarillo de la débil y seca pradera. En cualquier caso no cabe duda de que es diferente a otros países y desiertos que he recorrido. Finalmente llego a WINDHOEK donde finalizaría mi viaje.

 En WINDHOEK visito un pequeño fuerte construido por los alemanes durante su colonización, que ahora han convertido en el museo de la Revolución tras conseguir su independencia en 1.990. Compro unas piedras semipreciosas al peso, y recorro un poco esta ciudad sin apenas interés. Hay muchísimo paro y se observa mucha gente ociosa por las calles. Un chico negro arranca a un turista u­na cadena de oro que llevaba al cuello. Salí tras él pero se metió en una casa llena de negros donde se escondió. Salvo este pequeño incidente el viaje ha resultado estupendo y sin ningún tipo de problemas.

 

Comentarios

  Los blancos que habitan en Namibia provienen, en su mayor parte, de Sudáfrica: son altos, fornidos y guapetones, al igual que ellas que son muy atractivas. Su raza tiene origen holandés, primeros colonizadores de Sudáfrica. Son trabajadores, eficientes y dinámicos como los alemanes que vinieron después y puntuales como los ingleses de los que también llevan algo de sangre pues, en su día, los ingleses emigraban a estas tierras. Son, por supuesto, una raza no  mezclada con otras que no fueran anglosajonas. Dirigen todos los negocios del país y hablan varios idiomas, incluido el Ovambo que hablan los negros. Son todos tremendos ecologistas y aman la tierra y el país como lo hacen los payeses con esa fuerza que da el haber sido los que la han desarrollado, descubierto, colonizado, etc. Son igual que los duros emigrantes, de origen inglés, que poblaron Australia o Nueva Zelanda. Duros como una roca.

 Por el contrario, y ahora voy a parecer racista, los negros son indolentes, sin interés por mejorar, vagos a no poder más y para colmo no pagan ningún tipo de impuesto directo. Ellas, las negras, son más responsables y llevan la familia, pues ellos no son más que niños grandes sin sentido alguno de la responsabilidad. Por un ejecutivo negro puedes ver 10 ejecutivas negras.

 Por lo que respecta a la comida he de reconocer que preparan buen pescado y buenas carnes a la brasa que es su forma, casi habitual, de cocinar.         

 Los pueblecitos y aldeas están muy limpios y, hay que decir, que en esto los negros han aprendido bien de los blancos del país. La educación de los negros, en cuanto a modales y comportamiento es muy buena, con relación a otros países africanos. Me recordó la educación de los negros de Uganda, también influenciados por los ingleses.

 La policía de tráfico es civil. Ni van uniformados ni llevan armas. Los negros respetan y cumplen fielmente la ley.

 Se ven algunos angoleños inmigrantes. Ellas tienen un aire brasileño. Las negras del país no son nada atractivas y tienen unos traseros enormes y apuntando para arriba como las nativas negras de otras zonas africanas o caribeñas.

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